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La misión
de las manos
por Mamerto Menapace,
publicado en La sal de la tierra, Editorial
Patria Grande.
Quien cultiva
su tierra,
se hartará de pan;
quien persigue sombras,
es un imbécil |
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(Proverbios
12, 11)
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No tenemos en
nuestras manos las soluciones para los problemas
del mundo. Pero frente a los problemas del
mundo, tenemos nuestras manos. Cuando el
Dios de la historia venga, nos mirará
las manos.
El hombre de
la tierra no tiene el poder de suscitar
la primavera. Pero tiene la oportunidad
de comprometer sus manos con la primavera.
Y así que la primavera lo encuentra
sembrando. Pero no sembrando la primavera;
sino sembrando la tierra para la primavera.
Porque cada semilla, cada vida que en el
tiempo de invierno se entrega a la tierra,
es un regalo que se hace a la primavera.
Es un comprometer las manos con la historia.
Sólo el
hombre en quien el invierno no ha asesinado
la esperanza, es un hombre con capacidad
de sembrar. El contacto con la tierra engendra
en el hombre la esperanza. Porque la tierra
es fundamentalmente el ser que espera. Es
profundamente intuitiva en su espera de
la primavera, porque en ella anida la experiencia
de los ciclos de la historia que ha ido
haciendo avanzar la vida en sucesivas primaveras
parciales.
El sembrador
sabe que ese puñado de trigo ha avanzado
hasta sus mansos de primavera en primavera,
de generación en generación,
superando los yuyales, dejándolos
atrás. Una cadena ininterrumpida
de manos comprometidas ha hecho llegar hasta
sus manos comprometidas, esa vida que ha
de ser pan.
En este momento
de salida del invierno latinoamericano es
fundamental el compromiso de siembra. Lo
que ahora se siembra, se hunde, se entrega,
eso será lo que verdeará en
la primavera que viene. Si comprometemos
nuestras manos con el odio, el miedo, la
violencia vengadora, el incendio de los
pajonales, el pueblo nuevo sólo tendrá
cenizas para alimentarse. Será una
primavera de tierras arrasadas donde sólo
sobrevivirán los yuyos más
fuertes o las semillas invasoras de afueras.
Tenemos que comprometer
nuestras manos en la siembras. Que la madrugada
nos encuentre sembrando. Crear pequeños
tablones sembrados con cariño, con
verdad, con desinterés, jugándonos
limpiamente por la luz en la penumbra del
amanecer. Trabajo simple que nadie verá
y que no será noticia. Porque la
única noticia auténtica de
la siembra la da sólo la tierra y
su historia, y se llama cosecha. En las
mesas se llama pan.
Si en cada tablón
de nuestro pueblo cuatro hombres o mujeres
se comprometen en esa siembra humilde, para
cuando amanezca tendremos pan para todos.
Porque nuestra tierra es fértil.
Tendremos pan y pan para regalar a todos
los hombres del mundo que quieran habitar
en nuestro suelo.
Si amamos nuestra
tierra, que la mañana nos pille sembrando.
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Guía
de Trabajo Pastoral por
Marcelo A. Murúa
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Cuento
La
misión de las manos,
de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal
de la tierra, Editorial Patria
Grande.
Lectura
Realizar
la lectura del cuento en grupo.
Es importante que todos los
presentes tengan una copia del
texto. Se pueden ir turnando
dos o tres personas para leer
el cuento en voz alta.
Rumiando el relato
Al
terminar la lectura entre todo
el grupo se reconstruye el relato
en forma oral (se lo vuelve
a contar).
- El
cuento trabaja con la imagen
de la siembra. Recordar los
pasos necesarios para hacer
una buena siembra. Comentarlos
en el grupo. ¿Para qué
es necesario cada paso? ¿Qué
sucede si nos apuramos?
- ¿Qué
actitudes exige el ser sembrador?
- Si
hablamos de esperanza, como
lo hace el cuento, ¿qué
significan las semillas? ¿las
manos del sembrador? ¿el
tiempo de siembra? Relacionar
con la situación de
nuestra comunidad, del país,
de nuestra sociedad.
- Elegir
una frase del texto (releerlo
rápido para ubicarla)
que más le haya llegado/impactado
a cada uno y compartirla en
voz alta.
Descubriendo el mensaje
El
cuento invita a recrear la esperanza
en forma activa. Depende del
trabajo de cada uno que nuestras
utopías se vayan realizando.
¿Cuáles
son las semillas de esperanza
que hay latentes en nuestros
pueblos?
¿Cómo
están tus manos de sembrador?
¿Dedicas tiempo y esfuerzo
a trabajar por estas semillas?
¿O sólo palabras?
¿Qué
puedes ofrecer al Señor
como trabajo concreto por el
Reino en este tiempo de Cuaresma?
Si
el Señor te sorprendiera
hoy día, ¿qué
semillas podrías mostrarle
de tu siembra? ¿y tus manos,
que le contarían que
están trabajando?
¿Qué
aprendes del cuento para tu
vida? ¿Cómo puedes
aplicar el mensaje del cuento?
Compromiso para la vida
Sintetizar
en una frase el mensaje que
has descubierto en el cuento
para tu vida. Compartirlo con
los demás.
Para
terminar: la oración
en común
Leer
entre todos la oración
y luego poner en común
las intenciones de cada uno.
Terminar
con una canción.
Trabajar
la esperanza
La
esperanza
es
como una semilla
en
tus manos.
De
tí depende
que
de frutos algún
día.
Tus
manos son capaces
de
abrir surcos entre
rocas,
de
abonar tierras,
de
sembrar con sudor,
de
regar con ahínco,
de
desmalezar con cuidado
y
de esperar con cariño.
Mira
tus manos
y
ponlas a trabajar,
tus
semillas esperan
y
el Reino se siembra
hoy,
en
tu entrega.
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Que así sea
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