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Cuajada y fermento
por Mamerto Menapace,
publicado en Cuentos Rodados, Editorial
Patria Grande.
En el campo se
trabaja con la vida. Quizá sea el
aspecto más característico
de los trabajos rurales. Aquí hay
que respetar ciclos y hay que acompañar
procesos. La vida es así. Nadie puede
sembrar trigo en Navidad y cosecharlo en
Pascua. Por más tierra que mueva,
si no respeta las leyes de la vida, lo único
que consigue es perder tiempo. Cada cosecha
tiene su época, y está precedida
por la siembra, los laboreos y el crecimiento.
A la vida hay que acompañarla y alimentarla.
No se la puede ni inventar ni apresurar.
Esto sucede así,
hasta cuando se hace el queso. Algunos creen
que al queso se lo fabrica. Pero en realidad
nace y madura como cualquier realidad que
tiene vida.
No quiero hacer
alardes de conocimiento. Simplemente comparto
lo que yo mismo aprendí desde pequeño
y luego comprendí siendo ya mayor.
Esto es bueno que lo sepan todos aquellos
a los que les gusta el queso.
Dos grandes realidades
intervienen en su nacimiento: la cuajada
y el fermento. Lo primero, en realidad es
algo muy sencillo. Todo es cuestión
de tener un poco de verdadero cuajo. Una
pequeñísima cantidad se mezcla
con un gran volumen de leche, y en poco
tiempo se opera una crisis en la tina. Lo
sólido se condensa en la masa, y
el líquido se separa formando el
suero. Todo depende de la fuerza vital del
cuajo. Este verdaderamente es una fuerza
poderosa que actúa en forma inmediata,
y su función es muy precisa: obliga
a optar, separa discierne la realidad profunda
y a cada cosa le da su identidad.
Pero si todo
quedara ahí, y se pretendiera poner
el resultado en un molde, sólo se
conseguiría un queso insulso, o lo
que es peor, uno se expondría a que
el producto fermentara de manera imprevisible.
Se hace necesario el fermento.
Se trata de otra
realidad viva. Un pequeño volumen
de leche ha sido previamente esterilizado,
llevado a una temperatura óptima
aislándolo de las corrientes de aire
y de las moscas que pudiera haber en el
lugar. Se le ha dado todo el tiempo necesario
para que en él se desarrolle la vida
de ciertas bacterias bien definidas, generalmente
oriundas del lugar y que allí se
han sembrado con sumo cuidado, luego de
haber constatado su pureza. Con el fermento
se es muy exigente. En él no pueden
admitirse interferencias de torso fagos,
es decir de vida extraña o contraria.
Este volumen
de fermento es relativamente pequeño,
en comparación con el total de la
leche que se está cuajando. Pero
la intensidad de la vida que tiene, hace
que toda la masa adopte su proceso y reproduzca
sus notas fundamentales. Produce un efecto
similar al de la levadura en la masa del
pan. De él depende el gusto y la
identidad específica. Un queso es
de esta variedad, y no de otra, gracias
al fermento que lo ha hecho madurar. Y por
lo tanto su valor propio.
Muchas veces
he sentido discutir el problema de lo que
es prioritario en al evangelización
de la juventud. Algunos afirman que la evangelización
debería ser masiva, a fin de abarcar
la totalidad de los jóvenes mediante
el anuncio escueto de la buena noticia de
Cristo Nuestro Salvador, para que los jóvenes
opten. Otros afirman que se deben preparar
grupos de vida intensa, que introducidos
en la masa la vayan fermentando por su fuerza
propia.
Creo que las
dos realidades están muy lejos de
oponerse. Se exigen mutuamente. Un anuncio
masivo, que lleve a la opción, debe
ser cualificado por la acción de
grupos de una intensa vida espiritual y
comprometida. Estos grupos no se improvisan.
Necesitan ser preparados cuidadosamente
y con una dedicación atenta.
Cristo mismo
gastaba mucho tiempo con las multitudes,
a las que dedicaban a veces jornadas enteras.
Anunciaba la realidad del Reino, y la misericordia
del Padre. Pero luego en privado, preparaba
intensamente a su grupito de discípulos,
para que fueran fermento, sal y luz. Con
ellos era muy exigente.
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Guía
de Trabajo Pastoral por
Marcelo A. Murúa
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Cuento
Cuajada
y fermento, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro Cuentos
Rodados, Editorial Patria Grande.
Lectura
Realizar
la lectura del cuento en grupo.
Es importante que todos los
presentes tengan una copia del
texto. Se pueden ir turnando
dos o tres personas para leer
el cuento en voz alta.
Rumiando el relato
Al
terminar la lectura entre todo
el grupo se reconstruye el relato
en forma oral (se lo vuelve
a contar).
- ¿De
qué nos habla el relato?
- ¿Qué
características presentan
las labores del campo, según
el autor?
- ¿Cómo
se produce el queso? ¿Que
es la cuajada y qué
produce en la leche? ¿Qué
es el fermento y cuál
es su acción sobre
la leche que ha cuajado? Caracterizar
cada uno: cuajada y fermento.
- ¿Qué
enseñanza ofrece el
cuento?
Descubriendo
el mensaje
El
cuento nos ofrece una excelente
reflexión sobre dos opciones
pastorales que muchas veces
se presentan como excluyentes:
la pastoral de grandes masas
y la pastoral de grupos pequeños.
También es muy apropiado
para animar y estimular proceso
de formación con grupos,
que sientan la misión
de ser fermento en sus realidades.
¿Cómo
actúa la cuajada y cómo
el fermento?
Relacionar
esto con el proceso de predicación
de Jesús: ¿cómo
enseñaba a las multitudes'
¿cómo lo hacía
a sus discípulos?
Jesús
habla de ser sal, luz y levadura
relacionar y comparar con el
relato del cuento.
¿Qué
responsabilidades tienen los
discípulos de Jesús?
¿A qué los llama
el Señor y para qué
los forma?
¿Cómo
puedes aplicar las enseñanzas
del cuento a tu vida?
Compromiso para la vida
Sintetizar
en una frase el mensaje del
cuento para nuestra vida.
Para terminar: la oración
en común
Compartir
oraciones espontáneas
en común. A cada intención
acompañar diciendo:
¡Ayúdanos
a ser fermento, para la vida
de nuestras comunidades, Señor!
Terminar
leyendo la oración.
Ser
fermento para dar
vida
Señor,
ayúdanos
a ser fermento
en
nuestras comunidades.
Queremos
ofrecer lo mejor de
nosotros
para
encarnar tu Palabra
en
nuestra realidad.
Queremos
ser semilla del Reino
y
acercar tu presencia
donde haga falta.
Queremos
ser levadura
que
haga crecer la vida
nueva
a
través de nuestro
esfuerzo y entrega.
Señor,
ayúdanos
a compartir lo que
somos
para
dar vida
la
vida plena del Reino
que
comienza en nuestro
mundo
si
somos testigos y mensajeros
de
tus enseñanzas.
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Que así sea
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