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El científico
y la rosa
por Mamerto Menapace,
publicado en La sal de la tierra, Editorial
Patria Grande.
Se trataba de
un científico serio. No de un guitarrero.
Le habían pedido que estudiara los
problemas de una planta de rosa que estaba
pasando por dificultades en su período
de floración.
Tomó las
cosas muy en serio. Primero estudió
la tierra. Descubrió que estaba cerca
de una pared cuyos cimientos llegaban hasta
la tosca. La greda extraída había
sido tirada precisamente en el lugar donde
luego tuvo que estar el rosal. Se trataba
de una tierra con historia y con condicionantes
en parte negativos. Además, toda
la lluvia que caía sobre aquella
parte del tejado, se descargaba en el alero
que daba justo sobre la planta. Podía
suceder que a veces hubiera exceso de humedad.
Carecía de sol por la mañana;
en cambio de tarde lo tenía en demasía,
por el reflejo de la pared encalada que
le devolvía duplicado el calor.
Había
muchos porqués en la historia previa
de su tierra y en la geografía que
le tocaba compartir. Pero también
los había en su propio ser de rosal
y en la historia de su crecimiento. Porque
la variedad no era la más adaptada
a este clima. Fue plantada fuera de su época,
y de pequeña había sufrido
un serio accidente que por poco termina
con su existencia.
¡Cuántos
traumas y condicionantes! Realmente al leer
el informe, era como para desesperarse.
¿Qué se podía hacer?
Aparentemente se trataba de circunstancias
irreversibles, o muy poco variables ya.
Pero aquí
estaba, a mi parecer, la equivocación.
La suma de todos los porqués del
pasado de la rosa, no daban ninguna explicación
sobre el para qué de su existencia
allí, en ese lugar y en esas condiciones.
Todos los porqué se referían
a su pasado, y eran simplemente informes
sobre la realidad existente y comprobable.
Y lo que en realidad interesaba era el presente
de la planta y su futuro.
Fueron nuevamente
al científico, para pedirle un consejo.
Más que ello, quizá, quisieron
saber para qué la planta estaba justamente
allí y no en otro lugar. Para qué
se le pedía a la pobre rosa que viviera
esa geografía e historia con tantos
condicionantes negativos. Y el hombre, que
era un científico en serio, no un
guitarrero, les respondió:
-Eso no me lo
pregunten a mí. Pregúntenselo
al jardinero.
Y era cierto.
La respuesta estaba integrada en un plan
mucho más amplio que el de la simple
historia comprobable de la planta. El jardinero
tenía un proyecto en totalidad que
abarcaba todo el jardín. En su sabiduría,
conocía muy bien todo lo que con
su ciencia descubriría el científico.
Y sin embargo quiso que la rosa viviera,
y que su existencia embelleciera dolorosamente
aquel rincón del jardín, comprometiéndose
a vigilar sus ciclos y a defender su vida
amenazada. El jardinero estaba comprometido
tanto con la rosa como con toda la vida
y la belleza del jardín. Esto dependía
de un plan nacido en la sabiduría
de su corazón, y por tanto no podría
nunca ser investigado por el científico,
que reducía su búsqueda a
la mera existencia de la planta individualmente
considerada en su geografía concreta.
Al médico
podrás preguntarle sobre los porqué
de tu dolor.
Al psicólogo
sobre la raíz de tus traumas.
Al historiador
y al sociólogo el pasado que te condiciona.
Pero el para
qué fuiste llamado a la vida aquí
y ahora, eso tenés que preguntarse
a Dios.
Jesús
decía:
- Mi Padre es
el Jardinero.
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Guía
de Trabajo Pastoral por
Marcelo A. Murúa
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Cuento
El
científico y la rosa,
de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal
de la tierra, Editorial Patria
Grande.
Lectura
Realizar
la lectura del cuento en grupo.
Es importante que todos los
presentes tengan una copia del
texto. Se pueden ir turnando
dos o tres personas para leer
el cuento en voz alta.
Rumiando el relato
Al
terminar la lectura entre todo
el grupo se reconstruye el relato
en forma oral (se lo vuelve
a contar).
- ¿De
qué nos habla el relato?
- ¿Cuál
es la historia del rosal,
protagonista del cuento?
- ¿Qué
reveló el estudio del
científico?
- ¿Alcanzaba
ese estudio para explicar
para qué existía
el rosal en ese sitio?
- ¿Quién
revela ese futuro?
- ¿Dónde
hallar la respuesta al "sentido"
de la propia existencia?
- ¿Qué
enseñanza ofrece el
cuento?
Descubriendo
el mensaje
El
cuento nos ayuda a reflexionar
sobre el sentido de la vida,
"para qué" nos quiere
Dios, "qué" espera de
nosotros.
Comparar
la tarea del científico
con las explicaciones que buscamos,
muchas veces, a las situaciones
que nos toca vivir en la vida
¿Buscamos
"por qués" para las cosas
que vivimos?
¿O
buscamos "para qué" Dios
nos puso donde estamos?
¿Nos
resulta sencillo encontrar un
sentido que de felicidad y plenitud
a nuestra vida?
¿Dónde
lo buscamos? Recordar las palabras
de Jesús: el Padre es
el Jardinero.
Te
sugerimos releer la parábola
de los talentos (Lc. y pensar
en tu propia vida: ¿qué
dones te ha regalado Dios? ¿Para
qué? ¿Cuáles
serán sus sueños
para tu camino de vida?
¿Cómo
puedes aplicar las enseñanzas
del cuento a tu vida?
Compromiso para la vida
Sintetizar
en una frase el mensaje del
cuento para nuestra vida.
Para terminar: la oración
en común
Compartir
oraciones espontáneas
en común. A cada intención
acompañar diciendo:
Señor,
enséñanos a descubrir
para qué nos llamaste
a la vida.
Terminar
leyendo la oración.
En
búsqueda del
sentido
Señor,
ayúdanos
a descubrir
para
qué nos quieres
en la vida.
Nos
has regalado dones
y talentos,
nos
llamaste a la existencia
y
acompañas nuestro
camino.
Muéstranos
qué quieres
de
cada uno de nosotros,
aclara
nuestro horizonte,
aguza
nuestra mirada
para
que sepamos
proyectarnos
hacia el futuro.
Jardinero
de nuestros sueños
enséñanos
a dar fruto
de
nuestras semillas.
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Que así sea
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