|
Las lagunas de
la Pampa
por Mamerto Menapace,
publicado en La sal de la tierra, Editorial
Patria Grande.
|
Felices los que
tienen alma de pobres,
porque a ellos les pertenece
el Reino de los cielos.
|
¡Señor,
te agradezco nuestras misas en la Capilla
de la Tribu! Te agradezco la capilla chiquita,
que me permite la cercanía de esos
ojos de los cuales puedo gustar hasta los
detalles.
Mi gente criolla,
mi gente india, es muy parca en sus reacciones
y es pequeño el oleaje que les sube
a la superficie del rostro. Son como esas
lagunas de nuestra geografía pampa.
Apunas si tienen oleaje, carecen de la riqueza
de los peces o sólo tiene peces muy
chiquitos; casi nunca entregan resaca. Pero
en cambio: ¡cuánto diálogo
con el cielo hay en su historia! Encadenadas
a las barrancas arenosas de algún
médano, ahí están maduras
de tiempo cara al cielo y en silencio. Aparentemente
tienen sólo medio metro de hondo.
Pero si uno se les acerca y las mira quieto,
descubre el cielo en su profundidad. Carecen
de correntada, y nunca llegarán al
mar. Pero si uno las mira, ve en ellas un
cielo en movimiento. No hay duda de que
a ellas les pertenece el cielo; a ellas
a quienes la tierra y los médanos
las obligan a permanecer quietas.
Si uno les dedica
tiempo y comparte su silencio, descubre
en ellas un cielo en movimiento, con nubes
que emigran, con pájaros en vuelo
y con noches estrelladas navegas de horizonte
a horizonte por el velero silenciosos de
la Luna.
Después
de cinco años de acercarme a ellos,
voy aprendiendo a escucharlos en silencio
y me asombra la densidad de sus vidas y
lo espeso de la historia de estos hombres
maduros de tiempo y de silencio.
Esta mañana
uno de ellos, Señor, me hablaba de
cosas viejas. De cosas de su vida vividas
en aquellos tiempos en que mi tata todavía
era muchacho. Y sin embargo, no eran cosas
pasadas. Eran todavía leña
para su fuego. Llegado ahora a viejo, esos
recuerdos le navegaban el alma y el alma
le duele de recuerdos. Hace cincuenta años
su madre esperaba sufriendo una carta que
él nunca le escribiera. Y esa carta
no escrita hace cincuenta años, volvía
ahora hecha espina en su corazón
y le llenaba los ojos de lágrimas
a este hombre, rostro pampa barbechado de
arrugas. Terminó diciéndome,
Señor, que siempre te decía
que cuando Vos lo precisaras, lo llamaras
nomás, que él siempre estaba
dispuesto. Que lo único que te pedía
cada noche, era que cuando a su cuerpo cansado
le tocara descansar, también pudiera
descansar su alma sin tener que andar sufriendo,
penando por ahí extraviada como un
perro.
No dudo, Señor,
que a un alma así, tendrás
ganas de tenerla Vos también allá
en tu cielo. También yo te pido,
Padre Nuestro, poder un día compartir
tu cielo, con mi comunidad de ojos quietos.
Como esas lagunas de la pampa, también
yo espero con ganas ese amanecer.
Señor,
abrí tus ojos y mirá. No son
los hombres muertos los que te dan gloria
y justicia; no son esos que tienen el alma
de sobra, extraviada fuera de sí
mismos.
Los que te dan
gloria y justicia son los que tienen el
alma afligida; atorada de cansancio y de
aguantar; los ojos tristes y el alma hambrienta
(Baruc 2, 17-18).
|
Guía
de Trabajo Pastoral por
Marcelo A. Murúa
|
|
Cuento
Las
lagunas de la Pampa, de Mamerto
Menapace.
Publicado en el libro La sal
de la tierra, Editorial Patria
Grande.
Lectura
Realizar
la lectura del cuento en grupo.
Es importante que todos los
presentes tengan una copia del
texto. Se pueden ir turnando
dos o tres personas para leer
el cuento en voz alta.
Rumiando el relato
Al
terminar la lectura entre todo
el grupo se reconstruye el relato
en forma oral (se lo vuelve
a contar).
- ¿Qué
recuerdo nos cuenta el autor?
- ¿Con
quiénes se ha encontrado,
dónde? ¿Cómo
los caracteriza?
- ¿Qué
comparación realiza?
¿Qué características
tienen las lagunas de la Pampa?
- ¿Qué
destaca de la persona que
abrió su corazón
y le contó sus recuerdos?
- Elegir
una frase del texto (releerlo
rápido para ubicarla)
que más le haya llegado/impactado
a cada uno y compartirla en
voz alta.
Descubriendo
el mensaje
El
cuento nos habla de los preferidos
de Dios, los pobres y sencillos.
Releer
la cita de las bienaventuranzas,
con la cual comienza el relato.
¿A quiénes proclama
felices Jesús? ¿Por
qué? Recordar y compartir
escenas de la vida de Jesús
en las que manifestó
esta preferencia de Dios por
los más pobres.
¿Quiénes
dan gloria a Dios, segúnlas
palabras del autor? Leer a continuación
la cita del profeta Baruc, con
la que culmina el relato.
¿Conocés
personas pobres y sencillas?
¿Qué puedes aprender
de ellas? Compartir experiencias.
¿Qué
aprendió el autor a través
de esos cinco años de
encuentro con estos pobres sencillos
y llenos de Dios? ¿Qué
aprendizaje puedes aplicar a
tu vida y a nuestra vida comunitaria?
¿Adónde
hay que poner el oído,
la mirada y la presencia para
aprender? Relacionar esto con
las experiencias misioneras
que hayas tenido o tengas en
tu vida.
¿Qué
aprendes del cuento para tu
vida? ¿Cómo puedes
aplicar el mensaje del cuento?
Compromiso para la vida
Sintetizar
en una frase el mensaje del
cuento para nuestra vida.
Para terminar: la oración
en común
Leer
entre todos la oración
y luego poner en común
las intenciones de cada uno.
Terminar
con una canción.
Felices
los pobres
Felices
los pobres
porque
de ellos es
el
Reino de Dios.
Tus
palabras, Jesús,
tan
claras y comprometidas
siguen
repicando en nuestros
oídos,
invitando
a la conversión
para
servir al Reino.
Felices
los pobres
es
un canto de Dios
que
recorre la Biblia
entera.
Felices
los pobres
porque
son los preferidos
de Dios,
sencillamente
así.
Danos
Señor
espíritu
de pobreza,
enséñanos
a empobrecernos
por
el Reino y por los
demás.
Enséñanos
a aprender de los
pobres
el
evangelio que a veces
queremos
enseñar.
Muéstranos
cómo seguir
tu huella,
tú
que te hiciste pobre
para
hablarnos de Dios.
-
Que así sea
-
|
|
|
|