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Sorgo y chamico
por Mamerto Menapace,
publicado en La sal de la tierra, Editorial
Patria Grande
El
sorgo estaba chico. Tal vez a no más
de una cuarta de altura. Y el verano había
exagerado la sequía con varios días
de viento norte.
A la hora de
la siesta era casi preferible no mirar el
sorgal. Su aspecto era más vale desalentados.
Chamuscado como estaba por el calor y el
viento norte, el pequeño sorgal mostraba
el sufrimiento de la sequía.
Sólo el
chamico parecía gozar de privilegio.
Aunque mirado bien y de cerca, también
él mostraba los efectos de la sequía.
Lo malo era que había mucho chamico.
Y para el sorguito eso representaba un doble
peligro.
Un peligro presente,
ya que el chamico - nacido antes que el
sorgo - lo aventajaba en vigor y le quitaba
gran parte de la poca humedad que tenía
esa tierra resecada por el sol del verano
que empezaba recién. Y además
era un peligro futuro. Sorgo y chamico semillarían
juntos. Y juntos terminarían en los
silos, y juntos pasarían a la molida.
Y dicen que la semilla de chamico es venenosa.
Que hace abortar a las preñadas.
Y era una pena que el fruto de ese sorgal
destinado a alimentar a los demás,
estuviera envenenado por el fruto abortivo
del chamico.
Había
que tomar una decisión. Me llamaron
para que viera el sorgal. A esa hora el
sol ya apretaba, y el viento norte se dejaba
sentir.
¡Me dio
pena el sorgo! Había algo de tristeza
en sus hojas, un cierto cansancio y ganas
de no seguir aguantando más. El chamico
aparecía potente, con sus hojas anchas
y redondas, junto a las hojas afiladas de
las plantitas del sorgal.
Una solución
parecía imponerse. La de los manuales.
Una fumigación con herbicida, si
fuera posible esa misma tarde. Fumigación
aérea era, o parecía ser,
lo más seguro, lo más rápido.
Al no estar todavía protegido por
el sorgo, el chamico presentaba toda su
superficie a la fumigación y el efecto
del herbicida ofrecía la seguridad
de realizarse sobre la maleza. Tomándolo
de tardecita, con viento quieto y algo de
rocío, el herbicida quedaría
sobre las hojas. A la mañana siguiente,
con el apretar del sol, el castigo del veneno
actuaría con todos sus efectos.
Sí. Todo
eso estaba bien, pensando en la manera de
frenar o eliminar el chamico. Pero ¿y
el sorguito?
Estaba el sorguito
justo en ese momento de su crecimiento en
que abiertas sus hojas, ofrece el follaje
al aire y a la luz mostrando su cogollo
central, esa zona donde se genera la vida.
El herbicida entraría también
allí y seguramente haría su
efecto.
Era un pésimo
momento para fumigarlo. Ni demasiado chico,
ni demasiado grande. Y además sufrido
por la dura experiencia de una sequía
que lo venía maltratando casi desde
su madrugar.
El peligro estaba
en que el sorguito no aguantaría
la sacudida de la fumigación. Tal
vez terminara por secarse definitivamente.
Y aunque quizá no se llegara a eso,
era seguro que el tratamiento frenaría
su desarrollo y que el rinde del sorgal
perdería un gran porcentaje en el
momento de la desgranada.
La decisión,
ustedes comprenderán, no podía
tomarla basándome en la bronca al
chamico. Tenía que tomarla por amor
al sorgal. En definitiva, ustedes estarán
de acuerdo: lo que importaba en aquel campo
no era la no existencia del chamico, sino
la abundancia del sorgo.
Y el sorgo aquel
aquella tarde no se fumigó. Tal vez
no fuera una decisión de ingeniero;
era simplemente un manejo de chacarero.
De hombre con amor por su campo.
Pero pienso que
hubo también detrás otro motivo.
Aquel viento norte no podía durar
eternamente. Los años pasados en
el campo me decían que todo viento
norte carga agua, y que al final explota
en una tormenta que casi siempre termina
en lluvia.
Había
que tener fe en el cielo, que era quien
podía mandarnos la lluvia.
Luego de la tormenta,
y con el campo regado por ese llanto de
las nubes, era probable que se pudieran
tomar pequeñas decisiones para acompañar
el crecimiento. Tal vez entrar a azada,
o aporcar los surcos. Tal vez una fumigación
terrestre.
En todo caso
cosas que exigirían más tiempo,
más dedicación, y bastante
más esfuerzo. Cosas de las que sólo
es capaz un chacarero. Porque él
se queda comprometido con el campo. Mientras
que el ingeniero prefiere las soluciones
rápidas, ya que luego de tomadas,
se va y tal vez sólo vuelve para
la cosecha.
Para él
el resultado se convierte en dato. Para
el chacarero, en grano.
A veces pienso
que en m vida he tenido dos grandes suertes.
La primera es
haber nacido en el campo y con eso haber
conseguido un profundo cariño por
la tierra y los sembrados. Como a mi tata
le faltaba una pierna, siempre lo tuvimos
en casa y de chiquitos nos hablaba y nos
contaba muchas cosas cuando trabajábamos
al lado suyo. Mi tata fue un gran hombre.
La segunda suerte
que tuve fue que el primer ingeniero con
el que me inicié era también
un gran hombre. Recorriendo los sembrados,
muchas veces me hablaba de sus hijos, de
la cooperativa que organizaba en su barrio,
y de su amor por los hombres. Fue un gran
ingeniero: tenía corazón de
chacarero.
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Guía
de Trabajo Pastoral por
Marcelo A. Murúa
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Cuento
Sorgo
y Chamico, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal
de la tierra, Editorial Patria
Grande.
Lectura
Realizar
la lectura del cuento en grupo.
Es importante que todos los
presentes tengan una copia del
texto. Se pueden ir turnando
dos o tres personas para leer
el cuento en voz alta.
Rumiando
el relato
Al
terminar la lectura entre todo
el grupo se reconstruye el relato
en forma oral (se lo vuelve
a contar).
¿Qué
sucedía en el campo sembrado
con sorgo?
¿Qué
dificultades había sufrido
el sorgal? ¿Cómo
estaba su crecimiento entonces?
¿Qué
era el chamico? ¿Cuál
era su peligro?
¿Qué
alternativa se plantea para
salvar la cosecha o parte de
ella? ¿Qué inconvenientes
tenía esta solución?
¿Qué
hace finalmente el chacarero
(hombre de campo)?
Elegir
una frase del texto (releerlo
rápido para ubicarla)
que más le haya llegado/impactado
a cada uno y compartirla en
voz alta.
Descubriendo
el mensaje
El
cuento nos habla de lo bueno
y lo malo, que frecuentemente
está mezclado, en el
mundo, en las personas, en uno
mismo. Muchas veces en nuestra
vida enfrentamos disyuntivas
como la de este cuento.
¿Puedes
relacionar la situación
planteada en el cuento con alguna
experiencia de tu vida personal?
Todos
tenemos sorgo y chamico en nuestro
propio sembrado (corazón)
¿cómo hacer para
que se desarrolle más
lo bueno que tenemos?
Es
interesante reflexionar sobre
las características del
pensar y obrar que el autor
señala sobre el chacarero
y el ingeniero. Aplícalas
a tu vida
¿cómo
actuás frente a circunstancias
semejantes a este relato?
¿Qué
aprendes para tu vida? ¿Cómo
puedes aplicar el mensaje del
cuento?
Compromiso
para la vida
Sintetizar
en una frase el mensaje que
has descubierto en el cuento
para tu vida. Compartirlo con
los demás.
Para
terminar: la oración
en común
Leer
entre todos la oración
y luego poner en común
las intenciones de cada uno.
Terminar
con una canción.
Lo bueno y
lo malo
Señor,
en mi vida encuentro
trigo y maleza,
cosas buenas y malas,
actitudes generosas
y otras que hay que
cambiar.
Ayúdame a discernir
y aprender a hacer
crecer lo bueno
y tener paciencia
para
lo que debo cambiar.
Dame un corazón
sencillo
para descubrir en
mi vida,
en la de los demás
y en el mundo,
todo lo bueno que
hay.
-
Que así
sea -
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