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Preparando Pentecostés:
Caminar en el Espíritu a la manera
de Jesús
por
Marcelo A. Murúa
El evangelio
de Lucas presenta con profundidad el protagonismo
del Espíritu Santo en el proyecto
de Dios. En todo el texto se suceden las
citas y referencias que nos señalan
su acción, en especial sobre Jesús.
Desde su nacimiento, la vida de Jesús
va a estar animada por el Espíritu
de Dios, que habita en él y lo guía
en la realización de la voluntad
del Padre. La vida cristiana es seguimiento
de Jesús, hijo de Dios y su enviado,
que nos revela el Reino. Una recorrida por
el evangelio de Lucas nos ayuda a descubrir
el dinamismo que movía a Jesús:
la presencia del Espíritu en su persona,
en su práctica y en toda su vida.
María,
madre de Jesús
en
la vida del Espíritu
(Lc. 1, 26-38)
Desde su concepción
el Espíritu habita en Jesús.
La virgen María recibe el anuncio
del Señor y acepta su voluntad. El
sí de María abre las puertas
de la salvación esperada. El Dios
de la Vida se encarna para anunciarnos su
Reino como uno de nosotros. Dios se hace
hermano y cercano.
La virgen sigue
actuando. Acerquémonos a ella para
haga nacer a Jesús en nuestras vidas.
Para crecer en la vida del Espíritu
el mejor comienzo es la compañía
de María. Ella da a luz en nosotros
al Dios del Reino, el que nos enseña
con su canto del Magnificat, el rostro de
Dios vivo, que se hará vida e historia
en Jesús de Nazaret.
El
llamado de Dios
(Lc. 3,
21-22)
En el evangelio
de Lucas el bautismo de Jesús se
presenta como el momento en que Dios le
revela su vocación y su misión.
«Del cielo
llegó una voz: Tú eres mi
Hijo, el Amado; tú eres mi Elegido.
«
El texto señala
la presencia del Espíritu Santo que
desciende sobre Jesús en el signo
de la paloma (notar que Lucas no habla de
la presencia de una paloma sino de la manifestación
del Espíritu que se aprecia externamente
como la aparición de una paloma).
Luego de su bautismo
los cuatro evangelios concuerdan en que
Jesús inicia la predicación
del Reino (Mc. 1, 9 ss; Mt. 3, 13 ss; Jn.
1, 32 ss); también los cuatro son
claros al señalar la intervención
de Dios y la presencia del Espíritu
sobre la persona de Jesús.
La
preparación
(Lc. 4,
1-13)
Los tres sinópticos,
Marcos, Mateo y Lucas, relatan la partida
al desierto como preparación para
la predicación de Jesús. Lucas
señala con claridad la presencia
del Espíritu que llena la persona
de Jesús y como él se deja
conducir por el Espíritu.
La experiencia
de la soledad y la oración ayudan
al discernimiento de la voluntad de Dios.
La fuerza de Jesús es la Palabra
de Dios, como lo observamos en la respuesta
a cada tentación.
La
misión
(Lc. 4,
14-30)
Después
de los cuarenta días en el desierto
(número simbólico asociado
al tiempo de estadía del pueblo de
Dios a la salida de Egipto, en su camino
a la Tierra Prometida por Dios; y al tiempo
que había pasado el profeta Elías
en el desierto - 1 Rey. 19, 1 ss) el evangelio
de Lucas nos ofrece la proclamación
de la misión de Jesús en Nazaret.
El texto se inicia
con la afirmación «Jesús
volvió a Galilea con el poder del
Espíritu...» y nos muestra al
Señor recorriendo los pueblos y enseñando
en las sinagogas.
Al llegar a su
pueblo, Nazaret, y presentarse en la casa
de oración, Jesús presenta
su misión con las palabras del profeta
Isaías, que había anunciado
la llegada de la «Buena Noticia para
los pobres». El mensaje liberador de
Dios es asumido por Jesús, quien
proclama que se cumple en él la Palabra
de Dios, «El Espíritu del Señor
está sobre mí.» Jesús
presenta su misión y la asocia al
anuncio de Isaías que proclamaba
las buenas nuevas para los pobres y oprimidos.
La práctica de Jesús va a
estar orientada de aquí en más
a la explicitación a través
de obras y palabras de este anuncio de vida
nueva que Dios ofrece para todos. Es el
proyecto de vida del Padre que Jesús
comienza a construir con su predicación:
el Reino de Dios, centro y corazón
de su mensaje.
La
acción de gracias
por
el Reino
(Lc. 10,
17-24)
Al comenzar su
predicación Jesús convoca
a un grupo de seguidores, a quienes llama
a acompañarlo y compartir sus enseñanzas.
El Señor constituye una comunidad
para transmitir su mensaje y compartir sus
obras.
Al tiempo de
estar con él, y habiendo vivido la
experiencia de encuentro con su persona
y su mensaje, los envía a anunciar
la Buena Nueva (apóstoles, Lc. 9,
1ss y discípulos, Lc. 10, 1ss).
Al regreso de
la misión de sus discípulos
el Espíritu mueve a Jesús
a la oración de acción de
gracias al Padre. Los biblistas acuerdan
en que hay grandes posibilidades que las
palabras de esta oración (que Lucas
pone en boca de Jesús) hayan salido
de los mismísimos labios de Jesús.
El Señor
da gracias porque el Dios de la Vida revela
las cosas del Reino a los pobres y sencillos
(los pequeños).
El Espíritu
de Dios anima esta alabanza de Jesús,
fruto de su alegría al descubrir
la construcción del Reino que el
Padre promueve a través de sus seguidores
(varones y mujeres - ver Lc. 8, 1-3 ).
El
camino de Jesús en
el Espíritu
Los cinco textos
del evangelio de Lucas que comentamos tienen
en común señalar la acción
del Espíritu Santo en la vida de
Jesús.
Una mirada de
conjunto de los cinco permite reconocer
el itinerario del Espíritu en el
camino de Jesús:
Engendra la
vida de Jesús
Confirma su
identidad y vocación
Lo guía
en su preparación
Lo anima en
la presentación de su misión
Lo impulsa
a reconocer la acción de Dios en
sus seguidores
A la luz de la
acción del Espíritu en la
vida de Jesús podemos descubrir un
camino de conversión y compromiso
con la causa de Jesús y el proyecto
del Padre: el Reino de Dios.
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Para
reflexionar sobre la
vida del Espíritu en nuestra
persona y comunidades
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1) Engendra
la vida de Jesús
Leer el
texto de Lc. 1, 26-38.
Reconocer
los versículos que nos hablan
de la acción del Espíritu.
Rumiar
el texto descubriendo las actitudes
de María.
Para que
el Espíritu haga nacer a Jesús
en nuestro interior debemos, como
la virgen, «hacer vida la Palabra
de Dios».
¿Qué
significan las palabras de María
en tu propia vida y en tu comunidad?
¿Qué
nos pide Dios hacer para cumplir
su voluntad?
¿Qué
actitudes y acciones nuestras y
de nuestra comunidad dan a luz a
Jesús y al Reino, es decir
engendran hoy la vida del Espíritu
en nuestra realidad?
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2) Confirma
su identidad y vocación
Leer el
texto de Lc. 3, 21-22
Reconocer
los versículos que nos hablan
de la acción del Espíritu.
Rumiar
el texto descubriendo los detalles
de la escena. Observar la conjunción
de las tres personas de la Trinidad.
Releer en silencio las palabras que
el Padre dirige a Jesús.
Dios nos
ama y nos elige, ¿para qué?
¿cuándo hemos experimentado
su llamado? ¿cuándo descubrimos
nuestra vocación? ¿nos
llama nuevamente el Señor?
¿en qué nuevas circunstancias
descubrimos nuevos llamados? Compartir
en comunidad, llamados, desafíos
y compromisos a los cuales Dios nos
invita hoy.
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3) Lo
guía en su preparación
Leer el
texto de Lc. 4, 1-13
Reconocer
los versículos que nos hablan
de la acción del Espíritu.
Rumiar
el texto revisando las diferentes
situaciones de tentación que
Jesús va enfrentando. Prestar
atención a sus respuestas.
¿Qué aprendemos de su
práctica y sus palabras?
A la luz
del Espíritu aplicar cada una
de las tentaciones de Jesús
a nuestra propia vida, ¿en qué
las observamos? ¿cómo
superarlas?
Revisar
nuestras comunidades cristianas y
su práctica, ¿qué
tentaciones pueden dificultar nuestro
caminar?
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4) Lo
anima en la presentación de
su misión
Leer el
texto de Lc. 4, 14-30
Reconocer
los versículos que nos hablan
de la acción del Espíritu.
Rumiar
el texto descubriendo la misión
que el mismo Jesús se aplica
a sí mismo. Reconocer en la
vida de Jesús hechos y palabras
relacionados con el anuncio de Isaías.
¿Cómo vivió Jesús
lo que anunció y presentó
en la sinagoga de Nazaret?
A partir
de nuestras prácticas revisar
si el Espíritu del Señor
habita en nuestras comunidades...
¿tenemos las prioridades que
Jesús señala? ¿hacemos
lo que a Dios le gusta (leer Mt. 25,
31-46 y relacionar con las palabras
de Jesús)?
¿Cómo
vivir la vida del Espíritu
que agrada a Dios (haciendo lo que
El llama «Buenas Noticias para
los pobres»)?
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5) Impulsa
a reconocer la acción de Dios
en sus seguidores
Leer el
texto de Lc. 10, 17-24
Reconocer
los versículos que nos hablan
de la acción del Espíritu.
Rumiar
el texto descubriendo el proceso interior
que vive Jesús: llegan sus
discípulos, le cuentan su experiencia,
él escucha, les enseña...
y movido por el Espíritu, lleno
de alegría alaba y agradece
al Padre.
¿Descubrimos
con alegría como Jesús
la acción del Reino entre
los pequeños y marginados
de nuestra sociedad?
¿Apreciamos,
valoramos, nos sorprendemos... por
el crecimiento del Reino allí
donde el Padre lo quiere dar a luz?
¿Agradecemos
a Dios por los pequeños signos
de vida nueva que están presente
entre nosotros? Hacer una lluvia
de experiencias de la vida del Reino
que reconocemos en nuestras comunidades
y en la sociedad que vivimos.
Discernir
juntos por dónde pasa las semillas
del Reino hoy y cómo debemos
responder para que crezcan. Dar gracias
al Señor en oración
espontánea.
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