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Vivir en el Espíritu
por
Marcelo A. Murúa
El libro de los
Hechos de los Apóstoles ha sido llamado,
con justicia, el «Evangelio del Espíritu
Santo» pues son contínuas las
referencias al Espíritu que encontramos
en este texto que narra el nacimiento de
las primeras comunidades cristianas.
Sin duda, uno
de los mayores testimonios que Lucas, autor
del evangelio que lleva su nombre y de los
Hechos (una misma obra en dos tomos según
nos enseñan los biblistas), nos quiere
transmitir es la animación constante
del Espíritu de Jesús en la
Iglesia naciente.
Desde las primeras
comunidades hasta nuestros días,
la vida de la Iglesia ha sido un continuo
caminar en el Espíritu. Entre luces
y sombras, como bien nos lo recuerdan los
documentos eclesiales, vamos caminando en
el intento de hacer vida el Evangelio de
Jesús y servir a la construcción
del Reino de Dios.
El tiempo de
Pentecostés es una invitación
a volver a las fuentes que dan vida a nuestra
experiencia eclesial, para redescubrir y
alimentar nuestra vocación de seguidores
de Jesús.
Los dos primeros
capítulos del libro de los Hechos
nos acercan un itinerario certero a la hora
de discernir el camino del Espíritu.
En ellos encontramos varias claves fundamentales
para la vida cristiana.
La
vida cristiana nace del testimonio de
la
Resurrección para el anuncio del
Reino
«De hecho,
se presentó a ellos después
de su pasión y les dio numerosas
pruebas de qué vivía. Durante
cuarenta días se dejó ver
por ellos y les habló del Reino
de Dios»
Hech.
1, 3
La experiencia
de fe tiene su origen en la resurrección
de Jesús. Una nueva manera de vivir
es posible porque Dios ha confirmado el
camino señalado por su Hijo. Jesús
instruye a los discípulos para que
continuen su obra: el Reino.
- ¿Qué
significa anunciar en nuestros días
la Resurrección de Jesús?
- ¿Nos
dejamos enseñar por Jesús
acerca del Reino, sus preferencias, sus
opciones, su dinámica?
La
vida cristiana es un nuevo nacimiento
en
el Espíritu prometido por el Padre
«En una
ocasión en que estaba reunido con
ellos les dijo que no se alejaran de Jerusalén
y que esperaran lo que el Padre había
prometido. Ya les hablé al respecto,
les dijo: Juan bautizó con agua,
pero ustedes serán bautizados en
el Espíritu Santo dentro de pocos
días»
Hech.
1, 4-5
Ser cristiano
es nacer de nuevo (releer Jn. 2). La vida
nueva que anuncia Jesús es la vida
en el Espíritu de Dios, la misma
que El experimentó y vivió.
El Padre nos
promete para todos la experiencia de su
hijo. Todos somos llamados a continuar sus
pasos y actualizar su práctica. El
Espíritu que recibimos en el bautismo
nos brinda la semilla. Nuestra tarea es
hacerla crecer y dar fruto.
- Mi vida,
¿es animada y conducida por el Espíritu?
- Si no es
así, ¿qué debo cambiar,
en concreto, para lograrlo?
- ¿Participo
del espíritu que animaba a Jesús?
- ¿Qué
significa nacer de nuevo en mi propio
caminar, en mi vida?
- ¿Y en
el caminar de mi comunidad?
La
vida cristiana es dar testimonio de Jesús
con
la fuerza del Espíritu
«Pero
recibirán la fuerza del Espíritu
Santo cuando venga sobre ustedes, y serán
mis testigos en Jerusalén, en toda
Judea, en Samaría y hasta los extremos
de la tierra».
Hech.
1, 8
Ser cristiano
es ser testigo de Jesús.
Participar de
su misión, anunciar el Reino y construirlo
en esta tierra. El mismo Espíritu
que animó a Jesús será
nuestra fuerza y guía. Vivir tras
los pasos de Jesús es animarse a
seguir los pasos del Espíritu, que
nos lleva a anunciar y dar testimonio desde
lo conocido y cercano hasta lugares y situaciones
que no hubiésemos imaginado.
- Dar testimonio
de Jesús en nuestra vida cotidiana
no siempre es sencillo, ¿para qué
puede darte fuerzas el Espíritu?
¿En qué te puede animar y
dar coraje?
- El anuncio
no se limita a lo conocido (Jerusalén,
Judea
- para los discipulos -) sino
que traspasa lugares y situaciones para
ser conducidos por el Espíritu
a todos los rincones del mundo, ¿adónde
te está pidiendo Dios que anuncies
su presencia? ¿En qué situaciones
de tu barrio, ciudad, país... hace
falta la presencia de cristianos comprometidos
con el anuncio del Reino?
La
vida cristiana no es quedarse estáticos
mirando
(esperando) el cielo,
sino actuando
en la tierra
«Ellos
seguían mirando fijamente al cielo
mientras se alejaba. Pero de repente vieron
a su lado a doso hombres vestidos de blanco,
que les dijeron: Amigos galileos, ¿qué
hacen ahí mirando al cielo? »
Hech. 1,
10-11
La fuerza del
Espíritu es para continuar la obra
de Jesús. Los discípulos (como
nosotros y todas las generaciones de cristianos)
pueden sentir la tentación de quedarse
«mirando al cielo». La Palabra
de Dios nos enseña que la fuerza
del Espíritu (prometida en el versículo
anterior) es para anunciar y proseguir con
valentía el mensaje de Jesús.
- Volvé
los ojos a la realidad, a las situaciones
de nuestro tiempo: ¿qué está
pidiendo Dios a los cristianos, para seguir
los pasos de Jesús?
La
vida cristiana es reunirse en comunidad
para
orar y discernir juntos
«Todos
ellos perseveraban juntos en la oración
en compañía de algunas mujeres,
de María, la madre de Jesús,
y de sus hermanos».
Hech.
1, 14
Para ser capaz
de anunciar a Jesús y dar testimonio
del Reino en nuestros días es necesario
orar y discernir. La primera comunidad se
reune para pedir fuerzas al Señor,
para esperar el Espíritu que anima,
conduce y fortalece, para discernir la voluntad
de Dios en la realidad que se vive.
- Animate a
reunir a tu comunidad para orar en estos
días previos a Pentecostés.
La vida cristiana
es la vida del Espíritu de Jesús
«Todos
quedaron llenos del Espíritu Santo
y comenzaron a hablar en otras lenguas,
según el Espíritu les concedía
que se expresaran».
Hech.
2, 4
La vida cristiana
es caminar según el Espíritu.
Andar con el
mismo ánimo, confianza, ideales,
coraje, fe y esperanza que animaron a Jesús.
El Padre nos
da el Espíritu con generosidad. Y
recibimos ese Espíritu para anunciarlo,
como los discípulos, según
nuestras posiblidades y dones particulares.
Nadie puede quedar
al margen del anuncio pues la vocación
del cristiano tiene sentido si anuncia con
su vida al Reino que Jesús anunció,
y por el cual dió la vida y Dios
lo resucitó.
- ¿Adónde
y de qué manera te pide el Señor
que anuncies su Reino... que presentes
a Jesús?
La
vida cristiana es una vida nueva,
en
comunidad solidaria
«Acudían
asiduamente a la enseñanza de los
apóstoles, a la convivencia, a
la fracción del pan y a las oraciones».
Hech.
2, 42
«Todos
los que habían creído vivían
unidos; compartían cuanto tenían...»
Hech.
2, 44
El primer sumario
de la vida comunitaria nos enseña
el ideal al cual caminar conducidos por
el Espíritu. La vida en comunidad,
unidos, compartiendo para que todos puedan
vivir con dignidad, animados por la Palabra,
la Eucaristía y la oración,
es la vida a la cual el Espíritu
nos invita. Recibimos su fuerza, su discernimiento,
su presencia, para poder vivir como esta
primera comunidad.
La utopía
de Jesús es una humanidad nueva,
un pueblo de hermanos... estos textos nos
señalan el espejo donde mirarnos
mientras buscamos concretarlo en nuestra
realidad.
El testimonio
de esta primer comunidad hace resonar en
nuestros oídos las verdaderas preocupaciones
de nuestro Dios, las cosas que le agradan
y a las cuales nos invita a tener en cuenta
y vivir (ver Is. 58, 1-10).
El Padre nos
da el Espíritu de Jesús para
poder vivir como hombres y mujeres nuevos.
- En este tiempo
que vivimos, ¿a qué te invita
el Espíritu de Jesús? ¿qué
nos pide el Señor cambiar en nuestra
realidad?
- ¿Qué
desafíos, personales y comunitarios,
plantea el vivir como discípulos
de Jesús?
- Para vivir
en el camino de la conversión,
la justicia y la fraternidad real, ¿cuál
puede ser tu aporte personal, con la ayuda
del Espíritu del Señor,
para lograr esa conversión, conseguir
un poco más de justicia y caminar
hacia la fraternidad?
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