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Discernimiento y misión:
en el camino del Espíritu
por
Marcelo A. Murúa
Llega el tiempo
de Pentecostés y volvemos nuestra
mirada al Espíritu de Dios. El nos
conduce para vivir fieles en el camino de
Jesús. El nos acompaña y nos
anima para superar las dificultades de la
vida y anunciar con alegría la Buena
Noticia del Reino.
Discernimiento,
aprender por dónde pasa Dios y sus
propuestas...
y Misión,
respuesta y compromiso vital al llamado
de Dios...
para construir
su Reino...
para aprender
a andar en los caminos de Dios.
La vida cristiana
es un camino. En los primeros años
del cristianismo los que se unían
a las comunidades eran conocidos como seguidores
de el Camino . La Didajé (catequesis
del siglo I para los que se iniciaban en
la fe) dedica sus primeros capítulos
a la instrucción sobre los dos caminos.
A lo largo de su vida Jesús fue tomando
diferentes opciones y con ellas, trazó
una huella para los que seguían sus
pasos. El mismo invitó un grupo de
sencillos hombres de su tiempo a unirse
y acompañarlo en su misión.
"El
encuentro inicial con el Señor es
el punto de partida del seguimiento, del
discipulado. Ese camino es lo que san Pablo
llama 'caminar segúnel Espíritu'
(Rom. 8, 4), eso es también lo que
llamamos corrientemente espiritualidad"
Beber en su propio pozo, G. Gutiérrez,
pág. , Ed. Sígueme.
El término
espiritualidad, que posee una sólida
y profunda resonancia bíblica, se
ha malentendido y mal utilizado, muchas
veces, en la historia de la Iglesia. Se
lo ha relacionado con la vida espiritual
de una persona, distinguiendo y separándola
de la vida llamada, peyorativamente, "material".
Nada más lejos del pensamiento y
del mensaje bíblico. La Biblia no
distingue ni separa la vida en compartimentos.
No existe una vida social, una vida personal,
una vida espiritual, una vida económica,
una vida familiar, una vida política,
cada una al margen de la otra. La vida es
una sola, y toda ella es atravesada, o no,
por la espiritualidad. La concepción
de una vida espiritual separadas de una
vida material es una herencia de la filosofía
griega, que dividía al ser humano
en un cuerpo y un alma que lo habitaba.
Pero la Biblia no nos habla de esa dualidad.
Por el contrario, insiste en la unidad de
la persona humana.
"La
vida espiritual es la totalidad de una vida,
en la medida en que es motivada y determinada
por el Espíritu Santo, el Espíritu
de Jesús. Cuanto más motivados
seamos por ese Espíritu en todo lo
que hagamos, tanto más podremos decir
que tenemos una vida espiritual.
(...)
en la Biblia, tener una vida espiritual
o una vida según el Espíritu
no es estar siendo movido por un espíritu
cualquiera, que baste que sea espíritu
y no materia. Tiene vida espiritual el que
es movido por el Espíritu de Dios
y no por cualquier otro espíritu
(...).
La
vida espiritual es entonces el esfuerzo
constante y diario para asegurar que el
espíritu que nos mueve es el Espíritu
de Dios y no cualquier otro espíritu.
Esto significa que tomamos en serio el consejo
de Pablo cuando dice: "Y no se conformen
con este mundo" (Rom. 12, 2). En vez de
eso, buscamos los caminos de Dios, los caminos
del Espíritu (...).
La
espiritualidad bíblica es un intento
de descubrir cómo el Espíritu
de Dios se manifiesta en las vidas de los
personajes bíblicos que fueron movidos
por el Espíritu, que tuvieron una
vida espiritual ejemplar. Buscamos en la
Biblia más el Espíritu que
la letra, a fin de proporcionar al Espíritu
más libertad para actuar en nuestras
vidas y nuestro país hoy."
Espiritualidad
Bíblica, A. Nolan, pág. 9-12,
Ed. Dabar.
Vivir siguiendo
a Jesús es caminar según su
Espíritu. Aprender a ver la vida
con los ojos de Dios, dejarse conducir por
él y animarse a actuar en consecuencia.
La tarea principal
de la vida espiritual es el discernimiento,
animado por el Espíritu de Dios,
que nos lleva a contestar la pregunta ¿es
el Espíritu de Jesús el que
está guiando mis acciones, mis opciones,
las decisiones que voy tomando?
Discernir es
aprender a descubrir por donde pasa la voluntad
de Dios. Qué es lo que El nos pide
creer, hacer y vivir. Discernir es aprender
a descubrir cómo y dónde podemos
sr más fieles al Dios de Jesús.
Cómo podemos contribuir con nuestras
palabras, nuestro servicio y nuestro ejemplo
de vida, a revelar a Dios. Cómo podemos
colaborar para que su proyecto sea más
transparente a los ojos de los hombres,
cómo podemos hacer para que sus valores
y sus juicios sean realmente la norma de
vida a seguir.
Discernir, según
el Espíritu de Dios, es aprender
a optar por los caminos del Reino.
"Entre la opción
por la muerte o por la vida discurre la
existencia humana. El Deuteronomio hace
con toda claridad ese planteamiento en un
texto muchas veces citado ('mira, hoy te
pongo delante la vida y el bien, la muerte
y el mal', Deut. 30, 15). Pablo lo retoma
con enorme vigor y hace de este asunto el
centro de la espiritualidad cristiana. Caminar
según el espíritu es rechazar
la muerte (el egoísmo, el desprecio
a los demás, lacodicia, la idolatría)
y escoger la vida (el amor, la paz, la justicia).
Renunciar a la carne y vivir según
el espíritu es estar disponible a
Dios y a los demás(...) Entre la
muerte y la vida, es decir entre la carne
y el espíritu, urge tomar una decisión.
La elección no se halla entre el
cuerpo y el alma, nada más ajeno
a Pablo que no establece una oposición
filosófica, sino religiosa entre
carne y espíritu. Para él
se trata de la persona humana tomada en
su integridad. Es ella la que debe saber
optar por el espíritu, por la vida."
Beber
en su propio pozo, G. Gutiérrez,
pág. 95, Ed. Sígueme.
Unido al discernimiento,
y como consecuencia de él, aparece
la disposición generosa para la misión.
Es una constante que apreciamos en todos
los personajes bíblicos que nos inspiran
el camino a aseguir. Todos ellos, pasando
por la crisis existencial que significa
el discernimiento (no hay discernimietnto
sin conflicto interior, sin dudas, sin tironeos)
y fortalecidos en la fe, se lanzan con decisión
a poner en práctica los designios
de Dios. Abraham, Moisés, Jeremías,
por citar sólo algunos, conocen la
experiencia del discernimietno, preguntarse
¿qué es lo que Dios quiere?
¿qué me pide en este momento?
¿cómo quiere que interprete
y me comprometa ante esta situación
histórica? Y , en la fe acrisolada,
se entregan para realizar el plan de Dios.
Jesús
mismo nos señala los pasos. Antes
de salir a predicar, a anunciar y realizar
la Buena Noticia del Reino, pasa 40 días
en el desierto, acompañado y guiado
por el Espíritu. Allí acude
para discernir, en la fe, cuál es
el camino qué debe seguir, cúales
son las convicciones que debe mantener,
cómo y de que manera debe buscar
ser fiel a Dios.
El tiempo de
Pentecostés puede servirnos para
revisar nuestra vida. El Espíritu
que renueva la faz de la tierra llega nuevamente
con sus dones, para transformar rnuestas
vidas.
En el seguimiento
de Jesús el Espíritu nos anima
para elegir vivir con los criterios del
Reino. La vida según el espíritu
nos lleva al discernimiento cotidiano y
al compromiso misionero.
Ser animado por
el Espíritu, vivir una vida espiritual,
es elegir la Vida de Dios y sus valores:
el amor, la paz, la justicia, la solidadridad,
la fraternidad, contra la amenaza de la
muerte, encarnada en el mundo a través
del egoísmo,la explotación,
la injusticia y la violencia.
Ser animado por
el Espíritu es optar por los valores
del Reino, y anunciarlo con palabras, gestos
y hechos de vida nueva.
Recursos para
el trabajo pastoral
Para la reflexión
personal
- Leer los siguiente
textos:
- Mt. 4, 1
- Mt. 12, 28
- Lc. 10, 21
- Hech. 4,
8
- Hech. 6,
3-5
- Hech. 8,
26 ss
- Para reflexionar:
¿Qué
encontramos en común en todos ellos?
Comparar con
nuestras vidas.
- ¿Tomo
mis decisiones a la luz del Espíritu?
- ¿Me dejo
conducir por él?
- ¿Soy
capaz de discernir lo que pasa en la realidad
desde los criterios de Jesús?
- ¿Qué
cambios en mi vida me puede estar sugiriendo
el espíritu de Jesús?
Para la reflexión
grupal
- Comenzar el
encuentro cantando al Espíritu Santo
y pidiéndole su compañía
para el momento que vamos a compartir.
- Formar grupos
de cuatro - cinco personas.
- Leer el texto
"Discernimiento y Misión", a manera
de introducción.
Compartir las
ideas que más nos lllegaron.
¿Cóomo
vivimos, cada uno, el discernimiento, en
nuestra vida cotidiana? Compartir experiencias
donde hayamos tenido que discernir desde
la fe.
- Meditación
con la Palabra de Dios
Cada grupo lee
un texto bíblico. Todos trabajan
con la misma guía de preguntas.
- Textos sugeridos:
- Lc. 1, 26-38
- Lc. 4, 14-24
- Hech. 1,
12-14 , 2, 1-11
- Hech. 2,
32-47
- Hech. 10,
34-48
- Guía
de preguntas:
- ¿Qué
personas intervienen?
- ¿Cuál
es la acción del Espíritu
Santo?
- ¿Qué
consecuencias trae?
- De acuerdo
con el mensaje del texto, ¿qué
significaría hoy dejarnos llevar
por el Espíritu?
- Puesta en común.
Cada grupo comenta
qué texto leyo y las conclusiones
de su trabajo.
- Oración
final.
leemos la oración
"Animados por el Espíritu". Cada
uno elige una frase o parte de la oración
que más le llegue y la lee en voz
alta. Luego compartimos intenciones personales.
Terminamos con el Padrenuestro , y una canción
al Espíritu Santo.
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Animados por el Espíritu
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Ser cristiano
es seguir a Cristo.
Pro-seguir su obra y su estilo de
vida
aceptar su proyecto
y vivirlo según su espíritu
en la perspectiva
de las Bienaventuranzas.
Per-seguir su causa:
la construcción del Reino
y la Liberación de los hombres.
La gran Utopía de Dios,
que los hombres sean hermanos,
que todos puedan vivir
con dignidad, justicia y paz.
Con-seguir su plenitud
formar parte de su comunidad,
una comunidad fraterna,
unida en el anuncio y
el servicio a los más pobres.
Seguir a Jesús
es vivir animados por su Espíritu.
Ser cristiano es
actualizar el camino de Jesús
(en los primeros tiempos
al cristianismo se lo llamaba el camino)
Re-vivir el proceso de Jesús,
mantener vivas sus opciones,
sembrar con El las semillas de su
Reino,
construir comunidades activas y orantes,
dar testimonio fiel de su Palabra,
vivir la propuesta del amor.
Vivir en cristiano
es posible
si nos anima el Espíritu de
Jesús.
Espíritu de Dios,
siempre presente en la vida del Hijo,
presente desde la concepción
de Jesús
en el seno de María,
la virgen madre llena de Dios.
Espíritu Santo,
llena nuestros corazones de tu presencia
para decir, con María,
SÍ a lo que nos pida el Padre
Bueno.
Danos fuerzas para responder con alegría
a los proyectos de Dios en nuestra
vida.
Enséñanos la confianza
de la Madre
para entregar lo mejor de nosotros
al servicio de los demás.
Espíritu de Dios,
presente en su crecimiento
en estatura, en sabiduría,
en gracia de Dios,
en los años anónimos
de Jesús-niño en Nazareth.
Espíritu Santo,
acompaña nuestro crecimiento
interior.
Enséñanos a rezar más
y mejor,
abre nuestro corazón a los
demás,
haznos crecer en los valores del Reino
y en las actitudes evangélicas.
Ayúdanos a madurar en la fe,
a sostener la esperanza,
a obrar con amor.
Espíritu de Dios,
presente junto a Jesús en el
desierto.
Guiando sus pasos al proyecto del
Padre.
Animándolo para no caer en
la tentación,
fortaleciéndolo en la opción
por un Reino
construido desde la entrega,
la compasión y el servicio
que libera de la opresión y
del pecado.
Espíritu Santo,
permanece a nuestro lado
para que no aflojemos en la diaria
tarea
del seguimiento de Jesús.
Ayúdanos a discernir
en los momentos de desierto, de crisis.
Que no caigamos en la tentación
del poder, del dinero, de la ambición.
Reafirma nuestra opción por
Jesús
y por su causa.
Espíritu de Dios,
presente en la sinagoga de Nazareth
el día que Jesús anuncia
su misión.
Lleno del Espíritu proclama
que el tiempo se ha cumplido.
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La Buena Noticia
ha llegado,
el Reino de Dios se ha hecho presente
en la historia de los hombres.
Surge la vida para todos
y la esperanza es realidad que se
manifiesta
en los ciegos que ven,
en los sordos que oyen,
en los paralíticos que caminan,
en los pobres y excluidos que Jesús
revela como los preferidos de Dios.
Espíritu Santo,
enséñanos a ser fieles
al anuncio de Jesús y que nuestra
experiencia de fe
surja del encuentro con Dios
en el servicio a los demás.
Orienta nuestras fuerzas,
nuestras aptitudes, nuestros dones
a la construcción de una vida
más digna
para los que menos tienen.
Danos hambre y de justicia
y muestranos el camino para realizarla.
Espíritu de Dios,
presente en la predicación
de Jesús.
Brindándole la fuerza necesaria
para curar, sanar, perdonar y dar
vida.
Llenándolo de alegría
para dar gracias al Padre
por los pequeños, por los más
pobres,
porque son los más abiertos
a los proyectos de Dios.
Espíritu Santo,
danos la perseverancia y el valor
que necesitamos para seguir a jesús.
Ayudanos a encontrar la mejor manera
de hacer realidad su mensaje.
Sorpréndenos con nuevos desafíos,
derriba nuestras falsas seguridades
que muchas veces diluyen
las exigencias de la fe.
Enséñanos a aprender
de los más pobres
cómo vivir el Evangelio.
Espíritu de Dios,
presente en los últimos momentos
de la vida de Jesús
y en su muerte injusta.
Animando su voluntad de seguir adelante
hasta las últimas consecuencias
para mantener la fidelidad al Padre.
Espíritu Santo,
fortalece nuestro caminar
en el sufrimiento, la persecución,
la incomprensión o el martirio.
Aliéntanos en todo lugar y
tiempo,
sostén la voluntad de seguir
a Jesús
aceptando los conflictos, desafíos
y consecuencias de su caminar y su
cruz.
Espíritu de Dios,
presente en Pentecostés, en
la Iglesia
que nace del encuentro
del pueblo pobre y peregrino
con la fuerza que viene de lo Alto.
Espíritu Santo,
anima nuestras comunidades en marcha,
fortalece sus relaciones humanas,
acrecienta sus ganas de optar por
Jesús.
Suscita la creación
de comunidades nuevas,
promueve la vocación y formación
de animadores de comunidad.
Convierte nuestros corazones
al afán misionero
de los primeros cristianos.
Ayúdanos a discernir
y a escuchar la voz del Padre
y sus propuestas.
Enséñanos a compartir
la fe,
a caminar en la esperanza,
a vivir el amor en gestos
y obras concretas que anticipen
la Justicia y el Gozo del Reino
Camina con nosotros,
y acércanos a Jesús.
Marcelo
A. Murúa
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