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Los frutos del Espíritu
en la vida del catequista
por
Marcelo A. Murúa
«El fruto
del Espíritu es caridad, alegría,
paz, comprensión de los demás,
fidelidad, mansedumbre y dominio de sí
mismo.»
Gálatas
5, 22
El tiempo de
Pentecostés es un excelente momento
para revisar nuestra vocación y práctica
de catequistas.
Ser catequista
es anunciar la Palabra de Jesús,
dar testimonio del Evangelio, y enseñar
a los demás con nuestra palabra y
nuestra vida.
El origen de
la palabra catequista es «hacer resonar».
Siempre que pregunto en los talleres de
espiritualidad del catequista, con qué
imagen asociamos este significado tan motivador
des ser catequista, me responden «con
una campana». En nuestros días
se escuchan pocas campanas, pero para los
que llevamos algunos añitos más
(yo ando por los 37 y recuerdo campanas
en mi niñez) por este mundo podremos
recordar campanas que escuchamos sonar.
Yo me acuerdo
mucho de dos:
La campana
del colegio... Señalaba el comienzo
(¡alegría!) del recreo, y
también su finalización
(no tanta alegría...)
La campana
de la parroquia... Marcaba las horas del
día y sonaba con fuerza antes de
cada misa dominical llamando a la comunidad.
La campana era
una señal, con su tañido nos
hablaba de otra realidad más importante
y trascendente que su sonido mismo.
Ser catequista
tiene mucho que ver con ser campana. Nuestro
sonido (nuestra vida, nuestra palabra) debe
ser capaz de evocar algo más importante
que nos trasciende: la Palabra de Dios,
el encuentro con Jesús.
El sonido de
la campana es signo... y también
lo es nuestra misión de catequista.
Signos de la vida nueva a la que Dios nos
invita, signo de la compañía
de Dios -que camina a nuestro lado-signo
de la comunidad que nace en torno a la palabra,
a la oración, a la enseñanza,
a los sacramentos, al compartir.
El catequista
vive animado por el Espíritu de Jesús,
pide su guía y su aliento para ser
fiel a su misión y poder anunciar
el Evangelio.
¿Cómo
está «sonando» nuestra
campana en estos tiempos?
¿Estamos
dando los frutos que el Espíritu
espera de nosotros?
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Para
revisar en comunidad
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- Leemos
el texto de Gálatas 5, 22
- Recortamos
siete campanas de cartulina y le
ponemos a cada una el nombre de
uno de los frutos del Espíritu
(conviene que las campanas sean
grandes).
- Nos
dividimos en parejas (y si somos
pocos cada uno trabaja con una campana).
A cada pareja se le da una campana
y la siguiente guía:
¿Qué
significa ser campana de caridad,
alegría, paz... (cada uno
completa según su campana)
en la vida de un catequista?
Nombrar
tres actitudes que como catequista
ayudan a que suene esa campana.
Nombrar
tres actitudes que como catequista
no ayudan a que la campana suene,
acitudes que ahogan ese fruto,
que no lo muestran, que no lo
transmiten.
Escribir
una pequeña oración
que comience con la frase: «Espíritu
de Jesús ayúdanos
a ser campana de...»
- Las
actitudes y la oración se
escriben dentro de la campana de
cartulina.
- Se pone
en común lo trabajado en
los grupos (o individualmente si
son pocos).
- En ronda
realizamos una oración compartida.
Si es posible tener una campana
de verdad, a medida que cada catequista
va haciendo su oración personal
en voz alta, al terminar hace sonar
la campana y se la pasa al de al
lado.
- Entre
todos escribir una nueva campana
con un compromiso común a
intentar vivir como catequistas.
Colgar esa campana en un lugar visible
dentro de la parroquia, colegio
o capilla.
- Terminar
con un canto al Espíritu
Santo
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