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Cuento para trabajar
el don de la Fortaleza
Pataleando/ de Mamerto
Menapace - Ed. Patria Grande
por
María Inés Casalá
publicado
en Diálogo 57
Una ranita salió
con una amiga a recorrer la ciudad, aprovechando
los charcos que dejara una gran lluvia.
Ustedes saben que las ranitas sienten una
especial alegría luego de los grandes
chaparrones, y que esta alegría las
induce a salir de sus refugios para recorrer
mundo.
Su paseo las
llevó más allá de las
quintas. Al pasar frente a una chacra de
las afueras, se encontraron con un gran
edificio que tenía las puertas abiertas.
Llenas de curiosidad se animaron mutuamente
a entrar. Era una quesería. En el
centro de la gran sala había una
enorme tina de leche. Un tablón permitió
a ambas ranitas trepar hasta la gran olla,
en su afán de ver cómo era
la leche.
Pero, calculando
mal el último saltito, se fueron
las dos de cabeza dentro de la tina, zambulléndose
en la leche. Lamentablemente pasó
lo que suele pasar: caer fue una cosa fácil;
salir era el problema. Porque, desde la
superficie de la leche hasta el borde del
recipiente, había como dos cuartas
de diferencia. Y aquí era imposible
ponerse en vertical. El líquido no
ofrecía apoyo ni para erguirse ni
para saltar.
Comenzó
el pataleo. Pero, luego de un rato, la amiga
se dio por vencida. Constató que
todos sus esfuerzos eran inútiles
y se tiró al fondo. Lo último
que se le escuchó fue: "Glu-glu-glu",
que es lo que suelen decir los que se dan
por vencidos.
Nuestra ranita,
en cambio no se rindió. Se dijo que,
mientras viviera, seguiría pataleando.
Y pataleó, pataleó y pataleó.
Tanta energía y constancia puso en
su esfuerzo, que finalmente logró
solidificar la nata que había en
la leche y, parándose sobre el pan
de manteca, hizo pie y saltó para
afuera.
Palabra de Dios
"En el peligro
invoqué al Señor,
y él
me escuchó dándome alivio.
El Señor
está conmigo: no temeré;
¿qué
podrán hacerme los hombres?
El Señor
está conmigo y me ayuda:
yo veré
derrotado a mis adversarios.
Me empujaron
con violencia
para derribarme,
pero el
Señor vino en mi ayuda.
El Señor
es mi fuerza y mi protección;
él
es mi salvación".
Salmo 118,
5 - 9. 13 - 14
Comentario:
A través
de los cuentos de los meses anteriores,
profundizamos el don de la sabiduría,
como aquél que nos pernite disfrutar
de la vida, el del entendimiento, como el
que nos deja entrever el deseo de Dios sobre
la vida de los hombres, y el don del consejo,
como el que nos permite decir esa palabra
para acompañar al que lo necesita.
Para poder vivir
de acuerdo con lo que descubrimos, necesitamos
del don de la fortaleza. Si no contamos
con la ayuda de los demás, y especialmente
con el impulso del Espíritu, nos
cansamos, nos dejamos llevar por lo que
es más fácil y, hasta traicionamos
nuestras propias convicciones. La fortaleza
nos permite, una vez que sabemos el camino,
recorrerlo de la forma más directa.
En el cuento
de Mamerto Menapache, las ranitas estaban
felices y salieron a pasear, a conocer,
a ver el mundo que las rodeaba. Iban de
a dos, animándose mutuamente, y se
les presenta el problema.
Mientras una
de ellas, se dio por vencida, la otra siguió
adelante hasta que logró resolver
la dificultad.
En la vida hay
obstáculos que no se pueden vencer,
pero en esos casos, Dios también
nos da la fortaleza para no desanimarnos
ni perder la esperanza.
Para trabajar
con el cuento:
- Lectura del
cuento.
- Reflexión
personal:
- Entregar a
cada participante una hoja con el cuento,
el Salmo y las preguntas para reflexionar.
- Releer el
cuento:
- ¿Cuáles
son las dificultades o los problemas que
me preocupan más en este momento?
¿Qué hago por solucionarlos?
¿Para qué cosas necesito ayuda?
- Leer el texto
de la Biblia:
- ¿Cómo
se siente el que está con Dios?
¿Qué actitud tiene para enfrentarse
a los problemas?
- Preguntarse:
- ¿Qué
relación hay entre el cuento y
la Palabra de Dios?
- ¿Cómo
definiría la fortaleza?
- Trabajo en
grupo:
- Cada participante
comparte libremente lo que reflexionó.
Si alguno no quiere hablar, se lo respeta.
- Compartir
la definición de fortaleza y elaborar
una entre todos. Escribirla en una tira
de cartulina.
- La fortaleza
"sirve" para sortear dificultades y para
llevar adelante lo que nos propusimos
pero, ¿qué significa la fortaleza
en esos momentos tales como la muerte,
una enfermedad grave, una separación,
en donde no hay salida a primera vista?
- ¿Qué
características tiene que tener
la fortaleza que se debe pedir para esos
momentos?
- Cada grupo
coloca en el pizarrón la tira con
la definición que ha formulado. Se
leen en voz alta y se propone una oración
al Espíritu para que, bajo su protección,
encontremos la fortaleza necesaria para
vivir.
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