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Cuento para trabajar el don de Temor de Dios

Cuidado / de Anthoy de Mello - Ed. Sal Terrae

por María Inés Casalá
publicado en Diálogo 60

 

El sacerdote anunció que el domingo siguiente iría a la iglesia el mismísimo Jesucristo en persona y, lógicamente, la gente acudió en tropel a verlo. Todo el mundo esperaba que predicara, pero él, al ser presentado, se limitó a sonreír y dijo: "Hola".

Todos, y en especial el sacerdote, le ofrecieron su casa para que pasara aquella noche, pero él rehusó cortesmente todas las invitaciones y dijo que pasaría la noche en la iglesia.

Todos pensaron que era apropiado.

A la mañana siguiente, a primera hora, salió de allí antes de que abrieran las puertas del templo. Y cuando llegaron el sacerdote y el pueblo, descubrieron horrorizados que su iglesia había sido profanada: las paredes estaban llenas de "pintadas" con la palabra "¡Cuidado!". No había sido respetado ni un solo lugar de la iglesia: puertas y ventanas, columnas y púlpito, el altar y hasta la Biblia que descansaba sobre el atril.

En todas partes "¡Cuidado!", pintado con letras grandes o con letras pequeñas, con pincel o aerosol, y en todos los colores imaginables.

Dondequiera que uno mirara, podía ver la misma palabra: "¡Cuidado!".

Ofensivo. Irritante. Desconcertante. Fascinante. Aterrador. ¿De qué se suponía que había que tener cuidado? No decía. Tan sólo decía "¡Cuidado!".

El primer impulso de la gente fue borrar todo rastro de aquella profanación, de aquel sacrilegio. Y si no lo hicieron, fue únicamente por la posibilidad de que aquéllo hubiera sido obra del propio Jesús.

Y aquella misteriosa palabra, "¡Cuidado!", comenzó, a partir de entonces, a surtir efecto en los feligreses cada vez que acudían a la iglesia. Comenzaron a tener cuidado con las Escrituras, y consiguieron servirse de ellas sin caer en el fanatismo. Comenzaron a tener cuidado con los sacramentos, y lograron santificarse sin incurrir en la superstición. El sacerdote comenzó a tener cuidado con su poder sobre los fieles, y aprendió a ayudarles sin necesidad de controlarlos. Y todo el mundo empezó a tener cuidado con esa forma de religión que convierte a los incautos en santurrones. Comenzaron a tener cuidado con la legislación eclesiástica, y aprendieron a observar la ley sin dejar de ser compasivos con los débiles. Comenzaron a tener cuidado con la oración, y ésta dejó de ser un impedimento para adquirir confianza en sí mismos.

Comenzaron, incluso, a tener cuidado con sus ideas sobre Dios, y aprendieron a reconocer su presencia fuera de los estrechos límites de la Iglesia. Actualmente, la palabra en cuestión, que entonces fue motivo de escándalo, aparece inscripta en la parte superior de la entrada de la iglesia, y si pasas por allí de noche, puedes leerla en un enorme cartel de luces multicolores.

 

Para reflexionar:

Este don del Espíritu, aparentemente, es difícil de comprender. ¿Por qué pedimos tener temor de Dios? ¿Cómo vamos a tenerle miedo a un Padre? Cuando hablamos de "temor de Dios", no nos referimos a tenerle miedo como, cuenta el Génesis, tuvieron Adán y Eva, que se escondieron de Dios después de pecar.

El temor de Dios no es miedo.

El temor de Dios, es el "cuidado" del que habla el cuento. Es andar despacio para evitar actuar en contra de lo que Dios nos pide. Es pensar y reflexionar nuestros actos para que estén de acuerdo al pedido de Dios. Es ir por la vida sin llevarnos por delante a los demás. Es ir lentamente para adentrarnos en el maravilloso e insondable misterio de Dios.

 

Para trabajar:

- Leer el cuento. Entregar una copia a cada participante del encuentro.

- Analizar la actitud de Jesús: ¿Qué hace Jesús? ¿Cuál es su intención? ¿Cómo lo hace? (Jesús hubiera podido, en el momento que le dieron para hablar, decir un gran discurso acerca de lo que debía cambiar esa comunidad. Sin embargo, prefiere llamarles la atención con una sola palabra. Él no le dice a cada uno, "vos tenés que cambiar en esto o aquello. Deja esta tarea para que, en la intimidad, cada uno pueda mirar hacia adentro y encontrar en qué está fallando. ¿Cuándo tenemos que decir algo a los demás para que mejoren y cambien, lo hacemos de la misma manera que Jesús en este cuento?

- Analizar las distintas actitudes de la gente: ¿Qué hacen cuándo se enteran que va ir a visitarlos Jesús? ¿Cómo reaccionan cuándo encuentran la palabra "cuidado"? ¿Por qué no borran la palabra? Jesús, para ellos, era alguien importante. Por eso, todo lo que proviene de él, tiene autoridad. Hay veces, que los catequistas queremos que la gente acepte lo que enseñó Jesús, antes de haberse encontrado con él, y haber descubierto que nos ama y siempre quiere nuestro bien, antes de que Jesús sea alguien realmente importante en sus vidas.

- Reflexionar entre todos, que el don del temor de Dios se refiere a este cuidado que hay que tener para no lastimar a nuestros hermanos y cumplir la voluntad de Dios. No es miedo, porque el miedo nos impide actuar y nos hace mal. Es una actitud de estar con los ojos abiertos, atentos, de ir despacio, lentamente, tratando de equivocarnos lo menos posible, pero seguros de que si hacemos algo mal, no debemos escondernos de Dios, ni tenerle miedo, sino volver a empezar, porque él siempre nos da otra oportunidad.

- Momento de reflexión personal:

¿De qué tenemos que tener cuidado cada uno de nosotros?

Entregar a cada participante una hoja que tenga escrito de un lado la palabra "CUIDADO". Cada uno escribe su reflexión del otro lado de la hoja. Tener preparado un corazón hecho en cartulina (El tamaño del corazón depende del número de participantes).

 

Oración

El guía dice:

-Pedimos al Espíritu Santo que nos regale el don del Temor de Dios, para poder actuar con cuidado en nuestra vida. Cada uno de ustedes, va a pasar y pegar el papel que escribieron, con la palabra "CUIDADO" hacia arriba. De esa manera, pediremos al Espíritu que nos de fuerzas y nos anime para caminar por la vida teniendo cuidado, preocupados por hacer el bien y creciendo en nuestra capacidad de amar.

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