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Cuento para trabajar el don de la Serenidad
(otros dones que el Espíritu nos ofrece)

Una semana muy especial / de José M. Balabanián - Ed. San Pablo

por María Inés Casalá
publicado en Diálogo 62

 

Aquel, había sido un año muy duro para José. Tuvo que trajinar y sufrir bastante, pues, fue su peor año económico-laboral. Ni a él ni a su familia les faltó lo imprescindible, pero las deudas, las inseguridades, y los vaivenes del país unidos al cansancio y la "saturación", hicieron que José llegara al verano con el humor alterado.

Aunque intentara disimularlo, no siempre lo conseguía. Sentía una mala predisposición hacia los demás, incluida su familia. Cualquier entredicho con su esposa lo magnificaba; ante las pequeñas rebeldías de su hija mayor reaccionaba como si fueran grandes pecados y con los gritos de su hija menor, directamente creía que terminaría en el manicomio.

José se sentía abrumado, y pensaba que en su casa no podía hacer las cosas que le gustaban, como escuchar música a todo volumen, tocar el órgano, mirar fútbol todos los días o simplemente dormir hasta el cansancio.

Quizás unas vacaciones le hubieran venido bien, pero no podía dejar el trabajo. Así, buscando alternativas y con el tema de las vacaciones rondando, intuyó que su familia podría desenchufarse y disfrutar un poco.

Pensó que podían irse durante una semana, y tal vez por que tenía en cuenta toda la situación (con una rara mezcla de resignación y egoísmo), insistió para que se fueran. Y si bien a su esposa no le gustaba irse sin él, la convenció, sacaron los pasajes y partieron...

José estaba contento porque su familia iba a disfrutar y, a la vez, alegre porque, por una semana, podría hacer lo que normalmente no podía, y así, se "despejaría" de los problemas y del cansancio.

Sin embargo, desde el primer día se dio cuenta que algo no andaba bien... Quiso escuchar música con el volumen alto, y notó que le molestaba a los oídos. Cuando quiso dormir, dio mil vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño; y cuando quiso ver un partido de fútbol, se quedó dormido en el segundo tiempo. Se sentó a tocar el órgano y no se le ocurrió ninguna canción, tampoco le dio resultado intentar con nuevas melodías. Estaba bloqueado. Para colmo de males, sus comidas consistían en: hamburguesas quemadas, arroz sin sal, fideos con demasiada sal, y otras exquisiteces que, ni siquiera las querían comer el perro o el gato.

Con el correr de los días, todos los contratiempos se fueron acentuando. No soportaba el silencio que lo recibía al llegar del trabajo, y se encontraba perdido por no tener a quién contar lo ocurrido en el día.

Caminando por la calle no dejaba de mirar a los niños con sus papás y contaba los días que faltaban para reunirse con su esposa y sus hijas.

Se dio cuenta que durante el año había desperdiciado excelentes oportunidades para disfrutar de su hogar por estar obsesionado por los problemas. "Re-descubrió" el gran amor que sentía y que recibía gracias a la familia que Dios le había regalado.

Las deudas lo seguían acompañando, pero ahora todo su pensamiento y su sentimiento estaban en otro lugar... En medio de su melancolía abrió una Biblia al azar y sintió que, de ahora en más, algo tenía que cambiar, mientras leía: "Allí donde esté tu tesoro, estará también tu corazón"...

 

Comentario:

Este pequeño relato, nos ayuda a reflexionar acerca de muchos temas:

  • ¿Qué actitud tenemos frente a los problemas?
  • ¿Valoramos las cosas o a las personas cuando ya no las tenemos?
  • ¿Somos capaces de pedir ayuda cuando tenemos problemas, o creemos que podemos solucionar todo solos?
  • ¿Tenemos puesto nuestros corazón en las cosas realmente importantes?

Todas estas cuestiones están relacionadas especialmente con la realidad de los adultos, por eso este puede ser un cuento para un grupo de matrimonios o de catequesis familiar, que tengan cierta confianza para poder conversar estos temas entre ellos. También se puede utilizar con los jóvenes que tengan interés en comprender la realidad que viven los padres.

 

Para adultos:

Primer momento:

Comenzar con una oración. Colocar música tranquila. Entregar a cada uno una hoja con dos columnas. Una, bastante más ancha que la otra. En la columna más ancha, cada uno debe escribir todo lo que realiza en un día.

Una vez que lo hicieron, en la más pequeña, hacen comentarios acerca de lo que escribieron. El animador sugiere algún ejemplo: esto lo hago por obligación, me siento mal cuando voy a trabajar, me gustaría poder dedicar más tiempo a charlar con mis hijos pero apenas los veo de noche y estamos muy cansados, me la paso todo el día cambiando pañales, me gusta preparar la cena, me gusta ir a trabajar…

Se debe dejar bien claro que esto no será leido en voz alta.

Segundo momento:

Lectura del cuento.

Profundización: Comentar el relato: personajes, situación, problema, forma de solucionarlo, conclusión. ¿Por que el hombre erró la forma de solucionar el problema? ¿Qué otra solución le propondrían?

Tercer momento:

¿Existe alguna relación entre el cuento y lo que escribieron en la hoja?

¿Vivieron alguna vez una situación similar, aunque más no sea en algún aspecto, o tuvieron algún sentimiento parecido al del hombre del relato?

Cuarto momento:

Leer Mateo 6, 19 - 21.

 

Para jóvenes:

Leer el cuento, realizar la profundización (igual que el segundo momento con los adultos), relacionarlo con lo que ocurre en sus familias y preguntar si ellos pueden aportar algo para que no ocurra, o para mejorar la situación familiar. Realizar la lectura de la Palabra de Dios.

Hacer hincapié en el tesoro que significa la familia y la importancia de cuidarla y la responsabilidad de cada uno para hacerla crecer.

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