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La fiesta de Pentecostés

por Ricardo Stirparo y Horacio Prado

 

«Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto.» Rm. 5, 5.

 

1º momento:

Recordamos qué celebramos en Pentecostés: la Fiesta de Pentecostés era una fiesta judía que se celebraba cincuenta días después de la Pascua (la palabra «Pentecostés» significa «cincuenta»). Era muy importante y convocaba en Jerusalén a muchos judíos que provenían de distintas colonias. Comenzó como una celebración donde se ofrecía a Dios las primicias de las cosechas, pero luego cobró un significado aún más profundo, ya que (en tiempo de Jesús) se celebraba la Alianza de Dios con el pueblo a través de los mandamientos (la Ley de Dios) que recibió Moisés en el Sinaí.

Cuando los apóstoles reciben el Espíritu Santo, que Jesús les había prometido, como nos cuenta Hch.2, coincidentemente los judíos se congregaban en Jerusalén para celebrar Pentecostés. Por esto, la Fiesta cristiana tiene un significado totalmente diferente a la Fiesta judía, sólo coinciden en el nombre. Los cristianos celebramos la venida del Espíritu Santo y el nacimiento de la Iglesia que anuncia la Buena Nueva tanto a judíos como a paganos.

 

2º momento:

¿Qué hizo el Espíritu Santo en los apóstoles?

La muerte de Jesús provocó una gran crisis en los apóstoles, se sintieron desorientados, desesperanzados, frustrados y temerosos. Muchos volvieron a sus ocupaciones cotidianas y parecía que Jesús pronto iba a ser olvidado o simplemente recordado como un profeta más. Sin embargo, al poco tiempo se presentaron públicamente anunciando, llenos de vigor y decisión, que Jesús estaba vivo. Proponemos buscar juntos, en la Palabra, cuál era la situación de los apóstoles después de la muerte de Jesús y cuál su situación después de Pentecostés.

¿Qué hizo el Espíritu Santo en los discípulos?

Antes de Pentecostés

Después de Pentecostés

Lc. 24, 13-24

 

Jn. 20, 19-25

Hch.2, 42-47

 

Hch.5, 21-33

 

 

3º momento:

El Espíritu Santo derrama sus dones en nosotros.

El Espíritu Santo que es Dios, como lo es el Padre y el Hijo, se derrama en la Iglesia, la impulsa y la anima en su misión y en su razón de ser: «vivir y anunciar el Evangelio de Jesús». Para esto el Espíritu Santo nos llena de regalos (dones) que siempre exigen un compromiso y una respuesta de nuestra parte. Comúnmente escuchamos hablar de los siete dones del Espíritu, pero sabemos que este número tiene un significado simbólico (plenitud, perfección) es decir que los siete dones son una expresión de la totalidad de la acción del Espíritu Santo en la Iglesia. Estos están tomados del libro de Isaías (Is.11, 2-4), donde aparecen nombrados: Sabiduría, Entendimiento, Ciencia, Consejo, Fortaleza, Piedad, Temor de Dios.

Si leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, veremos como derramaba sus dones y carismas para la edificación de la comunidad. Algunos ejemplos: el don de anuncio del Evangelio, el don de curar, el don de profecía, el don de lenguas y el don de interpretarlas, el don de socorrer a los necesitados, el don de la hospitalidad, etc. También san Pablo habla de los frutos del Espíritu: amor, alegría, paz, magnanimidad, afabilidad, bondad, confianza, mansedumbre, temperancia...

Pero más allá de los innumerables dones que el Espíritu derrama en su pueblo, lo que el Evangelio nos deja bien en claro es que hay un don que es el más importante y le da sentido a los demás: el don del amor.

Propuesta:

1. Buscar en la Biblia cuáles son los dones que el Espíritu derrama en los cristianos (textos sugeridos: el libro de los Hechos, 1ª Corintios 12 y 13., Gálatas 5. , Efesios 4, Romanos 12, 3-8...)

2. Cada integrante recibirá dos tarjetas que tendrán forma de llama, de lengua de fuego (podrán ser hechas en cartulina), una con su nombre y la otra con el nombre de un integrante del grupo.

3. En la primer tarjeta se invita a escribir que don reconozco que recibí y quiero agradecerle al Espíritu Santo.

4. En la otra tarjeta, que tendrá el nombre de un integrante del grupo, se propone escribir qué don reconozco que hay en él y quiero agradecerle al Espíritu de Dios.

5. Cada uno leerá la primera tarjeta, compartiendo al resto el don que reconoce haber recibido, y la pegará en un afiche que dirá:

Espíritu Santo, quiero dar lo que me diste.

6. Luego, cada participante leerá la segunda tarjeta donde reconoce el don del otro, y se la dará como signo de que los dones son para edificar la comunidad

 

4º momento:

El don necesita una decisión

Luego de haber compartido los dones que el Espíritu nos regala, sugerimos recordar que los dones para que puedan concretarse eficazmente, necesitan de nuestras decisiones, de nuestros compromisos.

Compartiremos divididos en grupos:

- ¿ Qué sentimos cuando nos regalaron la tarjeta con los dones que ven en nosotros?

- ¿Coincide con el don que escribimos en la primer tarjeta?

- ¿Cómo podemos concretamente poner al servicio de los demás, los dones que recibimos?

- ¿Cuál es el mayor obstáculo para que el Espíritu actúe en nuestro grupo?

- ¿Qué decisiones tenemos que asumir para que lo recibido como regalo del Espíritu podamos hacerlo vida?

 

5º momento

El Espíritu Santo nos enseña a orar en comunidad

Terminamos el encuentro cantando y orando, pidiéndole al Espíritu que obre en nosotros tan maravillosamente como lo hizo con los primeros cristianos, y que podamos como ellos decidirnos con toda nuestra vida al anuncio del Evangelio.

«Los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» Rm. 8, 14

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