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Jesús,
maestro bueno,
queremos seguir tus pasos.
Danos tu Espíritu,
para aprender a vivir en la
mansedumbre.
Enséñanos a ser
dóciles
a tu Palabra
para llevar a la práctica
los valores del Evangelio.
Muéstranos el camino
que lleva,
por tu seguimiento,
a ser como tú,
mansos y pacientes de corazón.
Espíritu de Jesús
ayúdanos a tener
un corazón abierto a
todos,
a saber respetar
y ser comprensivos,
a ponernos en el lugar del otro,
a compartir sus alegrías,
sus angustias,
sus dolores y esperanzas.
Queremos ser personas
cercanas,
compañeras,
solidarias,
que sientan con los otros
y vivan la compasión
que nos hace hermano y hermana
de todos.
Queremos ser mansos
y pacientes de corazón
como Jesús.
Necesitamos tu aliento,
Espíritu Santo,
ven a nosotros
y danos este don
tan necesario
y difícil de vivir.
Ser manso como Jesús,
para hacer la voluntad del Padre,
para vivir como servidor de
los demás,
para esperar los tiempos de
los otros,
para respetar los procesos y
los cambios,
para acompañar desde
el silencio
y la presencia activa,
para caminar con y junto
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Ser manso
como Jesús,
que vivió haciendo el
bien,
apasionado por el Reino,
buscando la justicia,
construyendo la paz,
dando la vida
por amor.
Ser manso como Jesús,
que supo perdonar,
que anduvo entre los más
pobres,
que abrió sus manos para
todos,
que hizo suyos
los sufrimientos de los demás.
Necesitamos hombres y mujeres
capaces de vivir la mansedumbre
de Jesús,
que no significa bajar los brazos
o la cabeza ante la injusticia,
ni permanecer indiferentes
ante el dolor, la violencia
y la muerte,
sino disponer y entregar la
vida
para hacer realidad el proyecto
de Dios.
Ayúdanos, Espíritu
de Jesús,
a imitar la mansedumbre
de Francisco, santo de los pobres
y testigo de tu paz;
de Teresa de Calcuta, servidora
de los desposeídos y
sin nombre;
y de tantos testigos,
anónimos hombres y mujeres
nuevas,
que viven mansos
construyendo con sus vidas
el Reino de Dios.
Espíritu de Jesús.
Escucha nuestra oración.
Queremos vivir la mansedumbre
como nos enseñó
Jesús,
pacientes y comprensivos,
serviciales y entregados,
para mostrar con la vida
que Tú nos animas,
nos alientas
y estás vivo entre nosotros.
Marcelo
A. Murúa
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