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Reflexión
de Navidad 2005
María
da a luz a Jesús.
por Marcelo
A. Murúa
" Por aquellos
días salió un decreto del
emperador Augusto, por el que se debía
proceder a un censo en todo el imperio.Este
fue el primer censo, siendo Quirino gobernador
de Siria.
Todos, pues,
empezaron a moverse para ser registrados
cada uno en su ciudad natal. José
también, que estaba en Galilea,
en la ciudad de Nazaret, subió
a Judea, a la ciudad de David, llamada
Belén, porque era descendiente
de David; allí se inscribió
con María, su esposa, que estaba
embarazada.
Mientras
estaban en Belén, llegó
para María el momento del parto,
y dio a luz a su hijo primogénito.
Lo envolvió en pañales y
lo acostó en un pesebre, pues no
había lugar para ellos en la sala
principal de la casa.
En la región
había pastores que vivían
en el campo y que por la noche se turnaban
para cuidar sus rebaños. Se les
apareció un ángel del Señor,
y la gloria del Señor los rodeó
de claridad. Y quedaron muy asustados.
Pero el ángel
les dijo: «No tengan miedo, pues
yo vengo a comunicarles una buena noticia,
que será motivo de mucha alegría
para todo el pueblo. Hoy, en la ciudad
de David, ha nacido para ustedes un Salvador,
que es el Mesías y el Señor.
Miren cómo lo reconocerán:
hallarán a un niño recién
nacido, envuelto en pañales y acostado
en un pesebre.»
De pronto
una multitud de seres celestiales aparecieron
junto al ángel, y alababan a Dios
con estas palabras: «Gloria a Dios
en lo más alto del cielo y en la
tierra paz a los hombres: ésta
es la hora de su gracia.»
Después
de que los ángeles se volvieron
al cielo, los pastores se dijeron unos
a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén
y veamos lo que ha sucedido y que el Señor
nos ha dado a conocer.» Fueron apresuradamente
y hallaron a María y a José
con el recién nacido acostado en
el pesebre. Entonces contaron lo que los
ángeles les habían dicho
del niño. Todos los que escucharon
a los pastores quedaron maravillados de
lo que decían.
María,
por su parte, guardaba todos estos acontecimientos
y los volvía a meditar en su interior.
Después
los pastores regresaron alabando y glorificando
a Dios por todo lo que habían visto
y oído, tal como los ángeles
se lo habían anunciado.
Cumplidos
los ocho días, circuncidaron al
niño y le pusieron el nombre de
Jesús, nombre que había
indicado el ángel antes de que
su madre quedara embarazada.."
Lc.
2, 1-21
Al llegar a
Belén para cumplir con los requisitos
del censo, le llega a María el tiempo
de dar a luz. El evangelio nos dice que
no había lugar para ellos en el albergue,
en esos días Belén estaría
colmado de viajeros, y claro, quien se iba
a fijar en un humilde carpintero y su esposa;
resultarían insignificante entre
la gente. Pero Jesús debía
nacer y contar para ello con un lugar abrigado,
al menos. Así es como arreglan como
pueden un pesebre para que María
de a luz a su hijo primogénito, lo
envuelva en pañales y lo recueste
junto a ella. Podemos pensar la cantidad
de cosas que pasarían por el pensamiento
de María en esos momentos. Entre
el dolor del parto, su sorpresa y desconcierto
ante las cosas de Dios. ¡ Nada menos
que Dios mismo, naciendo aquí en
un pesebre! Por ella no había problemas,
siempre se las arreglaba en lugares humildes.
Pero, Jesús, entre la paja de un
establo....¡Que misterioso son los
caminos de Dios! Es llamativo destacar que,
apenas nacido Jesús, en María
quien lo abriga y lo arropa. Pese a haber
dado a luz allí mismo, no descansa
de inmediato sino que su primera preocupación
es que su hijo este bien. No repara en ella
misma sino que atiende primero a Jesús,
pese al cansancio y dolor que produce cualquier
parto, más en esas condiciones. Ya
desde el nacimiento, María aparece
íntegramente dedicada a su Hijo.
Han pasado largos meses desde aquel día
en Nazareth, donde recibe el mensaje de
la anunciación. Su entrega sencilla
comienza a manifestarse en obras concretas.
Primero esta
Jesús y su misión, todo gira
en torno a él. Incluso su propia
vida, libremente ofrecida para ser la madre
de Dios.
Los primeros
destinatarios de la buena noticia de Jesús,
el Salvador, son los pastores. La posada
estaría llena de gente; algunos,
más importante - o por lo menos más
ricos- que María y José; para
ellos sí había lugar. Sin
embargo, nadie en la posada, ni siquiera
en la ciudad, es advertido del nacimiento
ocurrido. Podemos pensar que quizás
algunos lo hallan conocido, pero sin darle
mas importancia que la de un simple parto.
Máxime teniendo en cuenta que sus
padres eran un sencillo carpintero y su
mujer venidos de lejos.
Para descubrir
a Jesús es necesario una actitud
del corazón, no basta con los sentidos.
Puede ocurrirnos, como a sus contemporáneos,
que pasemos frente a él sin reconocerlo.
Quienes sí descubren a Jesús
son los pastores. Alejados de la ciudad
pasaban la noche en vela. La noticia del
nacimiento los sorprende. La luz del Señor
signo de vida y novedad, los envuelve. Sienten
temor, que más que miedo es respeto
ante las cosas de Dios. También María
había experimentado este sentimiento
ante la venida del ángel. Pero la
presencia de Dios no puede engendrar miedo
sino alegría: No teman, les traigo
una buena noticia, una gran alegría
para todo el pueblo. Los pastores, admirados,
quieren comprobar por sí mismos lo
que habían visto y oído. Se
ponen en camino rápidamente en busca
del niño. Unos a otros comentan:
" Sí, sí; debemos estar atentos.
La señal es un niño recién
nacido, en pañales, acostado en un
pesebre".
Muchos se hubieran
reído ante el anuncio del ángel
o, por lo menos, no hubiesen prestado atención
a sus palabras. Sin embargo, los pastores,
hombres pobres y sencillos, reconocen en
ese mensaje la esperada llegada del Mesías.
Es una gran alegría para todos, la
esperanza de la liberación ha llegado.
Dios no ha olvidado sus promesas. Está
con nosotros. Su nombre es Jesús
y ha nacido en un pesebre. Solo los pobres
del lugar, los pastores de Belén,
tienen conocimiento de suceso. Dios se hace
hombre desde los pobres y son ellos los
primeros destinatarios de su mensaje.
La pobreza
del pesebre y la sencillez de un chiquito
recién nacido son la señal
segura que confirmará el anuncio.
Cosas familiares y cotidianas que los pastores
sabrán ver. Dios que nace pobre y
solo, entre la paja que servía de
descanso a los animales. Los pastores van
a su encuentro cantando alegremente. Lo
reconocen como suyo. Este es el Mesías.
En el pesebre hallan a José, María
y el niño. Felices los que creen
que se cumplirán las promesas de
Dios. Cuentan todo lo que han escuchado
y se marchan alegres alabando y glorificando
a Dios. Han buscado y han encontrado. Desde
aquel día sus vidas serán
distintas. Habrán hallado una razón
para vivir. Jesús, el Salvador está
entre nosotros.
Recostada aun
lado de Jesús brindándole
calor y refugio seguro, María observa
todo lo que pasa. Escucha los relatos de
los pastores y contempla sus rostros alborozados.
Los deja acercar y tocar despacito a Jesús.
Vuelve a mirar sus rostros y los escucha
alejarse entre cantos. Todas estas cosas
las guarda en el corazón y las medita
silenciosa. Forman parte de su ya iniciado
camino hacia el Señor. Muchas resultan
todavía incomprensibles y misteriosas.
Sin embargo, ya habrá tiempo para
comprenderlas; mientras tanto, a seguir
el camino.
Jesús
nace pobre, entre los pobres. Todavía
hoy a muchos le cuesta identificar al Dios
en el cual han puesto sus esperanzas con
este que nace humildemente en un pesebre
porque no hay otro sitio para sus padres.
Esta solidaridad de Dios con los que sufren,
con los que viven marginados, nos interpela
y desafía. Entre nosotros también
existen muchos hermanos que no tienen lugar.
Para ellos no hay sitios en las fabricas
u oficinas, para encontrar trabajo digno;
tampoco en los hospitales para atender su
salud a menudo deteriorada;y cuantos niños
vagan por nuestras calles sin que nadie
se fije en ellos, sin lugar para ellos en
las escuelas (incluso en muchas de enseñanza
"católica"). En todo ellos, verdaderas
multitudes en algunos países, se
hace presente Jesús. Allí
llega, llevado por la virgen y desde allí
es dado a luz. ¿Qué significa
que Jesús nazca entre los pobres?.
¿Cómo hacer de su mensaje una
gran alegría para todo el pueblo?.
¿Qué hacer para que el cristianismo
recupere su sentido liberador y promotor
de una vida mas digna?. Todos estos interrogantes
se esclarecen desde la óptica de
María, la virgen fiel. Para que Jesús
naciera conforme a lo que había sido
anunciado, ella camina varios kilómetros
hasta Belén. Una vez allí
soporta el rechazo y la incomprensión,
de los que teniendo, le niegan un sitio
para alojarse, ¿Irá a instalarse
María con Jesús en nuestros
corazones si no estamos abiertos, si rechazamos
también a los que necesitan?. Sin
quejas, comparte la escasa comodidad del
pesebre y allí da a luz a Jesús,
en solidaridad con los pobres de todas las
épocas. Muchas cosas no comprende
pero las medita en su interior y las acepta
silenciosas. A veces, la voluntad de Dios
no es tan clara como quisiéramos;
pero ella nos enseña a decir sí,
y ponernos en camino.
Jesús
nace pobre. Ellos son los primeros en reconocerlo
a través de una señal que
todavía hoy puede servirnos. Seguramente
en nuestro tiempo no hay pesebres o por
lo menos no son tan comunes como entonces.
Lo importante es descubrir que Jesús
sigue naciendo entre los humildes. Al margen
de los grandes acontecimientos. Quizás
esté en una pequeña villa
o en un hospital o en un Hogar de ancianos
o un instituto de menores. Nos hace falta
descubrirlo y ponernos a su servicio. Para
ello podemos tomar ejemplo de los pastores.
Hacernos pobres con ellos, mantenernos en
vigilia atenta, aprender a discernir los
anuncios que Dios nos hace a diario solo
desde un compromiso de vida y acción
por los demás podremos hacer del
evangelio una gran noticia de esperanza
y alegría para todos. Es preciso
cambiar el corazón, descubrir dónde
está Dios y, simplemente, practicar
el amor. Como María.
María,
en el nacimiento, entrega lo mejor de sí,
su hijo, a los hombres. Vive su maternidad
con alegría y entrega fiel al plan
del Padre. Comienza una larga etapa en su
camino de fe, que culminará frente
a la cruz en el calvario. En ese momento
María entregará totalmente
a su hijo, para que desde la muerte nos
conduzca a la vida verdadera. Desde su nacimiento
la madre irá preparando a Jesús
para esa hora, e irá ella también
preparándose para acompañarlo
en su misión.
De la madre
aprendemos a compartir lo mejor para bien
de todos los hombres. Aprendemos a desprendernos
de las cosas, y aún de lo que amamos
para seguir los caminos de Dios y procurar
realizar su voluntad. De ella tomamos fuerzas
para comprometernos con nuestro pueblo,
sus dolores, sufrimientos y esperanzas.
En medio de él queremos gestar la
venida de Jesús. De María
aprendemos a dar la vida por los que nos
rodean y vivir para los demás. Ella
alimenta nuestro trabajo por un mundo mejor,
donde brille claramente la luz de Jesús,
el Salvador.
María,
Tú nos enseñas
Que Jesús nace hoy
También entre los pobres.
Tu presencia viva
Entre los que sufren
Nos estimula a dar la vida
Por Jesús y nuestro pueblo.
Enséñanos a sufrir con
los que sufren
Y a esperar con los que esperan,
Y a trabajar firmemente
Por hacer de nuestro mundo
un sitio donde haya
lugar para todos,
para vivir dignamente
todos y no unos pocos. . |
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