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Los encuentros
con padres
por María
Inés Casalá
Si bien es sabido
que los padres son los primeros catequistas,
aquellos que tenemos a cargo la catequesis
de niños y jóvenes nos encontramos,
muchas veces, sin saber como atraerlos e
integrarlos al proceso de crecimiento en
la fe de sus hijos.
Desde el Magisterio
de la Iglesia se nos alienta a que debemos
ayudar a los padres a cumplir con su cometido
ya que «el servicio que prestan a la
catequesis es inestimable» (C.T. 68).
La pregunta que
nos surge es cómo insertar a los
padres en este proceso.
No es fácil
ya que, por un lado debemos luchar contra
nuestros propios prejuicios («a los
padres no les importa la fe de sus hijos»,
«los padres depositan a sus hijos en
la parroquia para sacárselos de encima»,
«los padres mandan a sus hijos a un
colegio religioso para que otros se ocupen
de educarlos en la fe», etc.).
Por otro lado
está la crisis de fe que viven estos
padres que los hace alejar de todo lo que
tenga que ver con la Iglesia o con Dios.
También
son muchos son los agentes de pastoral que
evitan el encuentro con padres por temor
al cuestionamiento que éstos puedan
hacer.
Debemos partir
de una premisa: los encuentros con padres
son necesarios.
Digo encuentros
y no reuniones.
La palabra encuentro
nos habla de un fin común y de un
intercambio de sentimientos y opiniones.
El encuentro invita, la obligación
no lleva al compromiso ni a la participación.
Un primer encuentro
con padres es una instancia fundamental,
tanto para ellos mismos como para la parroquia
o escuela, ya que es el primer contacto
formal con el catequista y, a través
de éste, con la pastoral sacramental
o catequística.
Esto requerirá
la presentación de nuestro trabajo,
nuestros criterios y nuestro modo de encarar
la catequesis, como así también
nuestras expectativas enmarcadas dentro
del proyecto pastoral de la parroquia o
de la escuela.
Este primer encuentro,
a su vez, nos servirá para obtener
un primer diagnóstico respecto a
las familias.
Para tener en
cuenta:
Debemos siempre
planificar el encuentro. Esto significa
tener claro cual es el objetivo: informar,
conocerse mutuamente, generar confianza,
etc.
Prever un espacio
amplio para no obstaculizar la comunicación.
No debe ser,
en tiempo, extenso; entre 60 y 80 minutos
está bien.
El encuentro
debe sentirse como necesario y útil,
o sea que no este vacío de contenido
o que provoque la sensación de que
se ha asistido por cumplir o que se ha perdido
el tiempo.
Un encuentro
con padres también es un encuentro
catequístico.
Es necesario
tener una comunicación clara: usar
términos sencillos y comprensibles.
Si se usa una terminología especifica,
necesaria para presentar algún tema,
la debemos acompañar con una explicación.
Es necesario
bajar las ansiedades de los padres anticipando
los temas que más les preocupan.
Cuanto más
seguros estemos y nos presentemos nosotros,
más confianza provocaremos en los
padres.
Pasos a seguir:
Cuidar y atender
nuestra propia presentación en lo
que respecta a formación, experiencia,
capacitación, etc.
Conocer las
características del grupo a cargo:
etapa evolutiva y religiosa.
Comunicar los
objetivos y como se insertan en la pastoral.
Modalidad y
metodología de trabajo.
Aspectos formales:
normas de funcionamiento, reglamento interno,
formas de comunicación, etc.
Dar un espacio
para preguntas y respuestas espontáneas.
Terminar el
encuentro con una actividad que deje un
mensaje para los chicos.
Si usamos una
dinámica debemos recordar que debe
ser para facilitar, favorecer y provocar
la comunicación y no para entorpecerla.
No toda dinámica sirve para todo
grupo. Debemos tener una cierta experiencia
en su manejo para no provocar situaciones
que dañen al grupo.
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