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Introducción
a la Historia de la Iglesia
por Clara
Freitag
A partir de hoy
nos proponemos escribir Historia de la Iglesia
para los lectores de Diálogo. Y para
eso, comencemos preguntándonos: ¿Qué
es la Iglesia? Y también ¿quiénes
son la Iglesia?
Para José
Lortz, historiador y eclesiólogo,
«
la Iglesia es Cuerpo místico
de Cristo. Cristo es su cabeza. La Iglesia
es Cristo mismo que continúa viviendo.
Es pues una realidad divina. Esto la hace
objetivamente santa, una, inmutable (idéntica),
incomprensible. Como organismo vivo su principio
vital es el Espíritu Santo. Su vida
fundamental es Jesucristo, la gracia divina».
¡Qué
hermosas palabras! Uno está tentado
a preguntarse enseguida: ¿dónde
se da esa realidad tan teológica
y tan ideal? ¿En la tierra o en el
cielo? Pero lo contesta el mismo historiador
y eclesiólogo «... los miembros
de este cuerpo son hombres, es decir, seres
sumergidos en el tiempo, sometidos a la
evolución y al cambio; como comunidad,
la Iglesia fue fundada por Dios en Pentecostés».
Queda bien claro:
«Ustedes serán mis testigos
en Jerusalén, en Judea, Samaría
y hasta los confines de la tierra»
(He. 1,8) .
A su vez, san
Pablo en la carta a los Romanos, al hablar
del Misterio de Cristo que él anuncia,
dice que este misterio pasa por tres etapas
o tiempos: tiempo de Israel (guardado en
secreto); tiempo de Cristo (manifestado)
y tiempo de la Iglesia (dado a conocer).
Corresponde pues, a la Iglesia -tercer tiempo-
anunciar este misterio de Cristo a todos
los hombres... Para eso fundó Jesús
la Iglesia.
¡Este misterio
de Cristo! Para el historiador, el eclesiólogo,
el teólogo, el canonista, en fin,
para cuantos creemos en Jesucristo: ¿en
qué consiste este misterio?, o con
otras palabras: ¿qué deben anunciar
los testigos? Lo que han visto y oído:
«Estos hombres no están ebrios
-dice Pedro a los que se van reuniendo el
día de Pentecostés- ...¿por
qué se asombran?».«El Dios
de nuestros padres ha resucitado a Jesús,
al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo
del patíbulo. A él Dios lo
exaltó con su poder»... según
«estaba escrito en Moisés y
los Profetas». De esto «somos
testigos». Y más adelante: «...
conviértanse y que cada uno se haga
bautizar en el nombre de Jesucristo, para
remisión de nuestros pecados».
Ya no queda duda,
la Iglesia es de este mundo, sus miembros
son hombres y este elemento humano la inserta
en la evolución y en el cambio.
Se trata, por
lo tanto, de «una evolución
orgánica, natural y lógica
no caprichosa, desarticulada, mecanicista»,
aclara otro historiador, Huber Jedin. Sin
la idea y el concepto de evolución
en el tiempo, no es posible comprender la
Iglesia ni su historia. Ella es sujeto (hace)
y es objeto (es estudiada). Y eso de que
es sujeto y objeto se llama Historia de
la Iglesia.
Es probable que
a más de uno puede cruzarle por la
mente: ¿es tan importante conocer la
Historia de la Iglesia? Tan importante era
para los Padres de la Iglesia primitiva
que tenían como norma: «ignorar
la Historia de la Iglesia es ignorar a Cristo»;
y según Norbert Brox, historiador
contemporáneo: «en los últimos
doscientos años de la Historia de
la Teología se ha ido viendo con
toda claridad que no puede darse el proceso
cognitivo de la teología sin la historia
de la Iglesia,... (porque) ... no se puede
renunciar a la idea de que cristianismo
e Iglesia presentan múltiples modalidades
históricas, y esa idea ha transformado
la teología» .
¿Pero qué
es la Historia? Y más concretamente,
¿qué es la Historia de la Iglesia?
¿Qué necesita el historiador
para escribir Historia de la Iglesia?
Será tema
para nuestro próximo artículo.
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