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El cuento en la Catequesis
El banquete de la sabiduría
por María
Inés Casalá
La Sabiduría
había decidido realizar un banquete
e invitar a los que quisieran concurrir.
Confeccionó tarjetas y las tiró
por debajo de las puertas de las casas,
por la noche.
Las invitaciones
decían:
Estimado amigo,
el próximo sábado, a la una
de la tarde, realizaré un gran banquete
al cual estás invitado. La mesa estará
preparada. El vino servido, el caldo caliente
y el pan recién salido del horno
estarán esperándote.
Firmado: La Sabiduría.
Por la mañana,
las reacciones de las personas fueron diversas.
Algunos creyeron que era una broma y rompieron
las invitaciones. Otros, al ver que no tenía
dirección donde concurrir, pensaron
que muy sabio no era alguien que invitaba
a un banquete y no ponía el domicilio.
Hubo también, quienes no leyeron
la tarjeta porque creyeron que era un volante
publicitario de los tantos que recibía.
Fueron pocos
los que consideraron la invitación.
Esos, decidieron que no podían dejar
de pasar esa oportunidad y se quedaron pensando
cómo podrían llegar si no
figuraba la dirección.
Durante ese día,
comentaron con otros su inquietud y descubrieron
que había otros que pensaban como
ellos.
Decidieron reunirse
en la plaza del pueblo el sábado
por la mañana, apenas saliera el
sol, para buscar el lugar en el cual se
iba a realizar el banquete. Se dividieron
de dos en dos para buscar mejor. Si alguien
encontraba el banquete, debía volver
para informar a los demás. A las
once de la mañana, a más tardar,
debían estar de regreso en la plaza.
Cuando se reencontraron,
nadie había podido ubicar el lugar
donde se celebraría el almuerzo.
Estaban cansados
de buscar, con hambre, y sin nada para comer.
Entonces, uno
de ellos, que vivía cerca de la plaza,
invitó al resto a su casa. Allí
tenía harina, levadura y agua.
Podrían
preparar el pan y comerlo allí. Otro
se ofreció a ir a buscar unas botellas
de vino, otro un poco de carne, y otros,
verduras para hacer caldo. Algunos encendieron
el horno, otros amasaron, otros cortaron
las verduras, otros pusieron la mesa, y
otros se dedicaron a cantar para animar
a los que preparaban la comida. Cuando las
campanas de la iglesia estaban dando la
una, se sentaron en la mesa y comieron el
caldo con pan caliente, recién sacado
del horno. ¿Qué habrá
pasado con la Sabiduría? ¿Se
habrá quedado sola? preguntó
uno.
Ese día
disfrutaron un verdadero banquete entre
risas, conversaciones y cantos.
Como seguramente
te habrás imaginado, la Sabiduría
no se había quedado sola, también
reía y se alegraba desde el corazón
de cada uno de los que habían descubierto
el valor de la amistad y una sencilla comida
compartida.
Para reflexionar
el cuento
1 - Leemos el
relato.
2 - Conversamos
en torno a estas preguntas:
¿Cómo
fueron las reacciones de las personas?
¿Cómo hubiéramos reaccionado
nosotros?
¿Recibimos
alguna vez una invitación extraña
como esta?
El mensaje
de Jesús es una invitación
diferente para el mundo de hoy. ¿Qué
diferentes respuestas hay a la propuesta
de Jesús?
¿Cuál
es la nuestra? ¿Cómo podemos
hacer para vivir su mensaje?
3- Analizamos
juntos:
¿Qué
entendemos por sabiduría?
¿Cómo
podemos tener sabiduría?
¿Es necesaria
para vivir?
Explicamos que
la sabiduría nos permite descubrir
qué es lo verdaderamente importante
en la vida.
¿Qué
consideramos indispensable para vivir? ¿Cómo
lo conseguimos, protejemos, cuidamos?
¿Qué
otros valores descubrimos en el relato?
(Organización, búsqueda, amistad,
fiesta, alegría, compartir...).
¿Cómo
vivimos esos valores?
¿Cómo
los hacemos crecer?
¿Hacemos
algo por multiplicarlos y cuidarlos?
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