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Ayudando
a crecer
¿Qué escuchamos cuando escuchamos?
por Joaquín Rocha
Cuenta una leyenda sufi que un hombre, cuyo matrimonio funcionaba bastante mal, le preguntó a su maestro qué hacer para solucionar la crisis.
El maestro le dijo: «Tienes que aprender a escuchar a tu mujer».
Dicen que el hombre se tomó muy a pecho este consejo y, al tiempo, volvió para decirle que había aprendido a escuchar cada una de las palabras que decia su mujer.
Entonces el Maestro le dijo: «ahora vuelve a tu casa y escucha cada una de las palabras que ella no dice».
La enseñanza de este cuento es bien clara: escuchar bien lleva menos tiempo y es más eficaz que escuchar mal. Muchos de nosotros estamos acostumbrados a oir, pero no a escuchar.
Escuchar bien es comprender e interpretar lo que el otro intenta comunicar. Centrarnos más en lo que se nos dice y no en suponer lo que se nos va a decir. Es disponernos psicológicamente, teniendo en cuenta, no sólo las palabras sino en la forma que se dicen. Manteniendo una retroalimentación activa Ya sea mediante palabras o gestos de aceptación.
La escucha activa implica entender el punto de vista del otro.
Esto llevará o estimulará a la otra persona a seguir comunicándose pues la persona que se siente escuchada se siente aceptada. Existen dos tipos de conversaciones, la externa y nuestra conversación interna.
Si mantenemos una conversación con nosotros mismos mientras conversamos con otro, dejamos de escucharlo.
Es importante ayudar a descubrir la importancia de la escucha activa en los grupos que tenemos a nuestro cargo ya que los integrantes entran en una relación de mayor comprensión mutua, respeto e interés reciproco. Se generan así relaciones sanas de mutua atención.
La escucha activa es una auténtica forma de amar. Con la dinámica siguiente podemos involucrar a jóvenes o adultos en el tema.
Hago que te escucho
Objetivos:
• Observar las dificultades en la comunicación.
• Observar actitudes que echamos en falta cuando queremos sentirnos escuchados y no sucede.
• Reflexionar sobre la actitud que tenemos cuando hablamos y sobre las actitudes que necesitamos para sentirnos escuchados.
Participantes:
• El número de participantes es indeterminado. La actividad se puede realizar en todo tipo de grupos, adaptándola a sus necesidades (niños, adolescentes y adultos).
Duración:
• Aproximadamente 30 minutos.
Lugar:
• Puede realizarse en espacios abiertos o cerrados
Desarrollo:
Se divide al grupo en dos subgrupos, a los cuales el animador dará una serie de indicaciones para que cada uno de los grupos desempeñe.
Uno de los subgrupos va a desempeñar el papel de no escuchar. Intentarán cambiar de tema, sin escuchar al compañero e incluso sin acompañar la conversación. El otro subgrupo intentará contar su problema «muy personal», sin saber la reacción de sus propios compañeros.
Una vez que todos hayan entendido su rol a desempeñar, se formarán parejas tomando los dos integrantes, uno de cada subgrupo. Intentarán actuar según el papel que les ha sido asignado («el que cuenta el problema» o «los que no escuchan»). Es importante establecer un tiempo de no más 5 minutos para esta parte de la dinámica.
En plenario se les pedirá a los «no escuchados» que expresen lo que sintieron. El otro subgrupo no deberá opinar. Luego se les dice a estos últimos que comenten cual fue el problema que les fue contado.
El grupo en general, acompañado por el animador, sacará conclusiones y podrá hacer un decálogo sobre el buen escuchar.
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