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El cuento en la Catequesis
Río Tormentoso
por María
Inés Casalá
En una región montañosa, cada verano, al deshielarse las cumbres, el agua bajaba con gran fuerza arrastrando todo lo que encontraba a su paso.
Cierta vez, unos chicos que estaban paseando, hicieron un campamento cerca del río, porque desconocían el peligro que corrían.
Tampoco sabían lo que significaba el sonido de la sirena que escucharon a media mañana y, cuando se dieron cuenta, ya era tarde, porque el río crecía rápidamente.
Algunos quedaron sobre una piedra sin poder moverse, viendo cómo el agua subía cada vez más.
Cerca de ahí, vivía un joven que escuchó los gritos de auxilio, fue hasta el galpón, tomó la soga más fuerte que encontró y se encaminó hasta el río.
Ató una punta de la soga a un árbol y la otra, a su cintura. Sin pensarlo dos veces, revoleó las alpargatas, se sacó la camisa, se tiró al agua, y fue rescatando de a uno a los chicos que habían quedado sobre la piedra.
El esfuerzo que realizó fue agotador y luego de rescatar al último, cayó desmayado a la orilla del río.
Cuando despertó en el hospital, se encontró rodeado de regalos, de flores y personas que lo aplaudieron por su valentía.
A partir de ese día, la vida del joven cambió.
Lo llamaban de las escuelas para que contara lo que había hecho, le hicieron reportajes en la radio y en la televisión, le dieron premios, e, incluso, recibió mucho dinero de personas agradecidas y un muy buen puesto en la municipalidad. Con la plata ganada se compró ropa de cuero, botas, muchas pulseras y cadenas de oro.
Dos años más tarde, la historia se volvió a repetir, y el joven corrió nuevamente hasta el río. Sin embargo, esta vez, cuando quiso sacarse rápidamente las botas y los pantalones de cuero, no pudo.
Se tiró al agua, así, pero, entre la ropa y las cadenas, se quedó sin fuerzas cuando sólo quedaba un chico sobre la piedra. El río crecía y cada vez era más peligroso. Entonces, tomó una gran decisión. Sacó un cortapluma del pantalón y lo cortó, se sacó las botas, las cadenas y las pulseras, y se ató junto con el chico a la soga. Así, tirando entre los dos, llegaron a la orilla.
Para reflexionar
el cuento
Para pensar después de leer el relato
• Los chicos no pudieron reconocer los signos de peligro porque no estaban preparados para eso. En la vida, nos puede pasar algo similar. A veces no sabemos distinguir diferentes «señales». Señales de que alguien nos quiere, o que nos necesita; incluso señales de la presencia de Dios en el mundo.
1 - ¿Alguna vez nos pasó algo así?
2 - ¿Qué tenemos que hacer para reconocer las diferentes señales?
• Trabajamos duro en la vida para ser lo que somos y para conseguir lo que tenemos. Sin embargo, a veces, es necesario dejar de lado gustos personales para obtener un bien mayor.
• ¿Qué hubiera pasado si el joven no se desprendía de la ropa, de las botas y de las joyas?
• ¿Qué cosas nos preocupan y no nos dejan ver lo realmente importante?
• Comentamos si vivimos alguna experiencia de “desprendimiento”.
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