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Ayudando a crecer
Hablando de cuentos

 

por María Inés Casalá

 

 

Un cuento es un relato de ficción poco extenso que utiliza el mínimo número de palabras para transmitir el máximo de intensidad emocional. Lo mas importante al contar un cuento, es el hecho de que la historia no termina con la palabra fin sino los diálogos que se motivan a partir de él. J. C. Pisano, en su libro Dinámicas de grupo para la comunicación (Bonum) dice: «El cuento utilizado como recurso de comunicación grupal puede ser motivación para un debate, punto de partida para un trabajo grupal o síntesis de un tema que se ha expuesto o trabajado (...) tienen (los cuentos) la magia de un atractivo especialísimo y permanecen en la memoria con mayor facilidad que cualquier otro tipo de discurso». Esto se debe a que los oyentes, sin darse cuenta, relacionan los hechos relatados con su vida y su experiencia.

Es interesante destacar, también, como el cuento fomenta la reflexión, la escucha activa y el juicio crítico. La interpretación de un cuento siempre va a depender de nuestro estado de animo, juicios, circunstancias, y nuestro ser especial. En un cuento es tan importante el relator como quien lo escucha. Tanto uno como otro deben dejar aflorar sus emociones ante el relato. Como dice El Talmud «No vemos las cosas tal como son, sino tal como somos».

Los invito a leer este cuento entre catequistas, lideres de grupo y de comunidades educativas.

 

Sólo dos preguntas alcanzan para promover el debate y la reflexión:

¿Qué de parecido o qué de diferente tiene este cuento con nuestra realidad?

¿A qué nos comprometemos este año?

 

El billete de veinte pesos

(versión libre de un viejo cuento sufí titulado La jarra de vino).

 

Pazazul es un pueblo del interior. Como todo pueblo tiene una plaza con grandes árboles y una cuidada fuente, que los días festivos es iluminada. En el centro se levanta la figura de una mujer con un cántaro del cual cae el agua que alimenta la fuente y bajo el otro brazo, un atado de trigo.

Pazazul es un pueblo de dos mil quinientas familias que viven del campo. Es lo que podríamos llamar un pueblo agrícola.

Desde hacia varios años, la intendencia, está en manos de don Rafael.

Don Rafael es un buen intendente pero, por sobre todo, es un buen hombre. Siempre atento a las necesidades de su pueblo. Y si Pazazul hoy es una floreciente comuna se lo debe a su sabia administración y a los impuestos que rigurosamente siempre pagaron sus habitantes.

La puntualidad y el cumplimiento hicieron que varios años la intendencia tuviera superávit.

Esta fue una de las razones por la cual, después de una larga charla con su amigo y tesorero comunal, don Rafael decidiera abolir el pago de impuestos. Sólo pediría veinte pesos por familia para solventar los gastos de la comuna, como única contribución en dos años.

Para un día de diciembre, entre Navidad y Fin de año, invitó a todo el pueblo a concurrir a la plaza donde encontrarían una gran alcancía en forma de urna para depositar allí el sobre con la suma requerida. La noticia fue anunciada en el diario, la radio del pueblo y por una carta personal de don Rafael a cada una de las familias. La decisión fue recibida con gran alegría y no hubo reunión en la que no se brindara por don Rafael y su idea.

Llegó el día de la contribución. Desde temprano empezaron a llegar las familias; alguno de los integrantes llevaba el sobre con el dinero.

Uno a uno se acercaban a la gran urna para depositarlo. Para llevar un control, el tesorero, entregaba un prendedor con la leyenda: «Nosotros colaboramos», a cada integrante de la familia

Una vez que todos hicieron su aporte, comenzó un festival que don Rafael había preparado en honor a la conciencia cívica de su pueblo.

Terminada la fiesta, la urna fue trasladada a la oficina de la Tesorería y, esa misma noche, fueron abiertos los sobres. Con gran sorpresa encontraron que, en cada uno de ellos, había un billete de dos pesos y no de veinte, como había sido pedido.

Don Rafael no salía de su asombro. Llamó inmediatamente a su encargado de prensa, a los directivos de la radio y del diario pueblo para ver si se habían equivocado al transmitir la noticia. Pero no había habido ningún error.

&endash;¿Cómo pudo pasar esto?&endash; se preguntaba don Rafael en voz alta.

Su amigo, el tesorero, le respondió: «los habitantes de Pazazul cayeron en su propia trampa. Seguro que, antes de salir de su casa se dijeron: ¿y si pusiera un billete de dos en lugar de uno de veinte? Nadie va a notar que fui yo. ¡Un solo billete de dos pesos entre tantos! Nadie se enterraría jamás. Salvo un pequeño detalle: todos pensaron lo mismo.

 

 

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