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El cuento en la Catequesis
Retrato
por María
Inés Casalá
Marita quería
seguir a Dios con todo su corazón.
Cierta noche soñó que llegaba
a una gran galería de arte, en donde
la estaba esperando un señor que
parecía ser el encargado.
&endash;Sabemos
que querés servir a Dios - le dijo
- yo soy Pedro y te voy a mostrar todos
los cuadros que hay en esta galería,
así vos elegís al Señor
que querés servir.
Marita entró
en la galería y se quedó maravillada
por la cantidad de retratos que había
colgados de las paredes.
&endash;Éstos
son todos los dioses que adoran los hombres
-le explicó Pedro-, elegí
tranquila y después me llamás.
Marita comenzó
a caminar mientras miraba las distintas
obras.
Un retrato mostraba
a Dios en medio de truenos y relámpagos,
otro, como un abuelo al que los nietos le
estaban saltando encima.
Algunos no los
entendía, otros, la asustaban.
Los cuadros estaban
enmarcados en oro o piedras preciosas.
Marita estaba
desconcertada. Se quedaba un rato frente
a cada retrato y ninguno la convencía.
Los que menos
le gustaban eran los que representaban a
Dios como un juez o un policía con
una libreta de multas en la mano.
Casi al final
del pasillo, Marita se quedó parada
frente a un gran marco de madera. Pedro
se acercó y le preguntó si
ya había encontrado al Dios que quería.
- Sí,
éste- dijo Marita señalando
hacia adelante.
- Ese no es un
cuadro, es una ventana, desde ella vemos
el paisaje- dijo Pedro sorprendido.
- Ya lo sé
-contestó Marita. - Yo quiero servir
al Dios
que hizo todo esto para que nosotros lo
disfrutemos y lo cuidemos. Quiero seguir
al Dios que me creó por amor y me
dio un corazón como el suyo para
que pueda responder a ese amor.
- ¡Qué
sabia tu elección!
- ¿Por qué?
-preguntó Marita
que no estaba tan segura de haber elegido
bien.
- Porque este
Dios que descubriste en la creación,
el que dejó su huella en tu interior,
es el único que existe.
Marita se despertó
sabiendo dónde debía buscar
a Dios.
Para reflexionar
el cuento
Primer momento:
Entregamos a
cada participante una hoja en blanco y le
pedimos que realice un dibujo que exprese
alguna característica del Dios en
que cree.
Por ejemplo,
si cree que Dios quiere que le demos algo
a cambio de lo que él nos ofrece,
podemos dibujar un comerciante. Es conveniente
dar la menor cantidad de ejemplos para que
las personas puedan pensar más libremente.
También
deben dibujar el marco del cuadro.
Segundo momento:
Se pegan los
trabajos en la pared de tal forma que los
participantes puedan circular por la sala
y verlos al mismo tiempo que, en silencio,
escriben cuál le gusta más
y por qué, con cuál se sienten
identificados y con cuál no y qué
descubren de nuevo en cada trabajo...
Se pone en común
lo que escribieron o pensaron al recorrer
las imágenes de Dios.
Tercer momento:
Se lee el relato.
En pequeños
grupos, piensan cómo podrían
realizar un «retrato» de Dios
que sea significativo para los integrantes
del grupo.
Cuarto momento:
¿Cómo
podemos adentrarnos cada día más
en el misterio de Dios?
(Ayudados por
la comunidad, leyendo la Biblia, participando
de la Eucaristía, reazando...).
Hacemos una oración
pidiendo a Dios para que cada día
podamos estar más en intimidad y
comunión con él.
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