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Educación Sexual
El papel de la familia en la educación sexual de los
hijos
porJosé Luis Castro y Elda Luisa Vieytes
A muchos padres nos produce una gran preocupación el nivel
de erotización que viven los hijos; diariamente somos testigos
de mensajes distorsionados a través de imágenes, letras
de canciones, internet
; mensajes poco sanos para que ellos
puedan recorrer un camino que les permita ser jóvenes libres,
responsables y capaces de establecer relaciones sociales
sólidas y vivir plenamente el amor humano.
Los más expuestos son los niños y adolescentes que
no cuentan con un acompañamiento familiar que los ayude a
discernir críticamente lo que reciben. Es muy probable que
estos chicos, en un futuro no muy lejano, paguen un doloroso costo en
sus relaciones afectivas.
Ante esta realidad social, muchos padres prefieren que sea la
educación formal, la que se haga cargo. La escuela puede hacer
un valioso aporte pero, son los padres los primeros y fundamentales
educadores, ya que son modelo para sus hijos y es en el hogar donde
se desarrollan profundos lazos afectivos y se vivencian valores
positivos.
Hay padres que no tienen confianza en su capacidad para formar y,
sobre todo, informar positivamente en esta dimensión del amor
y la sexualidad; pero, si ellos trasmiten y comparten la experiencia
de la vida afectiva, ayudan a desarrollar la capacidad de amar. Es
importante también que, además de esta actitud, muy
valiosa per se, puedan recurrir a fuentes de información que
les aporten elementos e ideas para satisfacer las inquietudes de sus
hijos.
¿Qué podemos cambiar para que nuestros hijos tengan un
proyecto de vida feliz?
Creemos que es fundamental enseñarles, desde que
están en el útero materno, a desarrollar plenamente su
mundo afectivo;
¿Cómo lo logramos? Dándole cantidad y calidad
al tiempo que estamos con ellos.
Entendemos por cantidad, obviamente, estar realmente el mayor
tiempo posible. Por calidad, tener un diálogo franco y
sincero, que se sientan queridos, estar siempre abiertos para
escucharlos, tener palabras y gestos de aliento, estimularlos,
valorar sus esfuerzos y no solamente sus triunfos, marcar
límites, enjuiciar sus acciones y no a ellos, ser
cariñosos y expresarles cotidianamente nuestro afecto y ser
ejemplos de varón y mujer íntegros.
Educar en esta dimensión del amor y la sexualidad es
ofrecer a los hijos la máxima posibilidad de ser una persona
feliz, que pueda vivir plenamente su sexualidad y expresar el amor
humano solidaria y responsablemente, donde el otro siempre merece
respeto.
Educar es formar e informar para que los hijos crezcan en la
verdad con capacidad crítica; para esto, no debe faltar el
marco ético y valorativo de la información
proporcionada.
Como padres, siempre debemos responder a las pequeñas pero
importantes cuestiones que plantean los niños, púberes
y/o adolescentes; esto les da tranquilidad y seguridad en la
construcción de ser varón o mujer.
Iniciar tempranamente el diálogo con nuestros hijos sobre
el tema del sexo y la sexualidad, siempre es altamente productivo ya
que previene o evita menoscabar o sobrevalorar estos aspectos de la
persona.
Como el hombre es un ser integral y ama con su cuerpo, su psiquis
y su espíritu, un pilar fundamental en la educación, es
estar convencidos de que lo mejor para los hijos es desarrollar la
capacidad de respeto por su propia persona y por la del otro, y que
sean capaces, de acuerdo a su edad, de decidir por si mismos y
desarrollar plenamente su capacidad de amar.
Educar en el amor y la sexualidad no se limita a informar sobre el
funcionamiento del aparato reproductor, métodos
anticonceptivos, el embarazo adolescente, o como evitar el sida u
otras enfermedades de transmisión sexual
Se debe trascender a una información que se focalice
sólo en lo biológico e individual y apuntar a formar
personas que, además de conocer todo esto, puedan desarrollar
plenamente su mundo afectivo. En definitiva, es importante lograr que
lo emocional y lo racional operen en ajustada armonía y
equilibrio.
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