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Historia
de la Iglesia
La Historia y la Historia de la Iglesia
por Clara
Freitag
«... como todo trabajo histórico, intenta reconstruir
por métodos rigurosamente científicos, lo más
objetivos posibles, el pasado de la sociedad eclesiástica, su
evolución a través de los siglos y los rasgos
particulares que la caracterizaron en cada época, según
cabe llegar a ellos mediante las huellas que ese pasado ha dejado en
los documentos escritos, en los monumentos arqueológicos y en
otras fuentes sometidas al tamiz de la crítica
histórica elaborada por generaciones de eruditos. El
historiador de la Iglesia [pues nos ha de] describir las
vicisitudes concretas de esa Iglesia, situándolas en el marco
más general de los acontecimientos profanos, sin ninguna
intención apologética o edificante, movido por el
afán de mostrar y explicar, según la fórmula de
Leopold von Ranke (1795-1886), was geschehen ist (lo que
sucedió) (cfr. Nueva Historia de la Iglesia, I, p. 19). Ranke
es considerado padre de la Historia científica. [vemos que
la historia como ciencia es una disciplina joven, lo cual tiene sus
consecuencias ...] ...en el marco más general de los
acontecimientos profanos...»; lo que implica tener en cuenta
toda la Historia ... y no pretender que la Historia de la Iglesia
pueda escribirse aislada, «ella solita»... Desde que existe
la Iglesia, no se puede hacer historia seria sin tenerla en
cuenta
: por ejemplo, la Historia tendrá que considerar,
cuántas comunidades cristianas desaparecieron con el
Huracán Sunamy...
Pero avancemos un paso más y recordemos lo que el papa
León XIII (1878-1903) dijo a los historiadores de todas las
confesiones, el 18 de agosto de 1883, al abrir los Archivos del
Vaticano a la investigación: «...que tengan sobre todo,
presente en el espíritu, que la primera ley de la historia es
no atreverse a mentir; la segunda, no temer decir la
verdad...».
A través de los siglos
En el año 30 comenzó la Iglesia
, ¡y
estamos en el 2006! ¡Debemos describirla en todos estos siglos,
y con «los rasgos que la caracterizaron en cada
época»; la tarea que nos espera parece abrumadora; o si
lo tomamos con optimismo, ¡hay mucha tela que trabajar! Sabemos
que quien quiere construir un edificio, ha de preparar buenos
cimientos...
Si queremos entender nuestra Iglesia de hoy, habrá que
comenzar por conocer muy bien la Antigua: ésta nació en
el Imperio Romano, y debió abrirse paso, en ese contexto
político-religioso... Pero, ¡además sabemos que
comenzó dentro del judaísmo!, oriundo de Ur de Caldea
cuando Yavé llamó a Abrahán,
constituyéndolo «padre de un gran pueblo».
Según los planes de Dios (Rom 16, 25-26), la naciente Iglesia
tendrá que expandirse, por todo el mundo: poco a poco
deberá ir elaborando estructuras propias para mantenerse; no
podrá descuidar ningún aspecto de su vida de fe, tanto
hacia adentro cuanto hacia el mundo que la rodeaba; por ende,
estará atenta a las infiltraciones heréticas y
deberá asumir las controversias teológicas para dejar
en herencia, a las generaciones futuras, entre las que nos contamos
nosotros, la fórmula del Credo; deberá enfocar los
progresos positivos: un conocimiento más profundo de la Verdad
Revelada, la historia de la evolución de los dogmas... y
tantos otros aspectos.
Nuestro primer objetivo pues, será ver cómo se
difundió la Iglesia dentro del Imperio Romano y más
allá de sus fronteras; cómo «los Testigos»
(He 1,8) actuaron el mandato misional, que implicaba sustituir el
particularismo judaico por el universalismo cristiano: comprender que
el antiguo pueblo de Yavé debe ser sustituido por el nuevo.
Cuáles fueron las «grandes líneas de fuerza»
que la han ido marcando... En términos generales, conocemos la
actividad evangelizadora de Pablo, gracias a sus cartas y a Hechos de
los Apóstoles: tiempos cronológicos, nombre de las
comunidades fundadas, la persecución de los judíos que
no le perdonaron su conversión a Cristo; sus incansables
viajes...
Pero, ¿sabemos algo de la actividad de los demás
apóstoles?
Agotados los grandes temas de la antigüedad (30 a 313) hemos
de empalmar con la Edad Media, esa época tan vituperada hoy,
pero que, sin embargo, fue la que terminó de evangelizar
Europa; ¿tenían razón los romanos al decir que
«La Historia es la maestra de la vida»?, y más
aún los Padres de la Iglesia Primitiva cuando
insistían: ¿desconocer la Historia de la Iglesia es no
conocer a Cristo...?
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