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Historia
de la Iglesia
La evangelización de los demás apóstoles
por Clara
Freitag
Anteriormente dijimos que, gracias a Lucas tenemos Hechos de los Apóstoles que, básicamente, nos cuenta cómo y dónde evangelizó Pablo. Pero, ¿contamos con fuentes para poder hablar de los demás apóstoles?
Sí, no tan prolijamente elaboradas como la trama del apóstol Pablo, pero sí, para espigar y buscar elementos y datos certeros...
El primer paso que hemos de dar, es abrir nuestro horizonte mental-geográfico conocido, y tratar de comprender lo que significa que los documentos redactados en griego y para griegos, -como lo es Hechos de los Apóstoles- se muestran interesados preferentemmente por el desarrollo de la Iglesia en el mundo pagano occidental… cuando, en realidad, la misión cristiana se desarrolla igualmente en el mundo pagano oriental, cuya lengua cultural era el arameo: Transjordania, Arabia, Fenicia, Celesiria, Adiabene y Osroene.
Para ello, hemos de comenzar por conocer a quienes antes de nosotros, con conciencia de creyentes, se ocuparon de estos temas, y hasta desde muy antiguo.
Como especialista de la Iglesia primitiva, Adalbert Hamman, escribe: «La evangelización se amoldaba a las estaciones de la navegación y a los ritmos de las paradas en los puertos, en las que los barcos fondaban, reponían vituallas (víveres) y vendían sus cargamentos, avanzando de área en área, de promontorio a islas y de islas a promontorios» (…) «utilizaban los mismos navíos». Pero, ¿tendremos fuentes para hacer estas afirmaciones? ¡Veamos!
En primer lugar queremos dar a conocer un personaje interesante como lo fue Eusebio de Cesarea: Nació entre los años 260 a 264, en Cesarea. Sabemos que, al menos, su madre ya era cristiana. Pero toda su formación se la debe a otro personaje, no menos interesante, de nombre Pánfilo quien, habiéndose formado en Alejandría, volvió a su patria Cesarea y, ordenado presbítero, fundó una escuela de investigación... Todos datos que nos suministra el mismo Eusebio. Lo más probable es que, detrás del traslado, la ordenación y la fundación de la escuela, como afirma Argimiro Velasco Delgado, O.P., en el prólogo de la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea, haya que colocar al obispo de Cesarea, Agapito, que relacionó entre sí estos elementos... Agapito, siendo elegido obispo, después de una serie de obispos discípulos de Orígenes, fue quien ordenó presbítero a Pánfilo para que continúe frente a la Biblioteca fundada por Orígenes. El nuevo director pensó en su reorganización, en completarla y, mediante los métodos filológicos aprendidos en Alejandría se propuso reconstruir y fijar el texto de la Biblia ya realizado por Orígenes. Se rodeó, además, de un grupo selecto de colaboradores a los que un día -cuya fecha aun nos es desconocida - se les asoció Eusebio.
Este grupo estaba unido por una misma pasión: estudio y amor por las Escrituras, pero sobre todo el mismo ideal de vida cristiana: siguiendo la línea iniciada por Orígenes, llevaban vida comunitaria.
Rodeado por ese medio ambiente, fue acumulando Eusebio un material exegético, apologético e histórico, casi todo de primera mano, proveniente de autores paganos, judíos y sobre todo, de cristianos.
De sus varias obras nos interesa aquí la Historia eclesiástica: en ella quiere dar a conocer todo lo que él considera que «puede interesar a un cristiano, obispo, clérigo o laico (…) sobre los comienzos de la Iglesia» y merece ser salvado para la posteridad. Se limita a reunir material eclesiástico del pasado, que es material sobre la vida de la Iglesia.
Prescindiendo de su carácter apologético en los siete primeros libros, y «panfletario» en los tres últimos, su mérito mayor radica en que pone directamente a nuestro alcance la riqueza incalculable de toda esa documentación, amén de haberlo salvado de la destrucción. Su historia eclesiástica se definirá como «reunión o acopio de material eclesiástico».
Apenas logramos abrir una callejuela para ir tomando contacto con los valiosos datos que éste y otros estudiosos pusieron a nuestro alcance, entre ellos, Jean Daniélou quien nos adelanta que el problema de los orígenes es siempre difícil en la historia, porque los primeros protagonistas están más preocupados por hacer historia que por escribirla. Y para determinar los hechos con rigor científico, se requieren documentos de archivo y monumentos arqueológicos... pero «a falta de documentos que ofrezcan datos históricos concretos, los primeros siglos cristianos nos brindan una herencia literaria de una impresionante variedad»...
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