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Editorial
Influencia de los medios de comunicación social
en la formación de la conciencia moral de los niños (4)

por María Inés Casalá

 

«Entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en estos tiempos, el ingenio humano, con la ayuda de Dios, ha extraído de las cosas creadas, la madre Iglesia acoge y fomenta con especial solicitud aquellos que atañen especialmente al espíritu humano y que han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas de todo tipo. Entre tales inventos sobresalen aquellos instrumentos que, por su naturaleza, pueden llegar no sólo a los individuos, sino también a las multitudes y a toda la sociedad humana, como son la prensa, el cine, la radio, la televisión y otros similares que, por ello mismo, pueden ser llamados con razón medios de comunicación social».

Así comienza el decreto Inter Mirífica sobre los medios de comunicacióón social del Concilio Vaticano II. Los medios de comunicación, en sí mismos, no son buenos ni malos. Depende de lo que las personas hagamos con ellos. Hay que utilizarlos para comunicarse, informarse, investigar o, simplemente, divertirse. El objetivo de este artículo, es tomar conciencia de la influencia de los medios de comunicación social en la formación de la conciencia moral y cómo ayudar a los niños para que contribuyan a un desarrollo saludable de su persona.
Los padres son responsables de lo que «consumen» sus hijos. Nunca se les ocurriría darles de comer un chocolate o un huevo frito a los cuatro meses de vida; les dan las vacunas y los remedios aunque lloren y, si por casualidad, les quieren regalar un libro, nunca comprarían la Historia Argentina de Félix Luna para un niño de nueve años. Antes, consultarán con el librero acerca de qué título les recomienda y, seguramente, aceptarán su consejo. En muchas situaciones de la vida de los hijos, sus padres resuelven por ellos porque son los que saben realmente qué les hace bien.
A medida que crecen esto irá, poco a poco, modificándose. ¿Por qué no se actúan así en otras situaciones similares cuando los hijos todavía son pequeños? ¿Por qué algunos padres dejan ver a su hijo de cinco años (esto es real) La Pasión de Mel Gibson o a chicos de diez, El Código da Vinci? ¿Por qué los dejan chatear libremente y durante horas aún cuando saben que a través de ese medio se acostumbran a mentir, a insultar impunemente a sus compañeros y que no están comunicándose verdaderamente? Los padres son responsables de lo que sus hijos reciben a través de los medios y deben protejerlos. De la misma forma que son responsables de su crecimiento físico, lo son de su desarrollo intelectual y afectivo. No se debe tener miedo a decir «no», esa película no es para vos, todavía no podés comprenderla porque hay cosas que no sabés, historias que desconocés; no tenés las herramientas necesarias para discernir qué es lo que es cierto, de lo que es novela; para ver que lo que ocurre en esa pelíícula es una interpretación del director o simplemente que el lenguaje no es el apropiado para tu edad. Los niños identifican el no poder ver una película o un programa de televisión, con lo sexual o con expresiones groseras. El verdadero problema es que no fue pensado para ellos y utiliza un lenguaje que no pueden comprender, de la misma forma que no pueden entender un libro de biología que utilizan chicos cuatro o cinco años más grandes. Los padres deben decir lo que piensan, conversar con los chicos y, por último, tomar la decisión que crean conveniente, no pueden lavase las manos diciendo que los niños deben tomar sus propias decisiones.
Sólo se puede ser libre cuando se es conciente de las posibilidades entre las que se puede elegir y el beneficio o el mal que puede ocacionarle a él y a los que lo rodean, una determinada decisión.
No se trata de ser autoritario, sino de ser padres responsables que buscan el bien de sus hijos.
Los docentes (y los padres también) deben enseñar a desarrollar el espíritu crítico, el lenguaje de los medios, qué muestra, qué dicen, que ocultan o callan, para poder comprenderlos. Hacerles descubrir que siempre se ve a través de los ojos del director. Él selecciona los ángulos, la porción de realidad que se ve en un noticiero o en cualquier otro programa y que el espectador no tiene acceso a toda la información. Parece algo evidente, pero no siempre se es conciente de esto aunque habría que saberlo. Muchos niños creen que lo que dice la televisión o ven en una película es la única y total realidad.
«A algunas horas del día o de la noche, millones estamos mirando televisión en una misma ciudad o en un mismo país. Esta coincidencia de visión produce algo más que puntos de rating. Produce, a no dudarlo, un sistema retórico cuyas figuras pasan al discurso cotidiano: si la televisión habla como nosotros, también nosotros hablamos como la televisión. En la cultura cotidiana de consumo más fugaz, los chistes, los modos de decir, los personajes de la televisión forman parte de un cajón de herramientas cuyo dominio asegura una pertenencia; quien no las conoce es un snob o viene de afuera». (Beatriz Sarlo, Escenas de la vida posmoderna, ed. Ariel, 10º edición, pág, 86).
La televisión toma de la vida cotidiana pero, a la vez, construye cultura, crea o destruye valores por eso, los docentes, deben ayudar a los chicos para que disciernan acerca de lo que les parece correcto, y  tengan criterios para decidir si lo que proponen los medios está conforme a su escala de valores. Deben educarlos para que no tengan miedo de ser diferentes o de «quedar fuera» de los grupos más «populares». Siempre van a encontrar a otros que quieran tomar sus propias opciones, decidir acerca de lo que se quieren poner y tengan propuestas diferentes, al boliche y la cerveza, para el sábado por la noche.
Para muchos, aparecer en la televisión o en una revista, haciendo cualquier cosa, es existir. Que otros los vean, es lo que les da existencia. Llegar al trabajo o a la escuela y que les digan que los vieron o mostrar la revista en la cuál salieron con ropa ajena y en la casa de otro, es lo que a muchos, los hace sentir vivos. Por eso, a pesar de saber qué es lo que está bien, aceptan otro tipo de vida.
Los diferentes medios de comunicación pueden interferir en la formación de la conciencia moral si se lo permite y esto, se les debe enseññar a los niños.
Nosotros tenemos el control, apretemos los botones adecuados para cambiar de canal y para apagar el televisor y así, tener tiempo para reflexionar acerca de lo que vimos o realizar otras actividades.

 

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