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Educación Sexual
El amor y la sexualidad humana (2)

 

porJosé Luis Castro y Elda Luisa Vieytes

 

Desde el nacimiento vivimos distintas experiencias de amor: Amor de los padres, de los abuelos y familiares, de los maestros, de los amigos… que nos van ayudando a desarrollar nuestra capacidad de amar.
Con los demás se aprende a desplegar:
• la capacidad de apertura,
• la capacidad de aceptar al otro tal cual es,
• la capacidad de sacrificarse por el otro,
• la capacidad de alegrarse por el encuentro,
• la capacidad de alegría por el éxito del
  otro (vencer egoísmo, celos y envidia).

Dimensiones del amor:

Amor-Eros (Eros, dios griego del amor).
Eros es, para los antiguos griegos y romanos el amor sexual y sensual. Desde un enfoque dualista, el amor-eros, no nace del espíritu sino del cuerpo (es el instinto, la forma más primitiva y desbordada del amor humano).
Esta visión dualista y racionalista la hemos sufrido hasta entrado el siglo XX distorsionando la verdadera visión del hombre y el amor sexual. Hoy desde un enfoque personalista «el hombre es realmente el mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima; el desafío del eros puede considerarse superado cuando se logra esta unificación. Si el hombre pretendiera ser solo espíritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad. Si, por el contrario, repudia el espíritu y por tanto considera la materia, el cuerpo, como una realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza» (Benedicto XVI, D. C. E.).
Teniendo en  cuenta esta unidad íntima, debemos rescatar la riqueza de esta manifestación primera del amor: el amor eros, que es ternura, sensibilidad, que despierta el deseo hacia la persona amada porque es atrayente y agradable. Amor eros, es el amor atracción (lo físico, la simpatía, la voz, el perfume, el peinado, etc.). Es el que provoca el enamoramiento, la fascinación, es la chispa que enciende el camino hacia el amor maduro. Es el amor deseo que impulsa a salir de sí para ir al encuentro íntimo con el otro, para ser una «sola carne»; es el que atrae a los que se aman para una unión sexual cuyo fin es la fecundación. El amor eros lleva a la conservación de la especie.
Ahora, si bien,  es un amor interesado, que busca a la otra persona porque le gusta, despierta su deseo, le causa placer;  no hay que confundirlo con pornografía (comercio y consumismo del sexo). Benedicto XVI, en el documento citado expresa: «El eros, degradado a puro sexo, se convierte en mercancía, en simple objeto que se puede comprar y vender; más aún, el hombre mismo se transforma en mercancía.
Ni la carne ni el espíritu aman: es le hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma. Sólo cuando ambos se funden verdaderamente en una unidad, el hombre es plenamente el mismo. De este modo el amor eros puede madurar y, en búsqueda,  tiene que interactuar con el amor ágape, amor gratuidad, amor desinteresado.

El amor ágape
Es el amor que busca al otro por lo que es el otro,  busca el bien del amado, sin buscar respuesta; es un amor desinteresado, gratuito que completa y enriquece al amor eros.
Si no se supera la etapa erótica del amor, se queda atrapado en un amor posesivo alienando al amado y cosificándolo.
El amor ágape ama porque el otro  es una persona y toda persona es digna de amor; no lo ama porque lo necesita o porque es útil, sino por generosidad, por necesidad interior de compartir, de gozar, de comunicar, de servir a esa persona, (o de servir a una institución, a un proyecto, a un país, a la humanidad, a Dios). El amor ágape es ocuparse y preocuparse por el otro. Ya no se busca  a si mismo para alcanzar su propia felicidad, sino ansía la felicidad del otro, y está dispuesto al sacrificio para alcanzarla. Descubre los valores del otro y se pone a su servicio para que el otro se realice; respetando su libertad  y su proyecto de vida.
En «Deus Caritas Est» el Papa aclara: «En realidad eros y ágape, nunca llegan a separarse completamente. Cuanto más  encuentran ambos, aunque en diversa medida, la justa unidad en la única realidad del amor, tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor en general».
Si bien el eros inicialmente es sobre todo vehemente, fascinación por la gran promesa de felicidad, al aproximarse la persona al otro se planteará cada vez menos cuestiones sobre sí misma para buscar cada vez más la felicidad del otro, se preocupará de él, se entregará y deseará ser para el otro. Asimismo, el hombre tno puede vivir exclusivamente del amor oblativo. Dar únicamente y siempre; también debe recibir.
Eros y ágape se complementan constituyendo una realidad básica de la existencia humana: el amor maduro o verdadero.

El amor maduro o verdadero
Constituye una única realidad en la unión madura de eros y ágape; si bien, según los casos, puede sobresalir una de las dimensiones, no pueden separarse completamente.
Para crecer, para madurar como personas, necesitamos dar y recibir y, a la vez,  recibir y dar. Nos hace felices mimar a otro pero también nos gusta que nos mimen, necesitamos  que a veces nos reconozcan (en la familia, en el trabajo) donde damos lo que somos para el bien de los demás
Necesitamos amar y ser amados. El amor eros y el amor ágape suponen y completan el amor a si mismo. El amor humano es toda esta realidad.
Yo puedo amar porque de algún modo me siento amado y puedo brindarme porque experimenté que se brindaron conmigo.
El amor, se inicia en el acto creador de Dios (O. Martín y E. Madrid, pág. 305).

 

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