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Historia
de la Iglesia
¿Fueron diez las persecuciones?
por Clara
Freitag
Durante mucho tiempo, era común que los historiadores de la Iglesia hablaran de diez persecuciones. Pero no todos los autores estaban de acuerdo con esta afirmación, pues ni eran sólo diez las acciones del Imperio Romano, ni los emperadores perseguidores, desde Nerón hasta Diocleciano, fueron sólo diez. Hubo mártires bajo otros emperadores y en el siglo II la persecución siempre estuvo latente: bastaba una acusación de parte de la plebe, para que los cristianos fueran convocados ante el tribunal.
¿Cómo se llegó a esta afirmación de diez persecuciones?
La primera formulación de diez persecuciones se halla en Orosio (¿390-418?) historiador y teólogo hispanolatino, discípulo de san Agustín. En su obra Historiae adversus paganos (Historia contra los paganos) 1, VII, narrando una breve historia de los emperadores, califica como 1er perseguidor a Nerón, 2º Domiciano, 3º Trajano, 4º Marco Aurelio, 5º Septimio Severo, 6º Maximino Tracia, 7º Decio, 8º Valeriano, 9º Aureliano, 10º Diocleciano y Maximi-niano. Dado que después de Diocleciano no se desencadenó ninguna otra persecución, Orosio escribe que las diez persecuciones corresponden a las diez plagas de Egipto, simbolizadas en las diez nuevas plagas, que golpearon al pueblo cristiano; y que, así, como los egipcios fueron sepultados en el mar, también los paganos que suscitaron esta persecución -al final de los tiempos- serán castigados con el fuego eterno, junto con su jefe, el Anticristo.
Apenas una década después, san Agustín pone en evidencia la debilidad histórica y teológica de la tesis de Orosio: ...que no tuvo en cuenta las persecuciones antes de Nerón, causadas por los judíos, tampoco las acciones hostiles de Julián el Apóstata y las persecuciones por parte de los Godos y Per-sas. Respecto de la última persecución, afirmaba que vendrá, pero todavía no se sabe cuándo (De civitate Dei, 18, 52. La Ciu-dad de Dios-). O sea, para san Agustín no es el caso de fijar un número preciso de persecuciones, porque ya hubo algunas antes de Nerón y las habrá también después.
Con esto se plantea un problema: La enumeración de diez persecuciones ¿solamente intenta establecer un paralelismo con las plagas de Egipto, y representa la determinación cronística de los hechos históricos, es decir, el acontecer real de las persecuciones?
O al elegir diez persecuciones, ¿los historiadores cristianos lo hicieron para darle un valor o significado simbólico, o también quisieron hacer crónica?
La respuesta a ambas preguntas se obtiene del criterio diverso que usaron los escritores cristianos y los escritores paganos, al juzgar el conflicto entre el Imperio y el cristianismo. En cuanto a las autoridades romanas, éstas mantenían el mismo principio: custodiar las instituciones de los antiguos, defender el orden público y moral e impedir delitos y tumultos populares. Los escritores paganos en general, apenas mencionaban los conflictos del Estado Romano con el cristianismo.
Entre los cristianos, en cambio, prevalece otro criterio: ellos sabían que las persecuciones son un elemento necesario en la propagación de la fe y de la vida misma de los cristianos. Ya lo había dicho Jesús en sus predicaciones y lo leían en las epístolas de san Pablo; tampoco era novedad que este estado de cosas duraría hasta el fin del mundo, cuando estallaría la última gran persecución. Por ende, los cristianos contaban con la persecución, y calificaban de persecución las hostilidades de las autoridades judías y las violencias de algunas ciudades paganas; en esas persecuciones veían un argumento para su fe, el cumplimiento de las predicciones de Jesús, o incluso, signos de que se acercaba el fin del mundo. Con esta mentalidad, establecieron una relación entre las persecuciones, como se puede constatar en los testimonios cristianos más antiguos, frente a las intervenciones del gobierno imperial contra el cristianismo.
La Carta del papa Clemente (90/92-101[?]) compara entre lo que habían sufrido los apóstoles Pedro y Pablo y muchos fieles bajo Nerón (54-68) y lo que sufrieron los cristianos bajo Domiciano (81-96).
Los Apologistas del siglo II intentaban justificar la religión cristiana y defenderla contra las calumnias y acusaciones, y piden para ellos, al menos el derecho de existir: Cuadrato y Arístides mencionan vejaciones bajo el emperador Adriano. Justino y Atenágoras hablan de persecuciones bajo Antonino Pío y Marco Aurelio. Melitón de Sardes habla de persecuciones sólo bajo Nerón y Domiciano (ver Eusebio, HE 4, 26, 5-11). Además, inaugura la tesis de presentar como perseguidores a los emperadores odiados por los paganos.
En síntesis, de la carta de Clemente y los Apologistas, recabamos que Nerón y Domi-ciano fueron perseguidores; a Trajano, se lo disculpa en cierto modo, y bajo Marco Aurelio hubo una persecución. De modo que los escritores del siglo II ya enumeran al menos cuatro persecuciones: bajo Nerón, Domiciano, Trajano y Marco Aurelio.
Alguno también menciona a Adriano y Antonino Pío y ya se cuentan cuatro, cinco o seis persecuciones hasta fines del siglo II.
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