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Editorial
Evaluar la primera mitad del año
por María
Inés Casalá
Apenas pasados unos días después de mitad de año, es deseable pensar qué hemos hecho, qué hemos logrado, qué nos falta y en qué hemos fallado durante este tiempo. Para hacerlo, propongo cuatro pasos:
1.- Descubrir nuestros talentos:
Cada uno, en su actividad pastoral, laboral o familiar, ha sido llamado para algo. Dios nos ha dado una misión y, por lo tanto, hemos recibido de él los dones necesarios para llevarla a cabo. Por esto, el primer paso será descubrir estos dones y reflexionar acerca de cómo los hemos puesto al servicio de la tarea que Dios nos encomendó.
Si hacemos esta reflexión con el equipo de catequesis, cada uno puede ir diciendo algún don que tenga y que pone al servicio de la catequesis en la parroquia o en la escuela.
2.- ¿Qué imagen tenemos de Dios?
Se pueden dar varias definiciones de catequesis pero, cualquiera sea la preferida, no hay dudas de que su fin es poner al otro no sólo en contacto, sino en intimidad con Jesucristo. No se llega a creer a través de un aprendizaje, sino por la experiencia del encuentro con Jesús y con Dios Padre. Por eso, es necesario repensar quién es Dios para cada uno y cómo lo presentamos.
¿Cuál es nuestra imagen de Dios? ¿Cómo la hemos ido modificando a través del tiempo? ¿Hemos recurrido a la comunidad para hacer crecer esta imagen de Dios? ¿Lo sentimos como Padre? ¿Es para nosotros un tesoro? ¿Con qué Dios queremos que se encuentren nuestros chicos y jóvenes? ¿Qué Dios les transmitimos a través de nuestras actitudes y palabras?
3.- ¿Qué nos dice la primera Iglesia?
Para reflexionar, vamos a tener presente el texto de Hechos 4, 1-21 del cual reproduzco sólo algunas frases que nos pueden ayudar a repensar nuestra misión.
«… irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús».
¿Qué anunciamos? ¿Cuál es el contenido de nuestra fe? ¿Qué contenidos han llegado al corazón de los niños o jóvenes? ¿Qué deberíamos profundizar más? ¿Qué les ha permitido encontrarse más con Jesús? ¿Hemos anunciado la resurrección y la vida eterna?
«Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil».
¿Por qué nos cuesta llegar a algunos chicos si el mensaje del Evangelio es bueno y verdadero? ¿Qué falla? ¿Por qué hoy no se convierten de a cinco mil personas?
«¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso? Pedro, lleno del Espíritu Santo, …».
¿Con qué poder anunciamos? ¿Invocamos al Espíritu Santo, ponemos nuestra catequesis en sus manos?
«Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura».
¿Por qué hablaban con seguridad a pesar de ser personas de poca cultura? Hoy nosotros hacemos hincapié en la cultura, en el estudio, en el profesionalismo, ¿qué nos estará faltando?
«A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre. Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús. Pedro y Juan les respondieron: …nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído».
Pedro y Juan no podían callar lo que han visto y oído. Nosotros no hemos visto a Jesús de la misma forma, pero tenemos su promesa de que seremos felices por creer sin ver y, sabemos que aunque no hayamos compartido largas caminatas o tardes de pesca con el Señor, podemos ser testigos de su amor y de su resurrección. ¿Tenemos la misma fuerza de ellos para anunciar a Jesús? ¿Podemos callar lo que hemos visto y oído? ¿Nos hemos preocupado por ver y oír a Jesús en los otros, en su palabra y en los signos de los tiempos?
4.- ¿Qué nos dice el Evangelio?
Elijamos un texto que nos guste y que hayamos reflexionado. Un texto que ya conozcamos pero, ahora lo vamos a releer pensando en nuestra misión de catequistas. Por ejemplo, a mí me gusta leer o hacer memoria del texto del bautismo de Jesús. Imaginarme cómo habrá sido, lo que habrá sentido Juan cuando vio a Jesús dispuesto a entrar al agua, imaginar los motivos que habrá tenido Jesús para pedir el bautismo, descubrir los sentimientos que había entre esos dos primos engendrados de forma tan especial y con misiones tan definidas. Después de haberme metido en ese momento de la vida de Jesús, pienso cómo habrá sido mi propio bautismo. Estoy segura de que después de caer el agua en mi cabeza no se escuchó ninguna voz del cielo -mi madre me lo hubiera contado-, pero, en lo más profundo de mi corazón, todavía resuenan las palabras que Dios me dijo ese día: «eres mi hija muy amada en quien tengo puesta mi confianza». Él me encomendó esta misión: ser catequista, y, si él confía en mí, estoy segura de que voy a salir adelante.
Que el texto elegido, se convierta en oración de petición y de agradecimiento por lo recibido a través del Señor.
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