|
Enviar a sus amigos
Historia
de la Iglesia
Las persecuciones en el siglo Primero (continuación)
por Clara
Freitag
El incendio de Roma
El incendio estalló en la noche del 18 al 19 de julio del año 64. Duró 6 días y 7 noches. Comenzó en el Circo Máximo y se fue propagando por el viento, hacia el foro de Trajano, el Palatinado, el monte Celio.
Destruyó enteramente 3 de las 14 regiones en que Augusto había dividido la ciudad y dañó seriamente otras 7. Solamente 4 regiones se conservaron intactas.
Según los historiadores contemporáneos, Plinio el Viejo, Claudio Rufo y Flavio Rústico, el autor del incendio fue Nerón. Tampoco los autores cercanos, como Tácito, Suetonio o Dion Casio, lo atribuyen a los cristianos. Todos unánimemente retienen que el autor del incendio fue Nerón.
Suetonio relata los rumores de la opinión pública de este modo: “Nerón no respetó a su pueblo ni a su ciudad... Con la excusa de la fealdad de su edificación y la estrechez y tortuosidad de sus calles, prendió fuego a Roma ... Testigos veraces sorprendieron a criados suyos con teas y estopas ...
Graneros situados dentro del solar de su casa de oro, fueron derribados con máquinas de guerra y abrazados ... Ardieron palacios de antiguos generales todavía repletos de trofeos; templos de dioses del tiempo de los Reyes y de las Guerras púnicas y Gálicas ... Nerón contempló el incendio desde la torre de Mecenas e “inspirado - según dijo - por su belleza”, vestido de su traje de teatro, recitó el incendio de Troya (de las Eneida) .... Prometió retirar por su cuenta escombros y cadáveres, para quedarse con los bienes que pudieran rescatarse...”(Suetonio, Vida de Nerón 38, en: Vida de doce Césares).
Los hechos debieron desarrollarse más o menos en este modo. El incendio estalló en el Circo, se propagó rápidamente a las regiones vecinas... Nerón estaba en su palacio veraniego de Ancio. No retornó a la ciudad sino cuando el fuego se acercaba a su palacio. Extinguido el incendio, abrió el Campo Marzio, los huertos de su villa sobre la colina vaticana (Huertos de Cayo) y el monumento de Agripina, para cobijar a los damnificados. Hizo construir barracas; traer toda clase de objetos de las comunas vecinas; bajar el precio del trigo. Pero el malestar del pueblo no se aplacaba, puesto que corría la voz que Nerón, no sólo había ordenado el incendio, sino que, mientras la ciudad ardía, él, desde lo alto de una torre, había cantado la destrucción de Troya. Se hablaba de esclavos del emperador que con teas encendidas ayudaban a propagar mejor el incendio.
Entonces Nerón, captando que todas las previsiones adoptadas a favor de los damnificados, no los calmaba, pensó en buscar chivos expiatorios que identificó en los cristianos; éstos ya gozaban de mala fama, y en los últimos años eran el objeto de todas las calumnias y habladurías que se suelen atribuir a sociedades secretas. Pero “...ni la astucia humana ni las larguezas imperiales ni los sacrificios a los dioses nos relata -el historiador Tácito- lograban alejar la sospecha de que el incendio había sido ordenado por Nerón.
Para extirpar los rumores, Nerón inventó procesos criminales. Las víctimas escogidas, a las que ejecutó con refinados tormentos, fueron aquellos sujetos aborrecidos por sus infamias, a quienes el vulgo llamaba cristianos. Este nombre proviene de Cristo, que fue sentenciado a la pena capital por el procurador Poncio Pilatos durante el gobierno de Tiberio.
Reprimida en un primer momento, esta perniciosa superstición de nuevo irrumpió no sólo por Judea, lugar de origen de este mal, sino por la Urbe misma, adonde suele confluir cuanto de peor hay en algún lado.
Se comenzó por arrestar a los que confesaban ser cristianos. Luego tras las indicaciones de estos, fue procesada una gran cantidad de personas, no tanto por crimen de incendio sino por odio al género humano (“odio generis humani”).
Se los ejecutó de manera afrentosa: cubiertos con pieles de animales salvajes, se les chumbaban perros feroces, que los destrozaban con los dientes; eran clavados en cruces (con las túnicas empapadas de pez y resina) y se los encendía al anochecer para que hiciesen de luminarias nocturnas (en el Circo). Para este espectáculo Nerón había habilitado sus propios jardines, y participaba en los juegos circenses paseándose vestido de cochero o conduciendo su carro. Por eso que a los cristianos, aunque reos y merecedores de la pena capital, se les tenía lástima.
¡Daba la impresión de que no se los eliminaba por razones de seguridad, sino para satisfacer la crueldad de un tirano!” (TACITO. XV, 44).
Por tanto, la persecución fue una distracción, el medio del que se valió Nerón para desviar de sí la acusación del incendio, y funcionó a la perfección: puso en juego elementos con los que podía saciar la avidez de los romanos, con la astucia de todo tirano.
Enviar a sus amigos
 |
Publicaciones Bíblicas Semanales |
|
BuenasNuevas le ofrece dos publicaciones bíblicas semanales para orar, reflexionar y estudiar el evangelio de cada domingo.
¡Para que la fuerza transformadora de la Palabra llegue a todos! |
|
Lea los Testimonios de las personas y comunidades de todo el mundo que utilizan nuestras publicaciones bíblicas para animar la Catequesis y Pastoral Bíblica. |
|
 |
Curso
para Catequistas a distancia
Conozca esta oportunidad de actualizarse
y crecer en su fe para mejorar su misión
pastoral.
7 diócesis de Argentina, cerca
de 100 colegios de Argentina y México
y decenas de parroquias en Argentina
y varios países de América
Latina están trabajando con este
curso.  |
|