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El cuento en la Catequesis
Guardar todo en el corazón
por María
Inés Casalá
En un barrio de la ciudad, había una gran escuela que ocupaba más de una manzana. Tenía cerca de treinta y cinco chicos por aula y, en total, había más de quinientos. Marcela era maestra de primer grado desde hacía dos años y, dada la cantidad de alumnos, no conocía a los de años superiores. Cierta vez que faltó una maestra, la directora le pidió que, en su hora libre, fuera a cuarto a reemplazar a su compañera.
Marcela fue y dio la clase de matemática.
Durante unos minutos explicó la tarea y, después se sentó en el escritorio e iba llamando a los chicos para preguntarles si habían entendido todo y si tenían alguna duda. Cuando estaba conversando con Mechi, se dio cuenta que no paraba de mirarla.
–¿Qué pasa? ¿Por qué me mirás así?
–Tenés los ojos pintados con rimmel violeta. ¡Nunca vi ese color en las pestañas! ¿Por qué te pintaste así?
–Porque me gusta, contestó Marcela, la maestra. ¿Te desagrada?
–No sé..., es raro.
Esa conversación terminó y siguieron hablando de los problemas para resolver.
Marcela no tuvo más a ese grupo, aunque sí permaneció en el colegio, y cada vez que se veían, saludaba a Mechi con una sonrisa.
Pasaron los años y, cierta vez, que Marcela estaba caminando por la plaza, se le acercó una chica con el pelo teñido de varios colores y un aro en la nariz.
–Hola, seño ¿Cómo está? ¿Me reconoce? ¿Se acuerda de mí?
Marcela hizo un esfuerzo buscando ese rostro en su memoria. ¡Había tenido tantos alumnos!
–¡Mechi! Hace mucho que no te veía. ¡Qué cambiada estás! ¡Qué alegría encontrarte!
Se sentaron en un banco y conversaron durante largo rato. En el momento de despedirse, Marcela dijo:
–Pensar que hace muchos años me dijiste que era raro el color con el que me pintaba las pestañas y ahora te pintaste tu pelo de tres colores.
–¿Cómo se acuerda de eso?– dijo Mechi, verdaderamente asombrada.
–Porque me pareció maravilloso que fueras tan sincera. Por eso, a pesar de no tenerte como alumna nunca más, siempre me acordé de vos.
Mechi se fue sumamente extrañada. ¿Cómo podía ser que Marcela hubiera guardado ese sencillo recuerdo durante tanto tiempo?
(Cuento publicado en la Hojita del Domingo 2004, Ed. San Pablo)
Para reflexionar
el cuento
• ¿Qué cosas guardamos en nuestro corazón?
• ¿Guardamos buenos recuerdos o malos recuerdos?
• ¿Somos rencorosos?
• ¿Es lo mismo ser memorioso y rencoroso?
• ¿Se solucionan los problemas «olvidándolos»?
Para hacer:
Armar la grilla colocando los «pedacitos» que faltan de las palabras; después, pensar cómo se relaciona cada una de esas acciones con la idea de preparar nuestro corazón para descubrir a Jesús que nace entre nosotros.

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