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Editorial
Julio es el mes de la Independencia
por María
Inés Casalá
Ser independiente no es fácil; es una construcción permanente. La declaración de la Independencia, fue sólo una declaración. Para que se haga realidad, necesita de la colaboración de los que formamos esta querida patria.
Día a día deberíamos evaluar si con nuestras opciones hacemos una patria libre e independiente.
Me permito hacer, en este momento, una aclaración: constato, entre mis alumnos, en la calle y a través de los medios de comunicación, que se ha perdido el amor por la patria y el concepto de lo que patria significa.
Las izadas o arriadas de la bandera en algunas escuelas, se hacen como algo rutinario y forzando el silencio con la vigilancia del maestro. Pareciera que no se entiende que las personas necesitamos símbolos para comunicarnos y especialmente para expresar las realidades más profundas. La bandera es el símbolo de los que habitan un determinado territorio, de sus sueños, de sus ilusiones, de sus necesidades y de su cultura. La bandera es símbolo de lo que hemos construido juntos, de lo que somos. Algunos miran para otro lado pensando que lo de afuera es mejor, que en otro lado las cosas son diferentes y, rehuyen la responsabilidad que tienen, y que tenemos, acerca del país que forjamos. A partir de estas reflexiones, extraigo la primera consecuencia como docente, padre y catequista: la necesidad de hacer amar nuestro territorio, nuestra gente y nuestra historia. En numerosos documentos de la Iglesia se habla acerca de la patria y de la necesidad de ser responsables y comprometernos con ella. Seguir a Jesús implica trabajar por una patria más justa para todos. Otra observación, a partir de comentarios que he escuchado especialmente entre los jóvenes, es que no gustan de las fronteras, que no deberían existir, que todos somos habitantes del planeta. Esto puede ser discutible y, hasta cierto, pero en la actualidad, no tenemos otra forma de organizarnos. Sería deseable que el mundo fuera una gran unidad en donde los lugares más ricos se ocuparan de los más pobres, no para dominarlos, sino para compartir las riquezas que Dios nos regaló. Ojalá un día se hiciera, a nivel mundial, una organización que atienda las necesidades de todos y comprendamos que la única forma de que la vida en la tierra perdure, es que nos ocupemos del bienestar general.
Sin embargo, pensar y amar la patria, no significa despreciar otras culturas o creer que la nuestra es la mejor.
Es hacerse responsables de «este pedacito» de territorio, con su historia y sus personas. De la misma forma que amar a la familia propia no implica que uno no se preocupe por el bien del resto.
Volviendo al comienzo de este artículo, la independencia es algo que se construye y que se enseña. Debemos ayudar a nuestros hijos y alumnos para que puedan ser cada día más independientes, para que utilicen mejor su libertad eligiendo aquello que es mejor para ellos y para los que los rodean. Ayudar a ser independientes implica hacerles descubrir que no significa hacer lo que quiero sin ayuda de otro. El que es independiente se hace responsable de las decisiones tomadas después de haber reflexionado y discernido. Esta es nuestra tarea: enseñar para que puedan elegir después de evaluar las posibilidades de las que disponen y a aceptar las consecuencias de esas elecciones.
En el acta de la Independencia de 1816, los representantes declararon que «el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España, era universal y constante».
En esta frase se descubren algunos aspectos necesarios para ser independientes. En primer lugar, la necesidad de reconocer que estamos dominados por algo.
¿Qué nos esclaviza? Una pregunta que podemos formularnos a nivel personal y a nivel de país. Nos pueden quitar la libertad el estar atento a lo que dicen los otros, la necesidad imperiosa de seguridad, los miedos, nuestros deseos personales, o, a nivel más amplio, el buscar un beneficio económico de algunos sectores aunque el resto se empobrezca escandalosamente.
Un segundo aspecto es el deseo constante, permanente de independizarnos. A veces, puede ocurrir que estemos cómodos e instalados en algunas actitudes. Para ser independientes, tenemos que desearlo con todas nuestras fuerzas y con todo el corazón, jugándonos la vida en eso.
Es decir que deberíamos educar para que nuestros alumnos descubran qué es lo que les está impidiendo ser independientes y el valor de liberarse, aunque esto tenga como consecuencia grandes responsabilidades. «Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama».Las negritas en este extracto de la Declaración de la Independencia, me pertenecen. Me resulta indispensable repensar esta cita tantas veces escuchada en innumerables actos desde una perspectiva del que quiere seguir a Jesús. ¿Cómo trabajamos en nuestros hogares y en las aulas para lograr una voluntad unánime e indubitable de Independencia? ¿Cómo ayudamos a nuestros alumnos a romper los violentos vínculos que nos esclavizan?
Que en este mes de la Independencia sigamos creciendo en la libertad personal y como país para que la sangre derramada por tantos próceres, ciudadanos desconocidos y mártires no haya corrido en vano.
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