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Educación Sexual
Distintas modos o estilos de manifestar el pudor
porJosé Luis Castro y Elda Luisa Vieytes
En nuestra sociedad se dan distintas visiones o enfoque sobre la sexualidad y por lo tanto conviven, distintos modos de manifestar el pudor.
Hay algunos sectores sociales, que conservan una visión dualista de la sexualidad donde emplean una terminología para todo lo relacionado a la genitalidad, que hace referencia a lo malsano e inconveniente del sexo biológico (a las partes íntimas del cuerpo las llaman deshonestas; al acto sexual, venéreo; a la eyaculación le dicen po-lución -haciendo referencia a mancha, suciedad-, a la menstruación le dicen enfermedad, a los pensamientos se-xuales, pecaminosos...).
En esta visión, el pudor, acentúa un sentimiento de recelo, de vergüenza, de rechazo o de ocultamiento de lo se-xual genital.
Este falso pudor, a veces confunde a las personas reservadas, pudorosas, respetuosas de su intimidad corporal y espiritual, con personas neuróticas, defendiendo más un pudor que reprime y castra, en lugar del que domina y o-rienta hacia el verdadero amor
Al respecto, los obispos argentinos en la declaración de enero de 2006 «El desafío de educar en el amor», apartado «El pudor, defensa de la intimidad humana» dicen: El pudor, puede aparecer exteriormente como vergüenza pero conviene subrayar que no estamos ante conceptos del todo equivalentes. La vergüenza se sitúa en la línea del mal y del esconder. El pudor por el contrario en la línea del bien y del manifestar. Se trata por cierto de un manifestar rodeado de reservas, de discreción pero no por ello deja de ser auténtica manifestación. O sea, que el pudor tiene que ver en última instancia, con la verdad del hombre (pág.53).
También hoy, paradojalmente, vivimos, en nuestra sociedad, la exhibición descarada del propio cuerpo, sin pudor alguno, producto de una visión hedonista de la sexualidad. No sólo los medios de comunicación (propagandas, películas, TV, revistas), atropellan el derecho a la intimidad personal, corporal y espiritual, sino también se observan comportamientos desconcertantes en las playas y algunos lugares de la vida pública. El desnudo nos rodea. Ha pasado de la privacidad a la publicidad y a la comunidad y se está comprometiendo seriamente nuestra identidad cultural.
En el documento citado anteriormente, leemos: Los Medios, por la sobrecarga de estímulos eróticos y agresivos, que son desproporcionados a la capacidad de resistencia del psiquismo común, sobretodo de los adolescentes, inducen e imponen tipos de conductas y esquemas mentales que pasan a ser considerados como «la realidad», «lo natural» «lo normal», y que van penetrando lentamente en el corazón del hombre estableciéndose como pautas de lo verdadero y lo bueno.
Otro enfoque o visión de la sexualidad que convive en esta sociedad es la visión holística, personalista y cristiana que concibe al pudor como defensa de la interioridad de la persona.
Así entendido, el pudor es un medio necesario para encausar los instintos, para hacer florecer el amor verdadero e integrar la vida afectiva sexual en el marco armonioso de la personalidad.
Esta orientación intuye que toda expresión sexual es un signo de algo más profundo: el yo íntimo de la persona, y el pudor, como signo sexual, está vigilante para defender la autenticidad del crecimiento sexual, la fidelidad y el amor. Por eso desnudarse físicamente delante de otro desconocido, significa estar dispuesto a desnudarse espiritualmente ante él.
El ofrecer la propia desnudez corporal a miradas ajenas, significa renunciar a ser persona, y hacerse aceptar solamente como objeto (Sexualidad, Gastaldi y J. Perelló, pág.128).
El pudor sexual reclama el derecho de la persona a ser sujeto de amor y no objeto de placer, ya que lo primero personaliza librándolo de los riesgos de sentirse vacío, desintegrado y lo segundo cosifica.
Volviendo a Gastaldi y J. Perelló, en «Sexualidad» (pág.129), el pudor desde la visión holística, personalista y cristiana se expresa como una necesidad:
• Para defensa de la propia intimidad, para no sentirse vacío y tener que ofrecer. La intimidad capacita para la comunicación interpersonal.
• Para defensa de los valores de una sana sexualidad. Sin pudor, el sexo se vulgariza, se materializa y se cosifica.
• Para defensa del misterio y encanto sexual. El pudor conserva y acrecienta el amor y el sano erotismo.
En estos tiempos en que la falta del respeto a la persona y su dignidad es moneda corriente, el pudor es la señal que la defiende cuando otro quiere convertirlo en objeto de gozo egoísta e inhumano.
Si la Iglesia asume la defensa del pudor, cuando denuncia cualquier tipo de violación de la interioridad humana, o como cuando denuncia a quienes no consideran al cuerpo más que como objeto de placer o de lucro (pornografía o prostitución) lo hace porque siente el deber de defender el derecho de todo hombre a su dignidad natural ya que todo atropello a la dignidad del hombre es atropello al mismo Dios de quien es imagen(cfr. con «El desafio de educar en el amor» páginas 55 y 56).
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