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Educación Sexual
El placer, ¿qué lugar ocupa en el diálogo amoroso?
porJosé Luis Castro y Elda Luisa Vieytes
El placer le confiere a la relación un carácter festivo y Dios se goza cuando la persona goza.
Por lo tanto, el placer hace agradable la relación, siempre y cuando no sea su fin sino un medio para salir de sí mismo y perderse en el otro.
No es la felicidad, pero junto con el amor, está en el camino.
El placer es una mediación de gozo y de aceptación, de satisfacción y de realización y como tal apoya el crecimiento personal y crea lazos interpersonales.
En la medida que el placer se aleje del amor y la experiencia se viva solo en función del placer, éste deja de ser mediación y encierra a la persona en una etapa infantil de egocentrismo y en la angustia del aislamiento, aunque esté en pareja.
La necesidad fundamental del hombre, más que el sexo, el orgasmo sexual, la satisfacción de los impulsos, es el amor (amar y ser amado), un amor que se tiñe de carne y espíritu, de sensualidad y de razón que se expresa naturalmente en el cuerpo, y que en la unidad profunda masculino-femenina, se viste de belleza y se inunda de placer.
(Cfr. Sexualidad, Gastaldi y Perelló,
página 44, Ediciones Don Bosco, 1991).
El pudor
El hombre y la mujer son seres sociales, seres que de la individualidad personal son llamados a la alteridad social.
Muchas veces, este «llamado» o característica de las personas, produce en algunas de ellas, una sensación que solemos denominar vergüenza o pudor y que en realidad es una tensión dada entre lo más íntimo de la persona, el YO, y los demás seres humanos.
La formación del pudor se iniciará en la primera infancia, pero seguirá cultivándose con distintas características, en la niñez, la adolescencia y la adultez.
El ser humano, mujer o varón, celoso de revelar lo más íntimo del ser de uno, manifiesta el sentimiento del pudor en defensa de su intimidad personal (tanto en lo corporal como en lo espiritual).
Es un fenómeno natural, intrínseco a la persona; el bebé tocándose y explorando su cuerpo va descubriendo sus órganos genitales, manifestando poco a poco una curiosidad por conocer su intimidad y gozar del placer que le produce, y este acto, por supuesto, está desprovisto de toda malicia.
Más grandecito puede caminar desnudo frente a otros sin manifestar conciencia del pudor pero entre los 3 y 6 años, espontáneamente, comienza a sentir este sentimiento de protección a su intimidad sexual.
Esta es una demostración práctica y real de que el pudor es un fenómeno natural y no convencional, aunque pueden variar sus distintos modos de expresión, según las culturas, las épocas históricas, la edad, etc. (continúa el próximo mes).
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