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Educación Sexual
El amor y la sexualidad humana (1)
porJosé Luis Castro y Elda Luisa Vieytes
La Ley de educación sexual ya es una realidad. Docentes y catequistas estamos frente al desafío de trasmitir una propuesta integral de educación sexual, donde el amor sea uno de los ejes fundamentales para llevarla adelante.
Y como dice el dicho popular «no hay nada más práctico que una buena teoría», hemos armado este trabajo teniendo en cuenta la lectura de varios autores y nuestra experiencia de formadores, en algunos momentos de niños o adolescentes y en otros de novios, padres o de docentes.
El diccionario dice que el amor es el vivo afecto o inclinación hacia una persona o cosa // Apasionado afecto hacia una persona de distinto sexo.
Erich Fromm en su libro «El arte de amar», escribe que es la expresión del cariño y el respeto hacia una persona y definió al amor maduro como la unión que permite conservar la integridad e individualidad propias
Heinlein en el libro «Stranger in Strange Land» define: El amor es la disposición del ánimo en que la dicha del otro ser resulta esencial para la propia felicidad
Desde el punto de vista biológico y las experiencias realizadas por Ekman, Levenson, Friesen y más recientemente por el doctor en psiquiatría Michael Liebowitz constataron que las respuestas fisiológicas inherentes a muchas emociones, palpitaciones, respiración acelerada, nerviosismo, excitación, que genera el amor romántico, son consecuencia directas de las descargas de neurotrasmisores como la dopamina, la serotonina, las endorfinas y la norepinefrina, portadores de mensajes químicos que enlazan las células nerviosas del cerebro. Dichos neurostrasmisores son activados por ejemplo, por la visión de una persona que satisface nuestro ideal de la atracción física y sumergen los centros cerebrales del placer en un mar de comunicaciones químicas.
Por tanto, una visión personalista integral, no puede descartar este aspecto biológico del amor sexual, unido a los aspectos psico-espiritual-social, que también tendremos en cuenta. Además, como veremos el amor al ser un fenómeno intra e interpersonal es dinámico y va modificando las conductas de las personas
Los cristianos creemos que el amor surge de una fuente inagotable: Dios. «Dios es amor» dice san Juan en el capitulo cuatro de su primera carta (1Jn 4, 8), y por amor creó a la humanidad y fue a su encuentro. «Envió Dios a su Hijo único a este mundo, para darnos la vida por medio de él» (1Jn 4, 9). «Y su amor se dilata libremente entre nosotros» (1Jn 4, 12).
También san Juan dice «Nosotros hemos encontrado el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1Jn 4, 8). La persona se descubre un ser para el encuentro a través de la capacidad de amar que recibe de Dios, manifestada en Jesús.
El varón/mujer desde que comienza a ser, en el vientre materno, comienza ya a ser un ser en relación; primero en absoluta relación -dependencia de su madre- y, luego, el niño/a para crecer necesita relacionarse, encontrarse con los demás.
Proceso de maduración del amor humano
El amor es un fenómeno intra e interpersonal y, por lo tanto, es dinámico y va modificando las conductas de las personas. Entonces uno se hace varón o mujer gracias al otro, amando al otro…
Sin embargo, yo no puedo amar al otro a pesar de mí o si no tengo conciencia del amor a mi mismo.
El amor a sí mismo:
Los padres, son los encargados de comenzar este proceso de maduración en el amor; amando y estimulando el desarrollo de la confianza y seguridad intima, o sea, la autoconfianza, la autoestima y seguridad afectiva que fortalecen la personalidad del hijo/a.
Este amor a si mismo no es incompatible con un amor altruista; al contrario es lo que posibilita salir de sí e ir al encuentro del otro:
«Ama a tu prójimo como a ti mismo» es la gran enseñanza de Jesús.
Tampoco hay que confundirlo con el amor propio, egoísta o posesivo, que está, valga la redundancia, al servicio de uno mismo y que es lo opuesto al amor a si mismo que está al servicio del prójimo.
El amor al prójimo:
Esta experiencia la podemos tener porque «me han amado a mí primero». Al respecto, expresan Orlando Martín y Encarnación Ma-drid en su «Didáctica de la Educación sexual»: El amor a si mismo es fruto de un proceso; nacemos en un estado de absoluta dependencia con la madre, donde el amor es captativo, auto erótico y auto céntrico; y paulatinamente se va abriendo al otro para hacerse un amor de servicio, oblativo, un amor maduro. Este proceso nace en la familia, es en los primeros cinco años, cuando nace la autoconfianza y seguridad; por ella puede abrirse a los sucesivos grupos (jardín – primaria) y adquirir la auto estima social positiva y el sentimiento de dignidad personal que le posibilitan una vida libre e independiente: se hace posible, en definitiva ser y amar. Es lo que me permite salir de mi para buscar al otro. Porque me amo a mi mismo puedo darme.
Un niño que a sido criado con el amor y el afecto de sus padres y al que durante los primeros cinco años de su vida, le han mostrado el amor de Dios y le han estimulado, el amor a si mismo, desarrollando su autoestima, confianza y seguridad, en fin su dignidad personal, más tarde podrá abrirse y amar a los demás, al prójimo.
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