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El cuento en la Catequesis
Vivir los valores del evangelio
por María
Inés Casalá
Marita escuchaba a la catequista con atención, y escuchó todavía con más atención la invitación de Jesús a rechazar el pecado y vivir los valores del Evangelio.
Estaba claro que eso era lo que ella tenía que hacer. Pero, ¿cómo? ¡Qué difícil!
En su grado había un varón que la molestaba permanentemente porque usaba anteojos para corregir el ojo que se le desviaba. Si tenía los anteojos le decía «cuatro ojos» y si se los sacaba, la llamaba «vizcacha».
Y en su cuadra, había unas chicas que cada vez que pasaba se reían de ella porque su mamá le había comprado un delantal blanco con moño en la espalda y era más largo de lo que usaban las otras chicas.
Y, lo peor ocurría en su casa porque debía quedarse con su hermana menor a la que tenía que cuidar. Para Marita, su hermana era realmente «in-so-por-ta-ble».
Tocaba todo, le rompía los cuadernos y permanentemente se quejaba con su mamá porque decía que la comida que le preparaba era horrible y siempre cocinaba lo mismo. ¿Y qué iba a hacer? Sólo sabía hacer arroz y fideos. Además, si cortaba la cebolla para la salsa de manera muy chiquita le picaban los ojos y, entonces, la cortaba grande y le quedaba medio cruda. Pero ella igual se la comía. Si su hermanita hubiera tenido verdadero hambre también se la hubiera comido aunque no estuviera tan rica.
Pero a partir de ahora, se dijo Marita, sería una persona distinta. Y así fue, porque cuando Marita se proponía algo, siempre lo cumplía. Sin embargo, su catequista notó algo raro en ella y mandó a llamar a la mamá.
–¿Qué le pasa a Marita? Está cambiada.
–Me di cuenta; cuando llego a casa, no protesta, y las dos nenas están tranquilas sentadas frente al televisor.
–Sí– dijo la catequista. Eso me preocupa, Marita era una chica alegre. Es cierto que de vez en cuando se peleaba con alguno, pero estaba llena de alegría.
La mamá se quedó pensando y le pareció que la catequista tenía razón. ¿Qué le habría pasado a Marita?
La catequista habló con ella y Marita se sorprendió.
–¿No estoy ahora mejor que antes?
–En cierto sentido sí, porque ya no te peleás, pero ¿querrá Jesús que vos estés así?
–¿Así cómo?
–Triste, y amargada por el esfuerzo que estás haciendo– dijo la catequista.
Marita sintió que su catequista le sacaba una gran piedra de encima. A partir de ese día, fue distinta. Cada día intentaba mejorar un poco, y por la noche pensaba qué había hecho durante ese día. Si había metido la pata, hacía una oración pidiendo perdón y se proponía para el día siguiente resolver las situaciones de otra forma, con esperanza y alegría.
(Cuento publicado en la Hojita del Domingo 1994, Ed. San Pablo)
Para reflexionar
el cuento
• ¿Se pueden vivir los valores del evangelio con alegría y sin amargarse por «tener que portarse bien»?
• ¿Por qué Marita no estaba feliz comportándose bien?
• ¿Qué puede hacer cada uno para vivir los valores del Evangelio?
• Resolver el rompecabezas bíblico colocando cada pieza en su lugar. ¿Qué relación tiene este texto con la carta de san Pablo a Tito 2, 11-14; 3, 4-7?
• Hacer una oración al Espíritu Santo pidiendo que nos ayude a vivir los valores del Evangelio con alegría y nos haga comunidad.
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