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Julio fue un
mes muy intenso de largos viajes y
cursos. Quisiera dedicar con cariño
esta oración a todos los catequistas
con los cuales vivimos el Encuentro
Regional de Catequistas de las 9 diócesis
del NEA, quienes con tanta vida y
esperanza me regalaron sus experiencias
y saberes durante tres días
en medio del Chaco. Y también
a los más de 360 catequistas
que compartimos la vida y la Palabra
en la Semana Diocesana de Catequesis
de Quilmes, para, justamente, renovar
nuestra vocación e identidad
como profetas de la Esperanza. Por
último un saludo grande a todos
los catequistas de la diócesis
de Viedma, con quienes recorrimos
la diócesis en los últimos
días de julio poniendo en marcha
el curso a distancia para formación
de catequistas.
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Señor
de la Esperanza,
Tú nos llevas en tus manos
y nos moldeas cada día
para hacer de nosotros
buenos instrumentos
para anunciar el Evangelio.
Queremos
ser Señor
servidores de verdad,
personas entregadas a los otros,
que busquen servir y no ser servidas,
atentos a los que sufren y necesitan,
con el corazón puesto entre
los pobres
y manos abiertas y solidarias,
listas para el abrazo, el consuelo
y la lucha por la justicia y la vida.
Queremos
ser Señor
testigos de tu amor,
para llevar tu presencia
y ser el eco de tu voz.
Testigos de vida nueva,
de solidaridad real
y fraternidad compartida,
hombres y mujeres sencillos
que ofrezcan la vida del Reino
en medio del pueblo que sufre
y tiene hambre de pan
y de Dios.
Testigos creíbles
no por nuestros saberes
sino por nuestras obras,
porque el conocimiento de Dios,
como cantan los profetas
es la práctica de la justicia.
Queremos
ser Señor,
instrumentos de tu paz.
Ayúdanos a sembrarla
en nuestras relaciones humanas.
Enséñanos a fortalecerla
con nuestras opciones y preferencias.
Muéstranos cómo defenderla
cuando la violencia institucionalizada
la amenaza y la mutila.
Anímanos a reestablecerla
pues su semilla no muere
porque ha nacido de tu corazón
y expresa tu querer y voluntad,
tu proyecto de vida para todos,
porque como nos enseñó
el papa Pablo VI
con palabras nacidas de Dios
"no hay paz sin justicia",
y esto "depende de todos,
depende de tí".
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Señor
de la Vida
queremos ser catequistas
profetas de la Esperanza.
Animadores del cambio
en nuestras comunidades,
fieles portavoces de Evangelio
y anuncio del Reino.
Ayúdanos a recrear
unión y concordia,
comprensión y tolerancia.
Que aprendamos y enseñemos
con gestos, hechos y palabras
que el otro es mi hermano
y yo soy su prójimo
si comparto sus angustias
y me comprometo con su vida.
Muéstranos el camino
que fortalece la comunión
y construye la comunidad.
Enséñanos a escuchar
mucho,
tu Palabra y la vida del pueblo,
para enseñar un Evangelio de
la Vida
que sea consuelo en el dolor y el
sufrimiento
y fuerza de liberación,
levadura de cambio personal y social,
motor de justicia,
y compromiso por la vida.
Señor,
¡queremos ser
profetas de la Esperanza
para la vida de nuestra gente!
- Que así
sea, Señor -
Marcelo
A. Murúa
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