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Debate teológico
Cuento tradicional Europeo, de Cuentos de Humor, Ingenio y Sabiduría, de Armando José Sequera, Ed. San Pablo

por María Inés Casalá

 

En cierta ocasión, un grupo de consejeros recomendó al Papa que desterrara de Roma a los judíos, debido que éstos vivían ricamente en el corazón mismo del mundo cristiano. En los días siguientes y por oden del pontífice se redactó y promulgó un edicto de expulsión que consternó a la comunidad hebrea de Roma la cual, sin pérdida de tiempo, decidió hablar con el Papa y pedirle que revocara su decisión.

Mas como el pontífice de entonces era un hombre ecuánime, escuchó los alegatos de los judíos y accedió a eliminar el edicto, eso sí, con una condición: que un representante elegido por la congregación lo derrotase en un debate público sobre el tema.

Los judíos se reunieron a considerar la propuesta papal y decidieron aceptarla. El problema se presentó al momento de seleccionar al encargado de debatir con el Papa, pues nadie quería cargar sobre sus hombros tan enorme responsabilidad.

Cuando el portero de la sinagoga se enteró de esto, se presentó como voluntario ante el rabino. El hecho escandalizó a la comunidad pero, a falta de otra persona, el rabino aceptó la oferta del portero.

El día del debate, el Papa se sentó en un trono en la plaza de San Pedro, rodeado de sus cardenales y de un gran número de obispos, sacerdotes y fieles, en tanto el portero de la sinagoga se presentó con una comitiva de delegados judíos.

Cuando estuvieron frente a frente, el Papa inició el debate alzando solemnemente su índice hacia el cielo y trazando a continuación un arco en el aire. De inmediato, el portero señaló con énfasis hacia el suelo lo cual desconcertó al pontífice.

El Papa se recuperó rápidamente y alzó de nuevo el mismo dedo, colocándolo y manteniéndolo ante el rostro del portero. Este no se amilanó y levantó tres dedos, que también sostuvo con firmeza delante de Su Santidad. A continuación, el Papa introdujo una mano entre sus ropas y sacó de ellas una manzana.

El portero por su parte metió una de sus manos en una bolsa de tela que le colgaba de la cintura y extrajo de ella una delgada torta de pan. El Papa entonces abrió los ojos desmesuradamente y exclamó en voz alta:

-¡El representante judío ha ganado el debate! ¡Por lo tanto, queda revocado el edicto!

Los delegados hebreos rodearon al portero y abandonaron instantáneamente la plaza de San Pedro, en tanto los cardenales se apiñaron alrededor del Papa y preguntaron atónitos:

-¿Qué ha pasado, Santidad? El debate fue tan rápido que no pudimos seguirlo.

-Ese hombre es un teólogo brillante y un verdadero maestro del debate -afirmó el Papa cpn admiración.

Después explicó cómo se desarrolló el enfrentamiento.

-Yo señalé con mi dedo la bóveda celeste, para dar a entender que el universo entero pertenece a Dios y él señaló hacia abajo, recordando que también existe un lugar llamado "Infierno", donde el demonio es el único soberano.

-¿Y luego? -preguntó uno de los cardenales.

-Luego alcé otra vez el dedo y lo puse frente a su rostro para indicarle que Dios es uno y, cuál no sería mi sorpresa, cuando él me mostró tres dedos, señalando que ese Dios único se manifiesta por igual en tres personas, con lo cual suscribió nuestra propia doctrina sobre la Trinidad.

Un murmullo se alzó del grupo que acompañaba al Papa. Cuando se apagó, el pontífice prosiguió su relato.

-Sabiendo que no podía vencer a ese genio de la teología, desvié el debate hacia otro terreno y saqué una manzana, para darle a entender que según los últimos descubrimientos la Tierra es redonda, pero él no demoró en sacar de su bolsa una torta de pan ázimo para recordarme que de acuerdo con La Biblia, la tierra es plana. Así que no pude hacer otra cosa sino reconocer su victoria.

Justo cuando el Papa concluía su relato, los judíos arribaron a la sinagoga y, perplejos, interrogaron al portero que se hallaba indignado.

-Todo ha sido una gran tontería -dijo-: primero el Papa hizo un gesto con el dedo para indicar que los judíos teníamos que salir de Roma, de modo que yo señalé hacia abajo para darle a entender que no pensábamos movernos. Después me apuntó amenazadoramente con el mismo dedo diciéndome "¡no seas atrevido" y yo le contesté con tres dedos que él era tres veces más atrevido que yo, al ordenar que saliéramos de Roma.

El portero tomó aire antes de continuar y concluyó diciendo:

-Por último, cuando vi que él decidió no seguir el debate y sacó su almuerzo, yo también saqué el mío.


 

Para trabajar el cuento

Temas que nos permite trabajar el cuento:

  • Cómo tomamos resoluciones.
  • Forma de resolver los problemas.
  • Prejuicios en la comunicación.
  • Cómo interpretamos lo que dice el otro desde nuestro punto de vista.

 

Pautas para trabajar el tema de la comunicación:

Leer el cuento en pequeños grupos. Cada participante cuenta algún momento de su vida que esté relacionado con el cuento. Se comparten las diferentes experiencias y se elige una para representar sin hablar.

A medida que cada grupo representa, el resto de los participantes debe interpretarlo.

Analizar las conclusiones. ¿Cuáles son las dificultades que encontramos en la comunicación? Pensar la respuesta a esta pregunta en forma general y personal.

Cada participante elabora un compromiso para mejorar su comunicación. Y se piensa otro como grupo, que se escribe en una cartulina para que quede en el lugar donde se efectúan las reuniones.

Realizar una oración al Espíritu Santo para que podamnos comunicarnos y entendernos de la misma forma que los primeros cristianos se comunicaron con la gente de todas las naciones.

 

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