|
Un hombre
joven tenía alma de deportista.
Sentía vocación de ciclista.
Y tenía aspiraciones de campeón.
Compró
una bicicleta. Le hizo cambios y adaptaciones
para alcanzar mayor velocidad. La
reforzó maravillosamente. La
pintó con buen gusto...
Y un día
salió para probar sobre la
ruta su bicicleta.
Comenzó
lentamente. Luego ganó rapidez.
Al fin, sus ojos eran los de un niño
asombrado, cuando comenzó a
levantar velocidad...
Corría.
Y corría más...
Pero surgieron
los inconvenientes de la realidad.
Los inconvenientes de la ruta.
¡El
Hombre nunca había salido a
recorrer la ruta!
Un gran
camión se interpuso, y debió
disminuir la marcha.
Después
fue un perro, que se cruzó
sin respetar las leyes de tránsito.
Después
un bache, y el ciclista voló
sobre la banquina.
El golpe
fue duro. La bicicleta se hizo pedazos
de metal retorcidos.
El hombre
cargó sobre sus espaldas doloridas
su maltrecha bicicleta, y emprendió
paciente el camino del retorno.
Mientras
caminaba lamentaba la cruel realidad
de la ruta. Y pensaba, afiebradamente,
para encontrar una solución.
Llegó
a su casa. Arrojó su bicicleta
en los fondos del patio. Y se sentó
a reflexionar...
-Yo quiero
ser campeón de ciclismo -se
repetía.
Así
estuvo largo tiempo, con sus pensamientos.
De pronto
se levantó. Se dirigió
a la ciudad vecina, y compró
una nueva bicicleta.
Pero no
se atrevió a salir para probar
su nueva bicicleta sobre la ruta.
Volvió
a pensar, cómo solucionar el
problema de la cruel realidad de la
ruta y sus inconvenientes.
Meditó
largamente...
-Ya sé-
exclamó de pronto. Miró
a su alrededor para constatar que
nadie lo había descubierto
hablando a solas...
-Encontré
la solución- agregó
después.
Feliz.
Lleno de entusiasmo juvenil, tomó
su nueva bicicleta, y se dispuso a
ensayar la solución que había
descubierto.
¡En
verdad que era una solución
muy original!
Tomó
dos gruesas cuerdas, ató fuertemente
su bicicleta, y la colgó de
un árbol en el patio de su
casa.
Retrocedió
unos pasos. Miró su bicicleta
suspendida en el aire. ¡Y se
sintió feliz! ¡Feliz!
Corrió
hacia su habitación. Y regresó
instantes después con su equipo
de corredor. Se trepó al árbol,
y desde él se instaló
en su nueva bicicleta, suspendida
en el aire.
Acomodó
los pies sobre los pedales. Ensayó
unos primeros movimientos... y cosntató
que las ruedas comenzaron a girar
fácilmente, velozmente... ¡Se
sintió feliz!
Ahora sí,
había superado las crueles
realidades de la ruta.
Cerró
los ojos. Apretó los labios.
Paladeó desesperadamente...
Cuando
ya la fatiga lo agotaba, comenzó
a delirar...
Los ojos
fuertemente cerrado. Los labios apretadamente
juntos...
Seguía
pedaleando... "Ahora viene la curva..."
"Ahora me adelanto a uno metros..."
"Otro esfuerzo y llego primero..."
"¡Primero...! ¡Campeón!",
gritó y abrió los ojos...
Y se dio
cuenta de que estaba solo, en su bicicleta
colgada de un árbol, en el
patio de su casa.
|