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El hombre de la bicicleta veloz
de Fábulas y Cuentos, de René Trossero

por María Inés Casalá

 

Un hombre joven tenía alma de deportista. Sentía vocación de ciclista. Y tenía aspiraciones de campeón.

Compró una bicicleta. Le hizo cambios y adaptaciones para alcanzar mayor velocidad. La reforzó maravillosamente. La pintó con buen gusto...

Y un día salió para probar sobre la ruta su bicicleta.

Comenzó lentamente. Luego ganó rapidez. Al fin, sus ojos eran los de un niño asombrado, cuando comenzó a levantar velocidad...

Corría. Y corría más...

Pero surgieron los inconvenientes de la realidad. Los inconvenientes de la ruta.

¡El Hombre nunca había salido a recorrer la ruta!

Un gran camión se interpuso, y debió disminuir la marcha.

Después fue un perro, que se cruzó sin respetar las leyes de tránsito.

Después un bache, y el ciclista voló sobre la banquina.

El golpe fue duro. La bicicleta se hizo pedazos de metal retorcidos.

El hombre cargó sobre sus espaldas doloridas su maltrecha bicicleta, y emprendió paciente el camino del retorno.

Mientras caminaba lamentaba la cruel realidad de la ruta. Y pensaba, afiebradamente, para encontrar una solución.

Llegó a su casa. Arrojó su bicicleta en los fondos del patio. Y se sentó a reflexionar...

-Yo quiero ser campeón de ciclismo -se repetía.

Así estuvo largo tiempo, con sus pensamientos.

De pronto se levantó. Se dirigió a la ciudad vecina, y compró una nueva bicicleta.

Pero no se atrevió a salir para probar su nueva bicicleta sobre la ruta.

Volvió a pensar, cómo solucionar el problema de la cruel realidad de la ruta y sus inconvenientes.

Meditó largamente...

-Ya sé- exclamó de pronto. Miró a su alrededor para constatar que nadie lo había descubierto hablando a solas...

-Encontré la solución- agregó después.

Feliz. Lleno de entusiasmo juvenil, tomó su nueva bicicleta, y se dispuso a ensayar la solución que había descubierto.

¡En verdad que era una solución muy original!

Tomó dos gruesas cuerdas, ató fuertemente su bicicleta, y la colgó de un árbol en el patio de su casa.

Retrocedió unos pasos. Miró su bicicleta suspendida en el aire. ¡Y se sintió feliz! ¡Feliz!

Corrió hacia su habitación. Y regresó instantes después con su equipo de corredor. Se trepó al árbol, y desde él se instaló en su nueva bicicleta, suspendida en el aire.

Acomodó los pies sobre los pedales. Ensayó unos primeros movimientos... y cosntató que las ruedas comenzaron a girar fácilmente, velozmente... ¡Se sintió feliz!

Ahora sí, había superado las crueles realidades de la ruta.

Cerró los ojos. Apretó los labios. Paladeó desesperadamente...

Cuando ya la fatiga lo agotaba, comenzó a delirar...

Los ojos fuertemente cerrado. Los labios apretadamente juntos...

Seguía pedaleando... "Ahora viene la curva..." "Ahora me adelanto a uno metros..." "Otro esfuerzo y llego primero..." "¡Primero...! ¡Campeón!", gritó y abrió los ojos...

Y se dio cuenta de que estaba solo, en su bicicleta colgada de un árbol, en el patio de su casa.



Para reflexionar
(Jóvenes y adultos)

Este cuento nos permite reflexionar acerca de la actitud que tenemos que tener al pensar nuestras actividades, o planificar nuestra tarea durante este año.

1. Leemos el cuento. Analizamos la actitud del ciclista. ¿Qué hace cuando fracasa por primera vez? ¿Por qué la solución que encuentra no es la adecuada?

2. ¿Qué metas nos proponemos? ¿Qué objetivos tenemos? (Para nuestra familia, amigos, tarea pastoral, tarea como docentes...)

3. ¿Qué recursos tenemos para alcanzar nuestras metas?

4. Somos conscientes de la realidad, para que nuestros planes sean adecuados. ¿Qué podemos hacer para conocerla mejor?

5. ¿Qué hacemos cuando fracasamos en nuestros intentos?

 
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