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Catequistas, profetas de esperanza en tiempos de crisis (IV)

por Marcelo A. Murúa

Los tiempos que vivimos son momentos de prueba y desafío. La situación que vive nuestra gente, nuestras comunidades, nosotros mismos… nos obliga a "bucear" en lo más profundo de cada uno, para descubrir en nuestro interior la fortaleza para salir adelante y contagiar esperanza.

El catequista es un testigo de la esperanza, un servidor del Reino, un discípulo de Jesús.

Para afrontar los tiempos que vivimos, simplemente, ofrezcamos con generosidad lo que el Dios de la Vida ha sembrado en nuestros corazones: la palabra y la vida de Jesús, el Señor de la Esperanza.


Testigo de la esperanza, corazón de la identidad del catequista

La carta de Pedro, una de las llamadas cartas católicas que se encuentran al final del Nuevo Testamento (y que como esos pequeños tesoros escondidos… no conocemos en general) dedica algunos párrafos muy hermosos y alentadores al tema de la esperanza.

Una lectura detallada nos puede motivar a interesantes reflexiones.

"¿Quién puede hacerles daño si se dedican a practicar el bien? Dichosos ustedes, si tienen que sufrir por la justicia. No teman ni se inquieten: por el contrario, glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que tienen."
1 Pe. 3, 13-15

El apóstol Pedro, discípulo privilegiado del Señor, nos anima a no tener miedo ni inseguridad por hacer el bien, es decir por comprometernos con Jesús.

Es interesante observar que estas reflexiones corresponden a un Pedro más maduro y con más experiencia que el que encontramos en los relatos evangélicos. Los evangelios nos presentan a un discípulo impetuoso, decidido, apasionado y valiente, pero que en el momento de la prueba (la cruz de Jesús) es vencido por el miedo.

Muchos años después, y con una experiencia de vida, y de vida en el Espíritu… Pedro, seguramente hablando desde su propia experiencia, nos dice que no tengamos miedo, el Señor está siempre a nuestro lado. Lo importante es tener su palabra en el corazón y estar dispuesto a trabajar en todo tiempo por el bien y la justicia, es decir por el Reino.

Pedro hace vida y práctica las bienaventuranzas de Jesús, quien había proclamado una serie de actitudes para vivir como discípulo (ver bienaventuranzas de Mateo, Mt. 5, 1ss), entre las cuales, la última, hablaba de la persecución y el sufrimiento por seguir a Jesús y ser su testigo.

Hacer el bien no siempre es reconocido. Seguir a Jesús no siempre es bien mirado. El verdadero testigo pasa por la cruz y hace en su vida el camino de Jesús.


Dar razón de nuestra esperanza

La fuerza del Espíritu que anida en nuestro corazón es la fuente que nos permitirá dar testimonio de Jesús. Cuando perdemos la esperanza es que flaquean nuestras fuerzas. En definitiva, que perdemos la vida del Espíritu que anida en nosotros.

Compartir la razón de nuestra esperanza es brindar con alegría y generosidad aquello que somos: discípulos suyos en medio del mundo, servidores y constructores del Reino en la sociedad que vivimos, testigos de su Palabra en nuestras comunidades.

Los tiempos que vivimos, duros, difíciles, llenos de situaciones de muerte, dolor y sufrimiento… son un desafío a lo más profundo de nuestra identidad de catequistas: dar razón de nuestra esperanza. Contagiar a quienes nos rodean de qué el Señor no nos abandona, está con nosotros, y podemos salir adelante si vivimos los valores y opciones del Reino de Jesús.

Ser catequista, hoy más que nunca, es una tarea cotidiana, de vida, de testimonio, de entrega generosa para comunicar a los demás lo que hemos recibido gratuitamente como don (recordar las palabras del Papa en su mensaje de Cuaresma de este año 2002, "¡lo que recibieron gratuitamente, denlo gratuitamente!!"): la vida del Espíritu, que es fuente y alimento de esperanza.


Para reflexionar

  • Compartir cómo llega la gente a nuestras reuniones y encuentros de catequesis. ¿Cuáles son sus angustias? ¿Qué les preocupa?
  • Y a nosotros, catequistas, ¿qué situaciones nos afecta? ¿Nos quitan la alegría y la esperanza?
  • Leer juntos el texto de Pedro.
  • ¿Qué te gustó más? Elegir un pedacito y compararlo con tu vida.
  • ¿Qué nos enseña para nuestra vocación de catequistas?
  • Pensar juntos un gesto concreto que podamos llevar a los encuentros de catequesis, que nos permita contagiar esperanza a nuestra gente.
  • Escribir juntos una oración que comience con la frase:
    ¡Catequista,
    eres testigo de la esperanza!

 

Copyrigth © Buenasnuevas.com 2002