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Tu Palabra,
nos abriga
como el sol de la mañana
que al despertar
de cada día
nos recuerda tu abrazo,
de padre y madre de todos.
Tu Palabra,
nos fecunda
como el agua limpia
que baja del cerro
desparramando vida y color,
anunciando a su paso
que eres un Dios Bueno,
cercano en la creación
que nos rodea.
Tu Palabra
nos alimenta
como las semillas
que la tierra abraza
para darnos
sus frutos abundantes,
cantando en los cultivos
que Tú eres
un Dios generoso y solidario,
que quieres el pan diario
para todos.
Tu Palabra
nos acerca
el sueño de tu Proyecto
una Patria Grande
y una Tierra sin males,
una Fraternidad de hermanos
construida en el ejemplo de Jesús,
Palabra Viva del Dios de la Vida.
Tu Palabra,
Señor, nos acaricia
y nos toma de la mano,
como lo cuenta Isaías, el profeta,
para llevarnos a tu encuentro
y sorprendernos con tu presencia,
cotidiana, compañera.
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Tu Palabra
se hace memoria viva
y nos llama
como el eco de la montaña,
sereno, insistente
y penetrante,
a hacer vida,
vida nueva, vida de Reino,
nuestra sencilla vida
puesta en tus manos,
para que Tu, Alfarero y Artesano,
la hagas ofrenda para todos.
Tu Palabra nos abriga,
nos fecunda y alimenta,
cuando juntos
nos reunimos en comunidad
para leerla, comentarla
y rezarla.
Tu Palabra,
Dios de la Vida,
no vuelve a tí
con las manos vacías,
en la lectura compartida
nos transforma desde adentro
y nos impulsa al compromiso.
Tu Palabra
Señor
nos devuelve la fe,
nos anima en la Esperanza
y nos da fuerzas para vivir
el Amor concreto
que hace nuevas todas las cosas.
Marcelo
A. Murúa
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