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Preparando Pentecostés
en la comunidad
por
Marcelo A. Murúa
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"Cuando
llegó el día de Pentecostés,
estaban todos reunidos en el mismo
lugar. De repente vino del cielo un
ruido, como el de una violenta ráfaga
de viento, que llenó toda la
casa donde estaban, y aparecieron
unas lenguas como de fuego que se
repartieron y fueron posándose
sobre cada uno de ellos. Todos quedaron
llenos del Espíritu Santo y
comenzaron a hablar en otras lenguas,
según el Espíritu les
concedía que se expresaran.
Estaban
de paso en Jerusalén judíos
piadosos, llegados de todas las naciones
que hay bajo el cielo. Y entre el
gentío que acudió al
oír aquel ruido, cada uno los
oía hablar en su propia lengua.
Todos quedaron muy desconcertados
y se decían, llenos de estupor
y admiración: "Pero éstos
¿no son todos galileos? ¡Y
miren cómo hablan! Cada uno
de nosotros les oímos en nuestra
propia lengua nativa. Entre nosotros
hay partos, medos y elamitas, habitantes
de Mesopotamia, Judea, Capadocia,
del Ponto y Asia, de Frigia, Panfilia,
Egipto y de la parte de Libia que
limita con Cirene. Hay forasteros
que vienen de Roma, unos judíos
y otros extranjeros, que aceptaron
sus creencias, cretenses y árabes.
Y todos les oímos hablar en
nuestras propias lenguas las maravillas
de Dios."
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Hech.
2, 1-11
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"Ese mismo día, el primero
después del sábado,
los discípulos estaban reunidos
por la tarde con las puertas cerradas
por miedo a los judíos. Llegó
Jesús, se puso de pie en medio
de ellos y les dijo: «¡La
paz esté con ustedes! »
Dicho esto, les mostró las
manos y el costado. Los discípulos
se alegraron mucho al ver al Señor.
Jesús
les volvió a decir: «¡La
paz esté con ustedes! Como
el Padre me envío a mí,
así los envío yo también.
»
Dicho
esto, sopló sobre ellos y les
dijo: «Reciban el Espíritu
Santo: a quienes descarguen de sus
pecados, serán liberados, y
a quienes se los retengan, les serán
retenidos."
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Jn. 20, 19-23
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La Fiesta de Pentecostés nos presenta
el envío del Espíritu Santo
sobre los discípulos de Jesús.
La liturgia de
esta Fiesta nos ofrece dos textos para reflexionar:
el texto de los Hechos de los Apóstoles,
que refleja el momento en que la comunidad
reunida recibe el don del Espíritu
y el evangelio de Juan, en el cual el Señor
sopla su Espíritu sobre los discípulos.
El relato del
libro de los Hechos sitúa a la comunidad
de discípulos reunida esperando la
promesa del Señor. Como nos anticipara
Lucas en el capítulo anterior (Hech.
1, 12-14), tras la ascención de Jesús
la comunidad se había reunido y en
esperaba en oración la llegada del
Espíritu.
El texto es rico
en simbologías. Una lectura rápida
nos permitirá relacionar la escena
con un relato del antiguo testamento, en
el libro del Génesis: la torre de
Babel (Gén. 11, 1-9).
El Espíritu
se hace presente en el seno de la comunidad
como una ráfaga de viento. La palabra
hebrea que designa "Espíritu" es
la misma que "viento". Pentecostés
se presenta así como una nueva creación,
en la cual el Señor Resucitado envía
su Espíritu (aliento, fuerza, ánimo)
para dar vida a la comunidad de sus seguidores.
Dios comunica de esta manera la vida de
Jesús, la fuerza que lo animó
y guió durante su vida y predicación,
como lo vemos con claridad en los evangelios,
en especial en el de Lucas.
Como lenguas
de fuego el Espíritu se posa sobre
los discípulos y los llena. El texto
recuerda la profecía de Juan el Bautista
al referirse a Jesús (ver Lc. 3,
16), quien bautizaría con el fuego
del Espíritu.
De inmediato
los discípulos comienzan a predicar
en diferentes lenguas, según el mismo
Espíritu les permitía expresarse.
Gente de diferentes lugares los entendían.
La referencia al relato de Babel es clara.
En la nueva creación, por obra del
Espíritu, lo que el pecado y el mal
había separado será unido
por su acción.
El texto, que
prosigue con la primera proclamación
de Jesús Resucitado, en boca de Pedro,
deja bien claro que el don del Espíritu
es para constituir la comunidad y para animar
la misión.
En el evangelio
de Juan es el mismo Jesús quien comunica
a sus apóstoles el don del Espíritu.
Y sus palabras son claras al relacionar
ese don con el envío a la misión.
Los discípulos
permanecían encerrados por miedo
a los judíos (miedo a que les pasara
lo mismo que a Jesús
¡Estar
con Jesús y ser fiel a su Causa siempre
ha sido peligroso y conflictivo!)
La llegada del
Señor transforma el miedo en alegría,
y sabemos que también en coraje evangélico
y celo misionero, pues los apóstoles,
luego de recibir el Espíritu comienzan
a anunciar la Buena Noticia de Jesús
y prosiguen el trabajo por su Causa: el
Reino.
El texto termina
con una referencia a la conversión
y el perdón de los pecados. El centro
del anuncio está en promover la conversión,
la vuelta al plan de Dios, que quiere misericordia,
justicia y paz entre los hombres. El pecado,
el egoísmo y el mal que anida en
nuestros corazones atenta contra el proyecto
de Dios. La tarea de los discípulos
de Jesús es promover, como El, la
conversión para una vida nueva
en la huella de Jesús y animados
por su Espíritu.
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En la huella
de Jesús,
dando
la vida por el Reino,
animados
y fortalecidos por su Espíritu
que
habita en la comunidad
y
crea fraternidad.
Señor
de la Vida,
danos
tu Espíritu
para
seguir tus pasos
y
construir un mundo de hermanos.
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Para rumiar
la Palabra
- Releer el
texto de Hechos. Compararlo con el de
la torre de Babel. Buscar semejanzas y
diferencias.
- ¿Cómo
se manifiesta el Espíritu?
- ¿Qué
produce en los discípulos?
- ¿Qué
significa hoy "hablar en lenguas"
es decir anunciar con palabras que todos
entiendasn? Comparar con nuestra práctica
misionera, ¿qué debemos cambiar?
- Releer el
evangelio. Prestar atención a las
actitudes y palabras de Jesús.
¿Qué aprendemos de El?
- ¿Qué
significa hoy el saludo de la paz? ¿Donde
está amenazada la paz en nuestras
comunidades? ¿Cómo ser mensajeros
y constructores de paz en medio de la
injusticia y violencia que vivimos?
y fecundar la
vida
A partir del
texto revisa tu propio corazón y
tu compromiso con su Palabra.
- El Señor
nos da su Espíritu. El nos transforma
desde adentro para que seamos fieles discípulos
de Jesús.
- Ofrecele
tu oración al Espíritu pidiendo
que nos anime a seguir los pasos de Jesús.
- ¿Para
qué te puede dar fuerzas y ánimo
el Espíritu hoy? ¿Cuáles
son los desafíos misioneros que
tu propia realidad demanda? ¿Cómo
hacer Reino en los lugares cotidianos
donde vives?
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