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La vasija del mendigo
de Pedro Ribes, Parábolas y Fábulas para el hombre moderno. Ed. San Pablo

por María Inés Casalá

 

Chandrakant era un mendigo indio que se tenía por el último de todos. "No valgo para nada", solía repetirse a sí mismo. "Soy un inútil, un parásito. Nadie me quiere ni nadie me querrá jamás".

La única cosa que de veras llamaba suya era la sucia y vieja vasija de pedir, que jamás se apartaba de su lado y que constantemente ponía delante de todo el que creía que probablemente le daría dinero.

A veces lo hacía tímidamente, del todo consciente de su insuficiencia. Otras veces la ponía descarada y hasta rencorosamente delante de ciertas personas, especialmente si sentía envidia de ellas. Esto lo sentía con frecuencia, por lo cual experimentaba satisfacción más que vergüenza en aceptar la caridad.

A menudo entraba en las tiendas, pidiendo a dueños y clientes indistintamente que le dieran una limosna.

Un día entró en una tienda de objetos curiosos y puso su pesada y vieja vasija de mendigo ante las narices del propietario:

"Por favor, se lo ruego. Tenga compasión de mí. Sólo lo preciso para un pedazo de pan. Tengo hambre. Tenga piedad de mí".

El dueño se quedó mirando la sucia vasija del mendigo. Por último se la tomó a Chandrakant diciendo:

"Deja que examine más de cerca esa sucia vasija tuya".

"Por favor, señor", exclamó Chandrakant, "déjemela... Es lo único ..."

"Sólo un minuto, le interrumpió el propietario de la tienda. "Eres un extraño mendigo. Tienes tú más que yo".

"Por favor, señor, no se burle de mí. Sólo deseo ..."

"Lo digo en serio. Tú no eres un pobre. Esa vasija tuya tan grande... ¿Por qué no la vendes? Es de oro macizo"


Para trabajar el cuento

Hace poco presencié algo que me preocupó mucho. Un chico acababa de salir segundo en una carrera de natación. Al salir del agua, y enterarse del resultado se puso a gritar y patalear. Todos lo miraban con curiosidad, hasta que se dieron cuanta cuál era el verdadero motivo de su enojo: el se creía incapaz de ganar nada y por lo tanto creía que la maestra había hecho trampa para que él se llevara un premio.

Me quedé pensando entonces, que muchos chicos tienen muy baja estima o conocimiento de ellos mismos. No descubrieron la "vasija" que Dios nos regaló a cada uno de nosotros. Por eso, me parece que este cuento puede servir para trabajar cuáles son las riquezas de cada uno.

  • Leemos y comentamos el cuento entre todos: ¿Por qué el mendigo no se dio cuenta del valor de lo que tenía?
  • Hacemos un ratito de silencio y pensamos qué riquezas tenemos. Dios nos hizo a cada uno de nosotros una promesa: la felicidad. Pero, para que podamos conseguirla puso dentro de cada uno de nosotros regalos, dones.
  • ¿Cuáles son nuestras virtudes? Pensamos en todas las cosas que sabemos hacer bien. Hacemos un "examen de conciencia" para decubrirnos tal cual somos.
  • ¿Cómo podemos poner esos dones, esas virtudes al servicio de los demás? ¿En qué puedo ayudar al que está a mi lado?
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