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Catequistas, profetas
de esperanza en tiempos de crisis
por
Marcelo A. Murúa
En el mes de
Febrero pasado (hace pocos días cuando
estoy escribiendo estas líneas) me
invitó la Junta Arquidiocesana de
Educación Católica de Rosario
a compartir el Curso de Capacitación
que realizan todos los años, animando
un Retiro de la Esperanza.
Me llenó
de alegría encontrar a más
de 400 docentes, catequistas, equipos directivos
y representantes legales de las escuelas
católicas con ganas de aprender,
reflexionar y darse fuerzas mutuamente.
El lema que presidía
el encuentro fue "Educadores: profetas en
tiempos de crisis". Un verdadero acierto.
Una expresión de deseo y también
una afirmación de identidad que descubre
una horizonte lleno de posibilidades y desafíos.
Trabajamos durante
todo un día (mañana y parte
de la tarde) sobre lo que significa ser
profeta, el sentido bíblico de ser
profeta, tiempos de crisis y esperanza.
A partir de un relato de Mamerto Menapace
y una poesía-oración de Monseñor
Romero descubrimos que la esperanza es como
una semilla en nuestras manos. Abriga toda
la vida latente y depende de nuestro esfuerzo
comunitario, solidarios y mancomunado, que
esas semillas broten y sean fecundas. El
trabajo que da sentido a nuestra vida es
la simple tarea de regar, cuidar y atender
esas semillas.
Como catequistas
compartimos la misión de ser educadores.
Educadores en la fe, en el amor y en la
esperanza. Compartimos la misión
de Jesús de dar a conocer al Dios
de la Vida.
Vivimos tiempos
difíciles en los cuales muchas personas
y comunidades están perdiendo la
esperanza
dejando morir sus semillas.
Hay que aprender
a tomar fuerzas unidos, a estrechar lazos,
a trabajar en positivo y sumando, a cambiar
la mirada para descubrir en nuestra realidad
conflictiva, dolorosa y sufriente, que el
Dios de Jesús no nos deja solos.
Está presente y su Reino de Vida
nueva ya está brotando cerca nuestro.
En este número
quisiera simplemente compartir con todos
ustedes algunas frases que fueron el fruto
del trabajo con estos docentes de Rosario.
Ellos me llenaron de alegría y esperanza
porque los ví con ánimo, proyectos,
ganas y esfuerzo, a pesar de la crisis que
nos golpea y sacude cada día. Para
el próximo número les prometo
el material y las guías de trabajo
del encuentro, por si les puede ser útil
en sus comunidades.
| ¡Hay
que seguir andando, nomás, hay
que seguir andando!!! |
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(Monseñor
Angelelli)
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Para pensar
la esperanza en nuestros días - reflexiones
de los docentes y catequistas de Rosario
- A partir
del encuentro con nosotros mismos y con
los demás surge la esperanza.
- Si logro
salir de mí y meterme en vos, juntos
lograremos la esperanza.
- No debemos
resignarnos y luchar por buscar nuevos
horizontes, por revertir las situacions
a fin de encontrar un camino esperanzador
en el que seamos partícipes.
- Que en los
momentos de crisis mantengamos un espíritu
comunitario y de comunicación,
sin perder en ningún momento el
horizonte fijado; desde la firmeza de
nuestras convicciones trabajando en silencio
y con un corazón alegre.
- Saber que
se puede, querer que se pueda, y dejar
que la gracia del Señor entre y
haga el resto.
- Toda siembra
es movilizadora, y en cierto modo agresiva.
La cuchilla entra en la tierra, la hiere
pero abre surcos, que crean vida. Sigamos
sembrando, aunque sea con dolor.
- Como educadores
tenemos una alforja llena de semillas.
Preparemos la tierra aunque esté
llena de cascote duros
Es nuestra
misión abrir surcos aunque duela,
sembrar con el alma y a tiempo, con la
vocación renovada día a
día. Sabiendo que somos sembradores,
luego vendrán los que cosechan
y más tarde los que disfruten de
los frutos. Pero no nos desanimemos sino
que confiemos que volverán a nosotros
hecho paz, sociedad justa, hombres con
esperanza.
- Sólo
por hoy seré feliz y tendré
el coraje de creer y ser positivo"
- Elige alguna
frase
confrontala con tu vida
descubrete como artesano de la esperanza.
- ¿Cuáles
son tus semillas? ¿Qué puedes
hacer por ellas?
La esperanza
es la madre de la utopía,
la
raíz del mañana,
que
será mejor,
si
tú, y yo, y nosotros todos,
nos
animamos a hacer algo concreto
para
lograrlo.
No
nos dejemos robar la esperanza.
Seamos
hombres y mujeres de madrugada,
atentos,
despiertos y en vigilia
porque
la vida nueva
amanece
todos
los días
si
aprendemos a mirarla
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