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Reflexión
del P. Aldo Nucífora
por María
Inés Casalá
Que el señor
nos ayude a todos a vivir en permanente
resurrección en medio de la cultura
de la muerte... y quiero escuchar a mis
espaldas la voz de Jesús que nos
dice socarronamente: "Hombres y mujeres
de poca fe... ¡si yo no me he ido a
ninguna parte... a mi nada se ma escapa
de las manos".
Oremos en medio
de la crisis
Señor,
tú eres el principio eterno y el
final feliz de esta peregrinación
que comenzó en el Paraíso
y culminará para siempre en tu regazo
de Padre. Tú lo sabes todo, y conoces
nuestra angustia en medio de esta tormenta
de egoísmos y soberbias, odios y
muerte que oscurece el horizonte y nos tuerce
el camino. Por eso te rogamos no perder
de vista la línea luminosa del camino
que es el Evangelio de tu hijo amado. Él
es el único sendero que con seguridad
nos conduce al verdadero éxito.
Tú sabes
también que muchos, ignorando tu
verdad o trastornados por la mentira, viven
convencidos de que sólo vale darse
todos los gustos ahora, ya que -según
ellos- nada hay ni viene después
de la muerte. Están ciegos o te ven
demasiado lejos y ausente como para perder
tiempo en buscarte y en escuchar a tu hijo.
Se encierran en su avaricia insaciable.
No quieren descubrir en cada prójimo
un hermano y no les importa atropellar y
pisotear la libertad, la justicia, la dignidad,
ni la vida de quien sea.
Señor,
somos catequistas y nos encontramos con
papás muy al frente de batalla, cansados
y sin ganas de pensar y de rezar, y todas
esas cosas que tú ya sabes. También
las mamás, se sienten arrastradas
por esta correntada en contra, sin poder
hacer pié, y se aturden con novelerías.
Y sus hijos, igual que ellos, perdiendo
la inocencia, robados en su futuro, cortadas
las alas antes de empezar a volar...
Y nosotros también,
entre tanta mentira y maldad, tanta inhumanidad
y desesperanza, sentimos que nos falta fe
y gritamos como tus apóstoles sacudidos
por las olas: "Sálvanos, que nos
hundimos"... Pero tu bendita gracia nos
ayuda a saber dónde estamos parados
y a seguir firmes, caminando sobre las pisadas
de tu hijo.
Por eso, Padre,
te rogamos pongas tu luz en nuestra mente,
tu amor en el alma, tus palabras en los
labios, tu sonrisa en los ojos, tu entusiasmo
y alegría en nuestro empeño,
confiando ciegamente en aquello que Jesús
nos asegura: "No teman: yo los elegí
y destiné a dar frutos. Conmigo podrán
lograr todo lo bueno y verdadero, porque
yo estaré con ustedes hasta las últimas
consecuencias..."
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