Diálogo
  Cat. en la diversidad
  Didascalia
 Tarjetas digitales
 Foros
 Chat por temas
 Libro de visitas
 Mapa del sitio
 Quiénes somos
  Escríbanos
  




Escriba su e-mail
para recibir gratis
los nuevos recursos.

  

Buenas Nuevas es un
sitio católico dedicado
al anuncio del Evangelio.

Director: Marcelo A. Murúa


Home Cursos a distancia RecursosRevistasLibros 
  Ud está en Revistas / Didascalia...

Envíe esta página
a sus conocidos

 

Grabe un archivo Word
de esta página

 

Ver el próximo artículo de Didascalia

 

Conozca la sección Catequesis

 

Comentarios
y sugerencias

 

   


Suscripción a la revista Didascalia

Ud. puede suscribirse y recibir la edición impresa de la revista Didascalia en su domicilio.

Para conocer costos y forma de pago de la suscripción haga click

 

Adviento: Dios viene y obra a través de lo imprevisto

por P. Néstor Gastaldi
Don Bosco 50
2000 Rosario

 

Comenzamos también este año el Adviento, y oramos como las primeras comunidades diciendo "Marana tha", "Ven, Señor Jesús". Rezamos, pero casi diría que nuestra oración se hace gemido, dada la situación de nuestro pueblo y el contexto social desde el cual parte nuestra oración.

Creo que lo primero que conviene recordar y avivar en nosotros, hoy más que nunca, es la convicción de que el Señor quiere venir y obrar en nosotros. Más: es Él quien inspira el deseo de que venga y nos visite. No hace mucho recibí una postal en cuyo reverso se leía más o menos así:

Ojalá no olvidemos esto al comenzar este Adviento. Ojalá que esta convicción haga rejuvenecer nuestra confianza. En este artículo quisiera tratar dos puntos:

-en primer lugar decir algo sobre las características que suele tener la venida y la acción de Dios;

-y en segundo lugar recordar cuáles pueden ser las actitudes nuestras que favorecen y permiten que Dios venga y obre en nosotros. Y esto último sabiendo que la obra de Dios nunca es para nuestro uso y consumo privado. Si Dios obra en nosotros es siempre pensando en las repercusiones que tendrá nuestro crecimiento... en favor de nuestro entorno familiar, comunitario, social, etc.-

 

 

Cómo suele obrar Dios cuando viene

1.- Una de las costumbres que tiene Dios es la de realizar su obra en nosotros a través de la ambigüedad de lo cotidiano, con un ritmo que tiene poco que ver con nuestros esquemas, nuestras impaciencias y nuestras prisas. Porque a veces esperamos la llegada de Dios con la actitud de las cinco jóvenes necias de la parábola (Mt 25). Esperaban la llegada del Novio con un amor demasiado hipotecado por el deseo de la posesión inmediata. Así es como se olvidaron del aceite de repuesto: porque su amor era ansioso, impaciente y posesivo.

Las otras cinco jóvenes, en cambio, no olvidaron el frasco con el aceite de la sabiduría: sabían que el amor auténtico se va gestando y fabricando en la paciencia de cada día, en dejar que el Esposo llegue cuando Él quiera... en anteponer los tiempos y proyectos del Esposo, a la realización de sus propios deseos.

 

2.- El Dios de Jesús es el Dios de la Vida. Un Dios que se manifiesta en el gozo de la existencia: cuando amamos de verdad; cuando nos sentimos queridos; cuando experimentamos la alegría de la fecundidad, de poder construir, ayudar y sentirnos útiles, sin buscar con ello nuestra propia afirmación.

Pero donde más se manifiesta la fuerza de Dios es en la capacidad que tiene para sacar Vida de la Muerte para transformar la muerte en manantial de Vida, ayudándonos a dar sentido positivo a lo negativo. Los maestros de espiritualidad suelen referirse a ciertas situaciones y vivencias que llaman "las pasividades transformantes".

Para comprender de qué se trata hay que remitirse a lo que vivió Jesús en el momento supremo de su Pascua: el Padre hizo surgir la Vida de lo que humanamente no era más que muerte y fracaso. Porque Jesús había concentrado y gastado sus mejores energías de tiempo y de ilusiones juveniles en su Proyecto de anunciar el Reino y de poner sus fundamentos. Lo había hecho a través de la predicación de los signos liberadores que había realizado.

Pero ¿cuál fue la hora decisiva de Jesús y la más eficaz de su Proyecto? La hora pasiva: cuando el Padre le pidió el amor de obediencia: la pasión. Algo que al principio Jesús no había previsto; algo que fue la resultante de la dureza de los acontecimientos. Porque esta pobre tierra nuestra no supo ni pudo soportar la Misericordia y la Gratuidad del Amor de Dios que traía Jesús. Bastaron dos años para que se gestara el conflicto y el rechazo. Y la obediencia de Jesús consistió en no retirarse, en no escapar de la escena. En ser fiel y obediente a sí mismo y a su Proyecto, que coincidía con el de su Padre.

Con esto Jesús nos enseña que el gesto más auténtico y supremo que puede hacer un hombre libre se da en situaoiones-límite como fue la pasión... y se llama "consentimiento": aceptación serena y confiada. Es en esas circunstancias donde se prueba a fondo nuestra libertad.

Por supuesto que esto se hace muy difícil de comprender y de aceptar para nuestra sociedad y cultura, que huye de todo lo que sea frustración, finitud y muerte. Lo oscuro, lo incontrolable lo imprevisible, le produce angustia al hombre de hoy. Para entrar en esa actitud de aceptación serena y confiada que se llama consentimiento se necesita haber descubierto que en la vida todo es Gracia. Se necesita también haber aprendido la desapropiación, el desprendimiento... como una de las leyes básicas que rigen la existencia. Y vivir todo esto sin dramas. Más aún: con paz y alegría.

 

3.- Hay que señalar todavía otra característica de la acción del Dios del Adviento que quiere venir para traernos la salvación: basta recorrer las biografías de los santos. Ellos nos cuentan que en general parece que Dios no tiene apuro y necesita tiempo y corazones disponibles. Sin embargo nos dicen también que Dios a veces es como que acelera su trabajo: el discípulo se encuentra de pronto ante situaciones que exigen "auténticos saltos, renuncias imprevisibles, temporadas de fuerte sufrimiento que cree no poder soportar".

Es el caso por ej. de una enfermedad grave. Se ve que Dios está allí, porque la persona dispone de pronto de energías espirituales desconocidas. Se trata -dicen- de experiencias puntuales. Los frutos de la enfermedad no son permanentes y el proceso espiritual suele regresar a posiciones anteriores. Sin embargo, la experiencia vivida no deja de ser un paso muy importante para el propio crecimiento interior.

 

 

Actitudes que preparan y favorecen la venida de Dios

Conocemos la recomendación de Jesús sobre la vigilancia (Lc 12,42ss) así como aquella otra del "niégate a ti mismo y toma tu cruz cada día" (Lc 9,23). Se han escrito docenas de páginas sobre este tema. Yo quisiera limitarme a señalar y subrayar algunos matices.

1.- El primero se refiere a lo que podríamos llamar: obedecer como Jesús a la realidad. Y esto quiere decir que la calidad, el temple de nuestro amor en el seguimiento de Jesús no se prueba con nuestros planes y programas de ascesis y de mortificación. Se prueba más que nada en los momentos en que nos llega una cruz impuesta y no buscada.

Más de un maestro de espiritualidad piensa que la principal tarea y mortificación del discípulo que se encuentra a mitad del camino consiste en la obediencia a la realidad. ¿Qué sucede con la mayoría de nosotros? Que vivimos alimentando deseos idealistas que tratamos de imponer a Dios y a las cosas. En nuestra vida espiritual todavía hay mucho amor propio.

Necesitamos desprendernos, desapropiarnos, y esto lo hace Dios invitándonos a una escucha permanente y serena de la realidad para vivir y disfrutar la riqueza polivalente que tiene esa realidad en cada momento.

La actitud evangélica de la vigilancia consistiría mucho más en esto que en vivir a base de horarios y programas preestablecidos de perfección. Porque la realidad de la vida nos brinda satisfacciones y momentos muy gratos y gratificantes, "como pueden ser por ej. los encuentros con los seres que amamos, o las vivencias en que nos sentimos útiles y fecundos, porque podemos ayudar a un hermano necesitado...

Pero la vida nos ofrece también con mucha frecuencia renuncias dolorosas desde la partida al cielo de un ser querido vivida como una pérdida hasta los fracasos, enfermedades y achaques, así como los conflictos afectivos y otros acontecimientos imprevistos. A esto hay que sumar la dureza de lo cotidiano, que en ciertos días sentimos con más fuerza. Sin contar las otras limitaciones inherentes a nuestra condición humana como las molestias de la geografía (el frío y el calor, el paso del tiempo, la humedad que nos agobia). Hay épocas en que sentimos más fuerte la dureza de las distancias o de la convivencia así como ciertos olvidos nuestros y de los demás que nos acarrean problemas y pérdidas de tiempo y de energías.

 

2.- La obediencia a la realidad sería una forma y una actitud más bien pasiva de caminar hacia la madurez. Mientras que la actitud activa consistiría en el esfuerzo que el discípulo se exige a sí mismo para alcanzar sus ideales y sus proyectos de servicio. Pero a medida que se va caminando el Espíritu empuja para que lo pasivo y lo activo se vayan unificando en una síntesis superior: el Amor, el Amor teologal. Y lo que más ayuda para lograr esta síntesis es el vivir esos momentos difíciles en que se experimenta el sin-sentido: momentos de aparente pasividad, porque sentimos como que Dios se nos impone. Pero momentos en que tenemos que responder activamente viviendo esas etapas con máxima intensidad: hay que elaborar el sin-sentido. Como decíamos más arriba, es lo que hizo Jesús en su Pasión: no buscó esa "hora de las tinieblas": obedeció aceptándola sin escaparse, con aparente pasividad. Pero, ¿cuánta entrega de amor activo se encerraba en esa obediencia?

 

3.- En lo que venimos diciendo se encierra aquel otro gran criterio o paradoja de la vida espiritual que podemos formular así:

Algo sustantivo de la sabiduría de la vida consiste en descubrir que llevamos dentro de nosotros "una fragilidad que nos hace fuertes" y "una pobreza que nos libera y enriquece". "Cuando me doy cuenta que soy débil es cuando soy fuerte" (2 Cor 12,9-10).

Descubrir la relación grande que tienen nuestros fracasos e impotencias con nuestro crecimiento, cuando no sólo aceptamos la negatividad de la vida, sino que sabemos elaborarla dándole una densidad nueva y sondeando la riqueza que se esconde en ella. ¿Será necesario repetir que todo esto es Gracia?

 

4.- Y va una cuarta observación para terminar: los maestros de espiritualidad suelen hablar también de estar preparados como Jesús para "la hora de Dios". Es la hora escatológica, en la que Dios atropella y permite que se desencadene el poder de las tinieblas. Así se expresa Jesús en Lc 22,53 cuando llegan a Getsemaní para arrestarlo. "Esta es la hora de ustedes, cuando domina la oscuridad".

De esta hora nos han hablado también muchos santos. Y al discípulo de Jesús suele sucederle como a Pedro cuando Jesús le anuncia su destino mesiánico de Cruz. Pedro se escandaliza y quiere disuadirle de marchar a Jerusalén. Jesús lo reprende severamente y permite que Pedro toque fondo con su pecado de miedo y cobardía. No tiene otro camino para despojarlo de su narcisismo religioso, y prepararlo así para que Dios pueda hacer su obra. Prepararlo para que vaya naciendo en Pedro esa fe pascual que lo llevará más tarde a seguir a Jesús hasta la misma muerte.

Copyrigth © Buenasnuevas.com 2003