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El rostro de
la comunidad cristiana de Filipos
Mirándonos
en el espejo de las primeras comunidades
por
AlfredoGarcía
Las cartas de
Pablo nos pueden ayudar en el camino catequístico
de formación en la vida de comunidad,
poniendo en diálogo la experiencia
de las comunidades a las que él se
dirige con la de nuestras comunidades hoy.
Aquí hacemos un ensayo de descripción
del rostro de la comunidad de Filipos a
la luz de la carta del apóstol.
La problemática
religiosa y pastoral
En ningún
lugar encontramos información detallada
de las situaciones internas de la comunidad.
En los Hechos, más bien, encontramos
un estilo de relato de tipo crónica
sintética (Hch 16,12-40). La única
fuente para hacer un perfil religioso y
espiritual de la comunidad es la misma carta
a los Filipenses. Podemos deducir de la
solicitud de Pablo las diversas problemáticas
que atañen a la comunidad.
Fácilmente
se encuentran comentarios sobre Filipos
como una comunidad sin grandes problemas,
como aquella que más satisfacciones
haya dado al Apóstol. Pero las últimas
investigaciones, nos ayudan a tener una
visión más realista que modifica
este cuadro de una comunidad fuerte y sin
problemas. Como acabamos de ver, Filipos
es una comunidad que ha sufrido con la presencia
de un movimiento herético en su mismo
interior ya en los primeros años
de su existencia.
Algo más
sobre la constitución interna de
la comunidad podemos obtener del análisis
de la parte parenética (exhortativa)
de la carta (1,27 - 2,18; 3,1-4.9):
- Una comunidad
amenazada por los enemigos de fuera (1,
27-30).
- Pero antes
está amenazada por la desunión
("eritheia") el egoísmo o ambición
egoística (1,17 - 2,3).
- Que se manifiesta
en: envidia y contiendas con el mismo apóstol
("Pstónos kaiéris" 1,14-18),
vanagloria (kenodoxia 2,3), falta de humildad
("tapeinofrosine" 2,3) y de altruísmo
(2, 4.21).
Aparece entonces
que algunos de la Iglesia de Filipos con
la sobre-estima de sí y la ambición
egoísta ponen en peligro la unidad
de la comunidad.
- Podemos agregar
las luchas de poder entre sus líderes
(Evodia y Síntique) y la desidia
de otros (Scícigo) (4,2-3ª).
En respuesta
a esta situación de la comunidad
resalta de modo brillante el texto de Filipenses
2, 6-11, que incluye el hermoso Himno Cristológico.
Veamos algunos aspectos de ese texto:
Ante todo, Pablo
en sus recomendaciones a los fieles en vistas
de los peligros internos y externos no recurre
a consejos y normas concretos sobre el recto
obrar. En cambio insiste sobre la disposición
interior, sobre el modo de sentir cristiano,
sobre el "recto fronei/n". Este recto sentir
es el fondo sobre el que se mueve toda la
exhortación de Fil 2. Esta Palabra
parece clave en esta carta de Pablo. Fronei/n
aparece, de distintas maneras, 10 veces
en la carta, mientras que sólo 14
veces en el resto del cuerpo paulino. Esta
insistencia nos hace pensar que Pablo está
tratando de corregir en la comunidad un
errado modo de sentir, una equivocada disposición
interior.
Este equivocado
fronei/n, se manifiesta en la conciencia
de los Filipenses de haber llegado a la
perfección. Pablo busca corregir
esta actitud (3,11-17) poniendo de relieve
la condición escatológica
de la vida cristiana (3,11) y proponiéndose
él mismo como ejemplo de un recto
sentir, él mismo se siente "en camino",
de ninguna manera se siente que haya llegado
a la meta. ¿Por qué Pablo subraya
esto? ¿Será que la comunidad
pensaba que él se consideraba así?
Más bien podemos pensar que Pablo
está preocupado por corregir en la
comunidad consecuencias erradas deducidas
de su Evangelio de la libertad respecto
de la Ley (3,9-10).
Parece evidente
que una parte de la comunidad se consideraba
y se comportaba como los "perfectos", entonces
Pablo se incluye en ellos y en la argumentación
apela a su convicción para destacarse
enseguida de ellos, poniendo énfasis
en la recta disposición interior:
"todos los perfectos tengamos estos sentimientos..."
(v.15).
A la luz de estas
consideraciones podemos ver que en la exhortación
de 2, 1-4 la causa de las divisiones se
identifica con la soberbia como disposición
interior, resultante de la conciencia de
los "perfectos". Pero lo más peligroso
para Pablo es que esta mentalidad trae como
consecuencia práctica la negligencia
en el imperativo ético de vivir de
manera coherente con el Evangelio. La insistencia
de Pablo sobre las virtudes puede hacer
pensar que algunos miembros de la Comunidad
pusieran en dudas la validez de ciertas
normas morales comunes.
Otro desafío
a nivel religioso en la comunidad parece
ser una excesiva confianza de frente al
juicio final (1,6.11.28; 2,14.17; 4,5) por
lo cual descuidaban el trabajo y la vigilancia
por la propia salvación (2,12).
Una comunidad
de encarnación
A la luz de la
carta a los Filipenses y el amor de esta
comunidad por Pablo podemos ver a una comunidad
que ha aceptado el evangelio de la encarnación:
Evangelio es una persona concreta, Jesucristo,
que se encarnó, fue muerto y resucitó,
y continúa vivo y presente en las
personas y en las comunidades.
El himno cristológico
(Fil 2, 5-11), como profesión de
una comunidad cristiana, la fe en Jesucristo
encarnado, que asume un lugar social junto
a los esclavos, sin privilegios y marginados.
El Cristo que Pablo ha anunciado a la comunidad
es aquel que revela el Proyecto de Dios
desde el vaciamiento de toda prerrogativa,
honra, dignidad o fama. Es una comunidad
que cree y experimenta en sí misma
que el precio de la evangelización
es la cruz. El evangelio de Pablo en Filipos
es el de un crucificado. La comunidad de
Filipos descubre que en el ser plenamente
humano de Jesús se revela precisamente
el ser de Dios.
Este mismo crucificado
es quien es exaltado, glorificado y a quien
la comunidad reconoce y alaba como su "Kyrios"
(Fil 2,11). El Padre Dios es glorificado
cuando la gente reconoce al Señor
en aquel que se encarnó en las realidades
más dolorosas, hasta la condenación
impuesta a los criminales. Lo más
interesante es que esta conciencia del Evangelio
de Jesús encarnado genera un estilo
de ser en la comunidad lleno de humanidad,
ternura y solidaridad.
Pablo se ofrece
como modelo de todos los que desean vivir
este evangelio de la encarnación:
- se despoja
de todos sus privilegios de "irreprensible
fariseo" (Fil 3,5-6.7-9),
- se siente "en
camino" (Fil 3,10-14),
- acepta las
penas y sufrimientos por hacerse siervo
del Evangelio,
- alentado por
la certeza de la meta de la exaltación
en Cristo Jesús (3, 14).
Así en
medio de un mercado de propuestas religiosas
o filosóficas ofrecidas por predicadores
ambulantes a la medida y gusto de los caprichos,
privilegios e intereses de los oyentes,
los primeros cristianos en Filipos se adhieren
a uno que acaba muriendo en la cruz como
un criminal. La comunidad sufre desde los
inicios la persecución y la cruz
en los azotes de Pablo y Silas (Hch 16,
22-24); y ahora recibe con afecto las orientaciones
de un encarcelado.
Una comunidad
que se encarna a través de la concreta
solidaridad:
- en el apoyo
material a la obra del evangelio, como sacrificio
de suave aroma (Fil 4, 10.17-18),
- haciéndose
presente en las tribulaciones del evangelio
no sólo con bienes, sino con personas:
Epafrodito no solo trae una ayuda sino que
se queda con Pablo arriesgando su vida (Fil
2, 29 -30),
- una comunidad
con dirigentes (epíscopos y diáconos)
que se consideran "siervos" (Fil 1, 1).
Comunidad de
ternura - lucha - solidaridad
En las referencias
a la comunidad de Filipos, tanto en Hechos
como en la carta, se respira un aire de
alegría, de ternura y solidaridad
en medio de la lucha. Algunos autores afirman
que la presencia protagónica de las
mujeres tiene mucho que ver en este colorido
de la comunidad.
Cuando escribe
a los filipenses, Pablo se deja invadir
por una alegría bañada de
esperanza. Rebozan las expresiones de ternura.
En esta comunidad descubrimos un evangelio
acompañado de una profunda afectividad:
- hay un deseo
grande de volver a ver y encontrar a la
comunidad,
- los filipenses
"están en su corazón" (Fil
1,7),
- son sus "amados"
(Fil 2,12),
- "queridos y
añorados hermanos" (Fil 4,1),
- hay preocupación
de unos por otros (Fil 4,18; 2,25-30).
Comunidad orante
El esquema de
Pablo en la carta, que como todas sus cartas
es para ser leída en la reunión
de la asamblea, nos puede ofrecer una imagen
del ritmo orante de la comunidad. Pablo
no sabe escribir sin orar. Podemos pensar:
- en una comunidad
que inicia sus encuentros con la Acción
de Gracias por su camino (Fil 1,5),
- que intercede
por las necesidades (Fil 1, 9-11),
- y se pone en
discernimiento acerca del Proyecto de Dios,
clarificando las situaciones difíciles
y dando valor para la lucha.
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