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Otro mundo es
posible. ¿Quién será
el sujeto capaz de construirlo?
por
Pablo
Richard
Santa
Isabel, 12 de marzo de 2003
Recordada Hermana
Beatriz:
El artículo
de la Hna. Luzovec sobre el Rosario de Luz
me invitó a escribirte contándote
esta experiencia. ¿Por qué?
Porque en estos días hemos vivido
la Misión Parroquial 2003, cuyo objetivo
fue "orar en comunidad con los Misterios
de Luz".
Tenemos la parroquia
dividida en siete barrios, cada cual con
su Santo Patrono y ermita. Las Misioneras
-ocho Hermanas Cooperatrices de Cristo Rey-
visitaban, cada día, las familias
de un barrio; almorzaban en ocho familias
de ese barrio; y por la tarde-noche se hacía
la oración comunitaria, al aire libre
frente a la ermita.
A los asistentes
se les pedían dos cosas: llevar su
silla y un vaso, porque al finalizar, el
barrio ofrecía una cuasi-cena criolla,
es decir, mate cocido y torta frita.
El lema de la
Misión fue -siguiendo la invitación
del Santo Padre- "mirar a Jesús con
los ojos de María". Con una añadidura
muy lógica: "mirar a María
con los ojos de Jesús".
Durante la Misión
nos hemos esforzado por lograr, en algo,
eso: ¡mirar con los ojos de la Madre,
mirar con los ojos del Hijo! Un vano intento,
por supuesto, ya que nuestros pecados nos
enturbian la mirada y borronean las imágenes.
Sin embargo, bien valió -¡y
vale!- el intento. Los fieles participaron
con oración, silencio, canto, reflexión
meditativa; y, al final, con una alegría
íntima y contagiosa, que se leía
en cada rostro. ¡Nadie se apresuraba
por volver a su casa!
Quiero compartir
contigo, Hermana Beatriz, este nuevo horizonte
que nos propone Juan Pablo II, riquísima
nueva veta, venero insondable del Dios Salvador.
Si nos decidiéramos
a usar con sabiduría contemplativa
estas "miradas", creo que podríamos
lograr una profunda evangelización
en nuestras comunidades, y hacer de ellas
"escuelas de oración".
Por milésima
vez estoy recordando las páginas
del Evangelio; pero ahora, con los ojos
del Hijo y con los ojos de la Madre. Y me
quedo admirado, en silencio, frente al Misterio.
¿Es la "docta Ignorantia"? ¿Es
"la Verdad tan antigua y siempre nueva"
-diría Agustín- de la Gracia?
Te resumo: mi
agradecimiento a Juan Pablo II no es por
los Misterios de Luz -que hemos meditado
ya cientos de veces-, sino por habernos
iniciado en las "miradas" de María-Madre
(las mamás, y seguramente los papás,
sacarán provecho inagotable) y de
Jesús-Hijo (¡todos tenemos experiencia
de hijos!). Además, le agradezco
porque van surgiendo otros horizontes, por
ejemplo: ese personaje casi olvidado en
nuestra Catequesis, que se llama José
de Nazaret, ¿cómo miraba a Jesús?,
¿cómo miraba a María?
Un saludo de
hermano. Una profunda Cuaresma. Y, ¡una
buena Pascua!
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