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Líneas
eclesiológicas
por
Hna. Beatriz Casiello
San
Juan 1650
2000
- Rosario
Una vez alguien
me pidió con sencillez: «no
hables de líneas eclesiológicas
porque eso puede dividir»... Me quedé
pensando: y sumar tantas líneas en
un mismo proyecto, puede restar... Pastoralmente,
¿no es necesario profundizar y optar?
Es cuestión elemental de organicidad
y coherencia. Porque dos proyectos pastorales
opuestos o distintos significan, «de
entrada», fuerzas en conflicto, aunque
en las intenciones subjetivas de los agentes,
todos busquemos el Reino de Dios...
Se trata pues
ante todo, de definir y acordar... Y esto
requiere tiempo, oración, paciencia
y discernimiento comunitario. Y todo el
tiempo que esto requiera será parte
indispensable de la misión a realizar,
que no puede «andar a la deriva».
Líneas
eclesiológicas. ¿De qué
se trata?
Cada uno de nosotros
y no sólo los que estamos en un ministerio
eclesial, respondemos a un modo de pensar,
sentir, ver, vivir la Iglesia y trabajar
en ella.
Esto es: respondemos
a una línea eclesiológica.
Línea significa en este caso, el
modo cómo mi pensar, ver, sentir,
lo traduzco en un camino, en un itinerario,
en un modo de vivir mi fe y mi compromiso
cristiano.
Influencias:
Este modo responde, por supuesto, a un tiempo,
una cultura, una tradición, una catequesis...
y también a una personal ubicación
dentro o fuera de estos parámetros.
Así la Iglesia de la cristiandad
respondió a un modo de concebir la
vida en el estilo diseñado en una
época en la que se respondía
de modo unívoco, desde la familia,
la sociedad, la Iglesia...
Pero el telón
de la cristiandad se rasgó con la
Reforma y a partir de allí las cosas
fueron distintas... Y así la Modernidad
instauró el discurso crítico
contra la cristiandad, inventó y
reinventó sin cesar sus valores,
sus normas, sus dioses...
La atomización
paulatina de la sociedad incidió
de modo irreversible en su concepción
religiosa imponiendo el respeto a lo plural,
a lo diverso, a lo estrictamente personal.
La vida eclesial figurada y configurada
vertical y monolíticamente, afianzada
por el poder jerárquico que garantiza
su unidad, no fue ni es ajena al cambio
de paradigmas a los que aludimos. Todos
sabemos que el Vaticano II intentó
un diálogo con el pensamiento moderno,
reflejado en la "Constitución sobre
la Iglesia en el mundo actual" y en la "Declaración
sobre la libertad religiosa".
Sumar tantas
líneas en un mismo proyecto,
puede restar...
Pero las crisis
del período post-conciliar originaron
el resurgimiento de grupos insatisfechos,
que constituyen, según lúcidos
analistas, «variedades católicas
de un fenómeno fundamentalista y
a menudo cismático».
Estrategias pastorales
amparadas en el proyecto de «nueva
evangelización" expresan la tendencia
a retrotraernos a una pastoral de cristiandad,
tendiente a que «todos piensen, estudien,
vivan y asuman lo católico como camino
único para llegar a Dios».
¿Sumar?
¿Pueden
sumarse tendencias, movimientos, modos de
vivir la fe tan dispares y a menudo tan
lejanos al Evangelio? Porque, y no podemos
olvidarlo, «la autoconciencia que cada
grupo tiene de sí mismo, es uno de
los más importantes factores que
explican su conducta y su protagonismo».
Si creo que «sólo
este grupo» o en particular y con preferencia
«éste» es el «querido
por Dios» y sólo «desde
este reducto» y desde estas manifestaciones,
es posible llegar a Él...»¿cómo
se podrá lograr la comunión
eclesial necesaria para la tarea pastoral,
de cualquier índole sea?
Si «mi Dios»
es el que «toma partido por mí
y por los míos» y el don o el
talento del otro constituyen una amenaza
permanente, porque «no entran en mis
esquemas», ¿de qué pastoral
podemos hablar?
Si la voz del
Concilio Vaticano II no halló eco
acá, en mi comunidad, en mi diócesis,
si nos atrincheramos en lo que siempre fue,
si desconfío de lo que el Espíritu
viene diciendo a las Iglesias; si mi comunión
con la Iglesia local, con mi Obispo, es
poco menos que nula, ¿de qué
línea pastoral podemos hablar, sin
caer en la «cáscara verbal»
que nada significa?
El
Vaticano II ("Lumen Gentium"
y "Dignitatis
humanae") intentó un diálogo
con el
pensamiento moderno.
Sumar en estos
casos significa restar.
Restar vida a
lo que la Iglesia hoy necesita y requiere.
Restar crecimiento a las nuevas generaciones
que pugnan aguardando respuestas significativas.
Restar a los jóvenes que desean consagrarse
al ministerio en una Iglesia distinta y
participativa... Restar aliento a quienes
se esfuerzan por lograr una evangelización
nueva en su ardor, en sus métodos,
en su expresión...
Las víctimas
EL Pueblo de
Dios se resiente por esta falta de unidad
y de proyecto.
Iglesia sacramentalista
versus Iglesia evangelizadora,
Iglesia de funcionarios
y funciones, versus Iglesia de profetas
servidores y ministerios,
Iglesia con actividades
pastorales que congrega multitudes, versus
una Iglesia en clave pastoral acompañando
procesos de fe...
¿Puede
esto compaginarse?
Las primeras
víctimas son «los fieles cristianos»
que no alcanzan a ver hacia dónde
vamos o hacia dónde pretendemos orientarlos...
¿Qué
hacer?
En la base hay
un problema teológico. (¿Tendrá
algo que ver la orientación en los
seminarios para la formación del
clero, las escuelas de ministerios, los
seminarios de catequesis?)
¿Creemos
todos en el Dios de Jesús?
¿Creemos
y aceptamos al mismo Jesús?
¿Pertenecemos
todos a la misma Iglesia abierta y servidora
de la humanidad?
De la falta de
unidad y de proyecto
las primeras
víctimas
son "los fieles
cristianos",
que no alcanzan
a ver hacia dónde vamos
o hacia dónde
pretendemos orientarlos...
Puede sonar raro.
Pero tal vez no lo sea, ni nos resulte así,
cuando tocamos de cerca el deterioro y la
superficialidad del ministerio catequístico
arropado en vestidos de primera comunión
o de bodas, y nos preguntamos: ¿cuándo
apostaremos pastoralmente por la formación
de pequeñas comunidades (ajenas a
«despachos» parroquiales) centradas
en la Palabra y alimentadas por ella...?
¿Cuándo empezaremos a creer
en la presencia de Dios en esa Palabra,
compartiendo «la hora santa» de
la reflexión y el discernimiento?
Da mucha pena
el constatar que el pan se nos ha enmohecido
y que la rutina de compartirlo le ha ganado
a la profecía...
Líneas
eclesiológicas claras, definidas,
en permanente revisión, sin exclusiones,
pero sin componendas ni complicidades espúreas.
Sin divisiones,
por supuesto, pero sin sumas que resten
al proyecto consensuado comunitariamente...
Con una «orientación,
que partiendo de un análisis hermenéutico,
de carácter situacional y teológico,
defina y opte por un marco doctrinal, criterios
de acción, políticas, estrategias,
recursos, acordes a dicha orientación...".
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