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Un nuevo año
escolar. Desafíos pastorales
por
Hna. Beatriz Casiello
San
Juan 16500
(2000) Rosario
«Proponer
a Jesucristo no es imponer prematuramente
al joven una elección que constriñe
su voluntad, sino permitirle participar
ya, en la medida de su capacidad, en la
plenitud de alegría y de vida que
son la realidad misma de Dios". (Pablo
VI)
Esbozando criterios:
a) La causa
de Jesús:
A medida que
la fe de la Iglesia profundiza las palabras
de Jesús y procura escudriñar
su misterio, descubre, cada vez con mayor
nitidez que el Reino de Dios es la causa
por la que se comprendió a Sí
mismo y a la que atribuyó el significado
decisivo de su misión. Fue el Reino
el que encendió su extraordinaria
pasión profética.
No era una idea
ni sólo un mensaje, era su experiencia
única, inédita del poder liberador
de Dios que en Él se hacían
definitivamente carne y presencia entre
los hombres: «El tiempo se ha cumplido»
(Mc 1,14). «Si expulso a los demonios
es señal de que el Reino ha llegado
a Ustedes» (Mt 12,28).
El Reino no fue
anuncio de un programa ético que
el hombre puede realizar. Es don de gracia:
«Ha parecido bien al Padre, darles
el Reino» (Lc 12,32).
Pero frente a
la oferta de Dios, el hombre no sólo
espera... Se le pide: «conversión
y fe en el Evangelio» (Cfr. Mc 1,16).
Porque el egoísmo, el pesimismo,
la apatía, deben ceder lugar a la
novedad del Reino... (Cfr. Mc 2,22)
b) La Iglesia
Apostólica
Siguiendo a su
Señor, la Iglesia Apostólica
continuará anunciando su Reino hablando
ya precisamente del Reino de Jesús
(Col 1, 13; Ap 11,15). Porque tiene la convicción
de que el Reino de Dios ya ha llegado en
Jesús y que en su muerte y resurrección,
Dios lo ha constituido: Señor (Hechos
2,36). De este modo, la Iglesia explicitará
al Jesús pre-pascual, ya que en Él
y por Él nos ha llegado el Reino.
Por eso había
invitado a dar la vida, a perderla, por
Él y por el Evangelio (Mc 8,35).
De aquí en más, el proyecto
eclesiológico es claro:
- El anuncio
del Reino ya presente y actuante;
- el apremio
por acogerlo sin demora;
- el abrir espacios
en el corazón de los hombres y de
las sociedades, para que, por la conversión,
sea recibido y aceptado, hasta el punto
de dar la vida por esta causa...
c) La Iglesia
Peregrina:
La Iglesia misionera,
peregrina, itinerante, inserta en historias
y en proyectos, en culturas y sistemas ajenos
y opuestos al proyecto-Reino, sucumbió
muchas veces a sus influencias, olvidó
el sueño de Jesús de Nazaret
y pactó con los poderes de turno.
Pero no faltaron quienes, con lucidez de
profetas y vocación de mártires,
se sumaron a su causa, soñaron y
concretaron «instituciones-espacio»
en las que se pudiera acoger y anunciar
el proyecto de Jesús.
Y así
surgieron las escuelas, para «penetrar
las raíces culturales e impregnarlas
de Evangelio» (EN 20), conscientes
de que «el drama de todas las épocas
ha sido y es, precisamente, la ruptura entre
Evangelio y cultura» (EN ídem).
Y así
surgieron los hospitales y los diversos
ámbitos de contención de todas
las enfermedades y carencias de la humanidad
para ayudar a que la vida triunfe sobre
la muerte y para dar sentido pascual a todas
las muertes del mundo...
Y así
los hogares de huérfanos y carenciados,
para anunciar y patentizar la predilección
de Dios por los más pequeños
(Mt 25,40) para testificar al Cristo del
Reino, el Cristo-Samaritano, que se detiene
ante el sufrimiento de cada hombre y se
hace solidario con él (Cfr. Salvífici
Doloris 29).
... Y las miles
de instituciones que realizan inspiradas
por la fe, el programa mesiánico
de Jesús que «pasó haciendo
el bien» (Hechos 10,38).
Son instituciones
eclesiales no de nombre, sino por identidad,
por misión, por tarea, ya que el
anuncio del Reino constituye «la dicha
y la vocación propia de la Iglesia
y su identidad más profunda... Para
eso existe, para predicar, enseñar
y ser canal del don de gracia» (EN
14).
d) Originalidad
irreductible de la identidad cristiana (CT
58)
Todo este largo
preámbulo, que pudiera resultar un
marco teórico, entiende explicitar
de algún modo y dejar en claro la
identidad de la institución eciesial-escolar.
De no estar claro
este presupuesto, confundida o minus valorada
la identidad institucional (cualquiera fuera)
se corre el mismo riesgo que con cualquier
persona.
Si un ser humano
desconoce, menosprecia, no acepta, cambia
su propia identidad, altera su equilibrio,
padece contradicciones y conflictos, sufre
trastornos, confusión en su manera
de ser y de actuar en sus relaciones, en
sus objetivos...
Cuando una institución
eclesial suma individuos capaces, graduados
en diversas áreas y especialidades
profesionalmente aptos pero que apenas tienen
(o no) conciencia de lo que significa acceder
a un colegio católico, sumar voluntad
y pasión para que el proyecto-Reino,
la utopía, la causa de Jesús,
tenga allí un espacio privilegiado...
nos preguntamos quién es y qué
puede hacer esa persona... ¿O pensamos
que puede ser «religiosamente neutra»?
(GE 8)
¿Hay allí
«firmeza en la propia identidad que
le permita sobreponerse a las vacilaciones,
incertidumbres y desazones del ambiente»?
(CT 56) ¿Cómo, si no, podrá
sumarse a una comunidad evangelizadora?
Por eso, Pablo VI amonestaba el 21 de julio
de 1974:
«Os animamos
vivamente a trabajar para que las escuelas
católicas sean lugares de encuentro
de quienes quieren testimoniar los valores
cristianos en todo el campo de la educación.
Esto exige que los responsables de tales
instituciones puedan elegir su personal
enseñante. Una escuela cristiana
debe tener profesores cristianos y atender
a su permanente formación; es una
cuestión de honestidad frente a los
padres y a los alumnos".
e) Preguntas
que duelen:
Si toda la comunidad
educativa está de algún modo
vinculada a un sistema escolar liberal,
¿cómo hacer para no traicionar
la fuerza innovadora crítica contestataria
del Evangelio, contribuyendo a reforzar
la imagen de una Iglesia comprometida con
el sistema?
- ¿Qué
comunidad testimonial,
qué docentes,
qué catequistas,
qué catequesis
suponen estos «nuevos areópagos»
para comprender la realidad, leerla en profundidad
e insertarse creativamente en esta cultura
globalizada?
- ¿Qué
proyecto pastoral alienta la comunidad?
(No alcanza con la elaboración y
«archivo posterior» del ideario...
)
¿De qué
modo revisamos, corregimos, retomamos cada
día la marcha? ¿Qué métodos
y estrategias alentamos, consensuamos, definimos...
La «búsqueda
permanente» ¿no nos alejó
de modo definitivo de las certezas? (Cfr.
CT 60)...
Podríamos
entrar en otros temas como el tan querido
y debatido de la Catequesis, hoy relegado
por algunas instituciones (¡por razones
económicas!... ) a espacios optativos
donde no se logra discernir si el cristianismo
es anuncio, profecía, experiencia,
testimonio o ideología, cultura ética
y ciudadana o simplemente doctrina...
Tal vez sea inútil
entrar en el debate, cuando en el fondo,
es cuestión de identidades...
Sólo hemos
querido plantear en estas líneas
y cuestionar en parte nuestra identidad
de Colegio Católico, como espacio
para la acogida del Reino, y nuestra identidad
personal, comunitaria, como planteo previo,
eclesiológico, para ulteriores discernimientos...
Creemos que allí
se juega el meollo del problema.
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